Inesperado
-¡Voy
a subir corriendo a mi celda, a ver si me da tiempo!
Sor
Matilde estaba entusiasmada, pero verdaderamente tenía que correr... ¡a penas quedaban
unos minutos para la misa!
-Voy
a por mi tiesto de violetas, que está muy bonito, ¡y creo que es del tamaño
ideal para ponerlo con los relicarios!
Y
es que ayer tuvimos la misa por la tarde; es decir, ya eran las vísperas de
Todos los Santos, por lo que las sacristanas se habían esmerado en adornar la
iglesia. Al pie del altar, varios relicarios señalaban el día, entremezclados
con flores a modo de guirnalda. ¡Y sor Matilde pensó que su plantita quedaría
ahí muy bien!
Los
minutos iban pasando. La organista ya estaba preparada para empezar a tocar...
¡y sor Matilde llegó con su florecilla!
Efectivamente,
es una planta muy bonita. A toda prisa, la sacristana la cogió y fue a ponerla
entre las demás... pero, como no esperaban esta nueva participante, no parecía
haber sitio. Finalmente, tras un momento de duda, la puso en el suelo, ¡justo
en el centro!, y fue corriendo a su sitio, ¡porque empezaba la misa!
Durante
la celebración, yo solo podía sonreír al mirar la plantita. Había llegado por
los pelos... ¡¡pero había conseguido el sitio de honor!!
¿Y
acaso no es eso lo que celebramos hoy?
En
la Iglesia tenemos cientos de santos bien conocidos, pero, cuando lleguemos al
Cielo, ¡encontraremos miles de santos “inesperados”! Como dice el Papa, son
“los santos de la puerta de al lado”.
Quizá
ni ellos mismos se vieron en vida con aureola. Tal vez son ellos los primeros
sorprendidos. Ellos solo se dedicaron a vivir de Cristo, y Él hizo el resto,
poniéndoles en un sitio de honor en su Reino.
Pero,
¡espera!, ¡¡a eso estamos llamados también nosotros!! Como decía un sacerdote
al Señor: “Hacerme santo es un imposible para mi debilidad... pero es un simple
juego para tu misericordia”. Al fin y al cabo, todos los moradores del Cielo
son precisamente eso: ¡pecadores hechos santos!
Hoy
es un día de gran fiesta, pues, tú y yo, y todas las florecitas que el Señor
tiene plantadas, ¡somos una promesa! Él desea llevarnos a su Reino, y darnos un
lugar de honor. ¡Miremos con alegría y esperanza a los que nos han precedido!
Hoy
el reto del amor es dar gracias al Señor por tantas personas buenas que ha
puesto en tu camino y que ya están con Él. Abuelos, padres, consagrados,
amigos... Hoy da gracias por todos esos “ángeles sin alas”, esos santos con
zapatillas de andar por casa que tanto te cuidaron entonces, ¡y siguen
cuidándote ahora! ¡¡Y muchas felicidades en nuestro día!!
VIVE
DE CRISTO
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¡Feliz
día!
Fuente:
Dominicas de Lerma