Confinada, la familia Solana Rodríguez de Vera, cuenta cómo
Dios actúa en su día a día
La familia Solana Rodríguez de
Vera es una más de las millones que en las últimas semanas están
confinadas en sus casas debido al coronavirus. José (37 años) y María (36) tienen cinco hijos,
Santiago (8 años), Carmen (6), Inmaculada (5), Antonio (3) y Pilar (2), y en apenas un mes llegará un nuevo
miembro de la familia tras un nuevo embarazo muy complicado, pues en
el último tanto madre como hija pudieron haber perdido la vida.
Esta familia perteneciente a la parroquia de Santiago y San Juan
Bautista de Madrid vive su fe en el Camino Neocatecumenal y llevan días preparando con los
niños esta Semana Santa y el Triduo Pascual explicándoles desde su propia
experiencia de vida en la que Dios es lo más importante de su existencia.
En esta entrevista con Religión en Libertad, este matrimonio explica cómo están viviendo este
confinamiento como familia numerosa, las ventajas de vivirlo así aunque
mucha gente les compadece por tener tantos niños y también cómo desde la fe
todos dan sentido a esta situación que vive a España:
-¿Cómo estáis viviendo el
confinamiento una familia tan grande y con un embarazo avanzado?
- De puertas hacia fuera sabemos de primera mano
por el testimonio de hermanos sanitarios, la gravedad de esta enfermedad,
estamos en contacto con personas muy cercanas que han caído enfermas o que han
perdido seres queridos, conocemos
el sufrimiento de la impotencia de quienes ven morir a sus familiares sin poder
acompañarles y tantos otros dramas como la soledad que la sociedad
está viviendo. Ante todo esto nos unimos en oración a toda la familia de la
humanidad que vivimos juntos esta pandemia.
Responder esta pregunta en cambio es enfocar la
mirada dentro de casa y la lectura es muy diferente. Por el confinamiento estamos todos juntos 24 horas,
rezamos juntos, desayunamos juntos, comemos juntos, cenamos juntos, jugamos
juntos, nos enfadamos, discutimos, nos reconciliamos… Vivimos y la
vida es el arma más potente contra la muerte que rodea en este caso al Covid
19. Estamos viviendo el confinamiento agradecidos a Dios por la familia y todo
lo que nos ha regalado.
- Pero seguro que muchos os
preguntarán cómo lo hacéis.
- Así es, parecen incluso compadecerse pensando que nuestra situación es
más complicada por ser una familia grande y ¡es todo lo contrario! Nosotros
rezamos por los que están solos que es el verdadero drama del confinamiento.
María sale de cuentas de nuestro sexto hijo el 31
de mayo y a pesar de las incomodidades propias del final del embarazo estar todos juntos es una
bendición, podemos atenderla y permitir que descanse todo lo que una
casa como esta permite el descanso (risas).
Gracias al prisma del confinamiento en casa, hemos
hecho una lectura optimista de la sociedad ante este acontecimiento: antes del aislamiento teníamos
sobre la mesa la ley de la eutanasia, ahora lloramos por nuestros fallecidos, antes
del aislamiento los encuentros con vecinos en el ascensor eran incómodos, ahora
buscamos espacios para entrar en contacto a través de balcones o patios
interiores. Antes del aislamiento buscábamos aislamiento, con esta situación de
confinamiento buscamos el contacto con las personas.
Ha sido ensalzado el valor de la vida, aplaudimos a los que velan por
protegerla y defenderla, descubrimos que la vida es en tanto en cuanto se
comparte con los demás y se lucha por ella. Nosotros en casa, en familia lo llevamos
bien porque lo vivimos juntos en oración donde está Cristo quién nos mantiene
unidos y contentos.
- Con el padre teletrabajando y la
madre con un embarazo muy avanzado y de riesgo, más cinco niños con el mayor
con menos de nueve años, ¿cómo os organizáis en el día a día para no morir en
el intento?
- Lo mejor es contar un día tal y como es. Por la
mañana yo (José) me levanto y me pongo a trabajar. Soy profesor de Secundaria y hay que preparar apuntes,
explicaciones, presentaciones, vídeos, audios, recursos, tareas… Los
niños se van levantando y van al salón en “silencio” a jugar a algo “tranquilo”
para que María y los pequeños puedan “descansar” un poco por la mañana.
Cuando todos están en pie es hora punta, en ese momento yo hago mi parón.
Desayunamos
todos juntos. Santiago y Carmen, los dos mayores, recogen la mesa del desayuno
y a excepción de Pilar, la más pequeña, todos suben a vestirse, hacer las camas
y recoger las habitaciones, mientras María y yo empezamos el día rezando juntos
laudes, la oración que propone la Iglesia para comenzar bien el día. Esta es la
teoría y lo que realmente ocurre, aunque en honor a la verdad siempre poniendo
orden, dando instrucciones, los niños se pelean, no obedecen siempre, hay
regañinas, hay castigos, llantos, perdones… Rezamos no como monjes trapenses sino como padres de familia
numerosa, con constantes interrupciones, ‘me ha dicho, me ha quitado, me ha
pegado, no me deja, buahhh…’. Pero estamos seguros que Dios suple nuestras
carencias y acepta nuestra oración precaria y le agrada.
Terminada la oración yo tengo que seguir trabajando
frente al ordenador y si lo puedo hacer es porque sobre María recae el peso del
verdadero trabajo: organiza la tarea a mayores y pequeños mientras prepara la
comida y se pelea con la casa. Una vez más esto no es ideal, la música de fondo
es: 'niño obedece, mamá no me dejan en paz, papá qué significa enmarca'. En
todos los vídeos y audios que preparo para mis alumnos sale algún niño de
fondo… Todo nuevamente con
la normalidad propia de una familia numerosa.
El siguiente parón es para comer, que es
maravilloso, porque lo hacemos todos juntos con el follón que corresponde a una
familia numerosa. Los mayores recogen la mesa, los pequeños y María se echan la
siesta y yo subo a seguir trabajando, hasta las 17:30-18:00 cuando desconecto
para pasar la tarde en familia. Las tardes en familia son un ejercicio de la creatividad:
hacemos pulseras, collares, acuarelas, bailamos, hacemos ejercicio físico,
alguna película, sacamos todos los juegos, los volvemos a guardar, nos tiramos
al suelo, hacemos combates… Y de nuevo todo con la normalidad propia de una
familia numerosa.
A las 19:15 nos juntamos por vídeo conferencia con otras familias de la
parroquia y rezamos el rosario online todos juntos, no como
trapenses, sino como familia: Dios te salve María, 'niño no cojas eso', llena
eres de gracia, 'quieres sentarte bien…'. Con la normalidad propia de una
familia numerosa. Después del rosario duchas, pijamas, cenas y a la cama. Damos
gracias a Dios, rezamos por los enfermos, oraciones espontáneas y por fin a
dormir.
- Y cuándo los niños están
dormidos…
-Entonces llega nuestro momento de matrimonio
esencial y maravilloso donde compartimos la lucha del día, cenamos, vemos una
serie…
No morimos en el intento porque en nuestra casa en medio de todo:
trabajos, comidas, juegos… está Dios, o tratamos de que Dios presida cada
momento, o mejor dicho que nos organice cada momento, parón para laudes,
parón para rosario en familia, inicio y final del día agradeciendo y pidiendo a
Dios consuelo y auxilio… No como monjes trapenses, insisto, sino entremezclando
la normalidad de la vida de una familia numerosa, y esta vida estoy seguro, es
oración permanente, que nos sostiene y fortalece.
- ¿Cómo os estáis preparando estos
días para el Triduo Pascual y cómo lo están haciendo los niños?
-Es difícil no haberse preparado para el Triduo Pascual con esta
cuarentena que no por casualidad ha coincidido con la Cuaresma. Ayuno, limosna
y oración son las armas que propone la Iglesia en este tiempo y son las que
hemos intentado empuñar adaptadas a este tiempo de confinamiento. A parte de
nuestras oraciones normales, con los niños rezamos el Rosario en familia, como
te comentamos antes, y en
estos últimos días les transmitimos la alegría de la llegada de la Pascua,
con las catequesis de las cuatro noches (la creación, el sacrificio de Abraham,
la salida de Egipto y la resurrección de Jesucristo) que se narra en la Vigilia
Pascual, el Vía Crucis adaptado y vivido online con otros niños de la
comunidad, laudes online con toda la parroquia, ensayamos los cantos de la
celebración de la Pascua… En definitiva prácticas en las que ellos se sienten
protagonistas de la Fiesta que estamos esperando celebrar todo el año como
centro de la vida del cristiano.
- Y a lo largo del resto del año,
¿cómo vive la fe vuestra familia y se la transmitís a vuestros hijos?
-Como aportación te diría que todos los domingos
del año, día consagrado al Señor, hacemos una pequeña celebración doméstica, con el rezo de laudes
en familia. Cantamos los salmos, abrimos la biblia leyendo una Palabra y
tratamos de explicársela aterrizada en nuestras vidas. Ellos tienen la
palabra para expresar lo que sienten, sus preocupaciones… y es un momento de
reconciliación, donde afloran los conflictos que han podido surgir durante la
semana. Esto parece muy ideal, pero puedes imaginarte cómo transcurre la
celebración: ‘No tires del mantel, no soples la vela, cállate y escucha, ahora
habla papá, siéntate bien, no pegues a tu hermano…’. Vamos, lo normal en
una familia numerosa.
Es muy importante que descubramos todos, los padres y los hijos, que la
belleza de la celebración no está en la perfección del orden, en la armonía y
la paz del silencio y la escucha, sino en que Cristo ha vencido la muerte, nos ama por
encima de nuestros pecados y nos ha abierto el cielo. Por encima de todo,
aunque sea caótico (unos días más que otros) se celebra y la celebración
continúa por muy mal que se porten o por más impaciencia que mostremos ese día,
porque la familia es el lugar donde uno aprende a sentirse amado por ser quién
es.
- ¿De dónde sacáis como matrimonio
esta fuerza y este alimento para poder fiaros del Señor?
- Toda la entrevista está llena de referencias a
compartir la vida, a vivir los unos por los otros, para dar sentido a la
existencia. Pues la fe
tampoco se puede vivir en soledad. Nosotros vivimos la fe en una comunidad
neocatecumenal, en la que la Eucaristía es el centro, el motor que da
impulso, que sostiene nuestro matrimonio y nuestra vida. Tenemos también
semanalmente una celebración entorno a la Palabra y una convivencia mensual con
los hermanos con los que compartimos la fe. Nos sostenemos unos a otros,
rezamos unos por otros… nos queremos.
Esta pregunta que planteas nos la hizo la Iglesia,
hace 10 años, el día que nos casamos ¿estáis dispuestos a recibir de Dios responsable y amorosamente los
hijos y educarlos según la ley de Cristo y su Iglesia? Respondimos que sí, siendo que
esto no es posible para nadie en sus propias fuerzas. Hace falta tener fe y
para tener fe hay que recibirla como un don, hay que vivirla y debe ser
acompañada, como hacemos entre los hermanos de la comunidad, los catequistas y
los sacerdotes que administran los sacramentos.
Cuando alguien nos pregunta: '¿cómo podéis? Yo
tengo solo dos y no puedo con ellos'. Yo siempre les digo que tenía la sensación de no poder con uno y
luego con dos y luego con tres y así sucesivamente hasta la fecha. Ciertamente
no se pueden dar motivos humanos. No nos fiamos nosotros solos, sino como
miembros de un pueblo, estamos literalmente rodeados de familias numerosas en
medio de esta sociedad actual que mencionas. Es Dios mismo quien ha pensado
esta familia para nosotros y como dice San Pablo: ‘Él que comenzó en ti la obra
buena, Él mismo la llevará a término’. Esta es nuestra fe.
- En el último parto todo fue muy
complicado, donde la vida de María y de vuestra hija pequeña corrió peligro.
Este también tiene sus complicaciones y el próximo mes llega a término: ¿cómo
lo vivís dadas además las circunstancias de los hospitales con el virus?
-Cuando nació Pilar de forma prematura a María le
practicaron una cesárea de urgencia por desprendimiento de placenta. En un momento me encontré solo con
mi mujer en el quirófano sin saber si volvería a verla. Es lo más duro que he
vivido jamás. En esa soledad en plena noche no sabía qué hacer, me
levantaba, me sentaba comenzaba una oración, no sabía qué rezar y lo único que
me salía del corazón era: ‘Señor que yo no puedo solo, que si me has dado esta
familia la necesito a mi lado para sacarla adelante, Señor, no te la lleves,
que no sé hacer coletas’, oraciones sencillas de la vida cotidiana. No sé el
tiempo que transcurrió hasta que una doctora, mi ángel de la guarda, salió para
informarme de la situación. Tenía
una hija de 1200 gramos en una incubadora en la UCI con citomegalovirus
congénito y mi mujer estaba en quirófano recibiendo por transfusión un litro de
sangre.
Puede parecer una situación dramática, pero yo
tenía el corazón lleno de alegría, estaban vivas y yo me sentía caminando por
encima de la muerte. Cómo respuesta a mi oración en el hospital, leyendo un día
el Génesis cuando Dios habla a Adán y le dice te doy a Eva como ayuda, entendí
en primera persona que la ayuda que Adán recibe es ayuda para vivir, de la
misma manera que yo he recibido a María como ayuda para vivir. Porque la vida si no se
comparte no se entiende, no se vive. Lo que hemos dicho en la primera
pregunta y que la sociedad está experimentando este tiempo de aislamiento.
Después de un mes ingresados en el hospital nos
mandaron a casa. Pilar seguía un tratamiento antiviral que le producía
neutropenia severa, tenía el sistema inmunológico muy vulnerable y no debía
coger ninguna infección ¿Cómo
se hace eso en una casa con otros cuatro niños cada dos por tres con
bronquilotis, otitis, faringitis…itis? Pues tuvimos que pasar nuestro propio
confinamiento autoimpuesto. Pilar estaba en una habitación aislada y cada
vez que lloraba entraba en su cuarto, me desinfectaba, me cambiaba de ropa, la
atendía y al salir me volvía a cambiar para evitar cualquier contagio…
Tenemos la experiencia de que en todo este tiempo nos sostuvo la oración
de mucha gente, especialmente de nuestra comunidad neocatecumenal en la que vivimos
nuestra fe. Este acontecimiento que aparentemente era de muerte lo afrontamos
con ánimo y alegría, lo recordamos con cariño por la certeza de haber visto el
paso de Dios en nuestra vida.
Es por eso que, aunque en este nuevo embarazo María tiene placenta previa y le harán
una cesárea programada, la experiencia vivida nos ayuda a no caer en la
angustia. Te mentiría si no te dijese que estamos preocupados, pero la
realidad es que el nacimiento de Pilar, ha sido un sello de actuación de Dios
en nuestro matrimonio, en nuestra familia y si Dios acontece todo se llena de
sentido. Lo vivimos con el miedo natural humano, pero confiados en Su
Providencia.
Javier Lozano
Fuente: ReL
