Esperanza
en el desastre
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
¿Recuerdas
que, hace unos días, realicé una “poda intensiva” a mi bonsai? Como te
comentaba entonces, antes de nada estudié a fondo la cuestión.
En
el manual indicaba que los primeros brotes tardan días en aparecer, y que, pase
lo que pase, en la primera semana no hay que alarmarse por nada. Solo tener
paciencia.
Yo
estaba plenamente dispuesta a ello... pero digamos que las circunstancias no
acompañaron.
Resulta
que, al quitar las hojas, hay que respetar el rabito (pecíolo) de cada una. Así
lo hice. El problema fue que, un par de días después, en un descuido, di un
golpe a la maceta... ¡¡y todos los rabitos cayeron al suelo completamente
secos!!
He
leído bastante sobre el proceso de defoliación. Y te puedo asegurar que este
detalle... no aparecía en ninguno de los libros que he consultado.
“¡¡Con
la poda he matado al arbolito!!”, me dije mientras veía aterrada los palitos
mustios. “¡Esto sí que no tiene remedio, Señor!”
Pero,
bueno, como estábamos en “la semana de no alarmarse por nada”, decidí seguir
cuidando al bonsai como siempre, a pesar de que ya solo veía ramas desnudas y
corteza seca...
Sin
embargo, un par de días más tarde... ¡apareció! Pequeña como la cabeza de un
alfiler, pero ahí estaba, brillante y rebosando vida: ¡la primera yema!
Cada
mañana mi bonsai despierta con yemas nuevas... ¡y ayer se abrió la primera
hoja!
Todo
esto me ha descubierto algo más del amor del Señor. Sí, porque Cristo no solo
nos ama... ¡sino que nos ama con esperanza!
Puede
ser que nosotros, al mirarnos, nos veamos como árboles desnudos, sin grandes
hojas de importancia, o con la corteza algo seca... pero nada de esto hará que
Jesucristo aparte sus cuidados de ti. Él ha llenado tu interior con la savia
más poderosa del mundo, su propio Espíritu.
Cristo
sabe que puedes llegar a dar mucho fruto. Aunque llenemos el suelo con rabitos
resecos, ¡Él sigue a tu lado! ¡Jamás dejará de esperar lo mejor de ti! Y,
créeme, por pequeña que sean tus hojitas, ¡cada una ellas le dará una inmensa
alegría!
Hoy
el reto del amor es amar con esperanza. Te invito a que esta mañana des la mano
a Cristo y consideres que hoy es “el día de no alarmarse por nada”; es decir,
¡no dar a nadie por perdido! ¿Conoces a algún “amargado crónico”, o “desastre
sin remedio”, o...? ¿Y qué harás con personas así? ¿Retirarles el riego de tu
cariño? Hoy, con Jesús, acércate a esa persona con una sonrisa. Sí, la
esperanza requiere tiempo, pero, con amor, ¡todo árbol vuelve a florecer!
¡Feliz día!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
