El
Papa Francisco se reúne con los miembros del Secretariado Episcopal de América
Central (SEDAC), constituido por los miembros de las Conferencias Episcopales
de los seis países de Centro América
El
SEDAC es el primer organismo de comunión episcopal del continente americano. El
actual presidente es Mons. José Luis Escobar Alas, de El Salvador y fue quien
dirigió saludos al Papa Francisco, en nombre de la institución episcopal.
El
Santo Padre comenzó sus palabras valorando la historia, la herencia martirial y
profética de los países centroamericanos. El Papa subraya como el pasado ha
marcado a cada país en la búsqueda de comunión, compromiso y discernimiento a
través del SEDAC y, ahora, insiste, el Espíritu los llama hacia horizontes
nuevos.
“Sentir
con la Iglesia”, inspirados por Mons. Romero
Fruto
profético de la Iglesia Centroamericana es la figura de San Óscar Romero, quien
sigue siendo fuente de inspiración. Por eso, “Apelar a la figura de Romero es
apelar a la santidad y al carácter profético que vive en el ADN de sus Iglesias
particulares”.
Enfatiza
el Papa: “Romero pudo sintonizar y aprender a vivir la Iglesia porque amaba
entrañablemente a quien lo había engendrado en la fe. Sin este amor de entrañas
será muy difícil comprender su historia y conversión, ya que fue este mismo
amor el que lo guió hasta la entrega martirial”.
Amor con sabor a
pueblo
El
Papa insiste en que para Romero “Sentir con la Iglesia” es contemplarla como
pueblo de Dios. Pero esta contemplación implica cultivar el dinamismo de la
escucha y de la cercanía: “el pastor, para buscar y encontrarse con el Señor,
debe aprender y escuchar los latidos de su pueblo, percibir “el olor” de los
hombres y mujeres de hoy hasta quedar impregnado de sus alegrías y esperanzas,
de sus tristezas y angustias (cf. Const. past. Gaudium et spes, 1) y así escudriñar
la Palabra de Dios (cf. Const. dogm. Dei Verbum, 13)”.
Llevar en las entrañas la
entrega de Cristo
Recuerda
el Papa que “La kénosis de Cristo nos recuerda que Dios salva en la historia,
en la vida de cada hombre, que esta es también su propia historia y allí nos
sale al encuentro (cf. S. ÓSCAR ROMERO, Homilía, 7 diciembre 1978). Es
importante, hermanos, que no tengamos miedo de acercarnos y tocar las heridas
de nuestra gente, que también son nuestras heridas, y esto hacerlo al estilo
del Señor”.
La kénosis de Cristo es
joven
El
obispo de Roma remarca en su mensaje, que “los jóvenes son uno de los “lugares
teológicos” en los que el Señor nos da a conocer algunas de sus expectativas y
desafíos para construir el mañana (cf. SÍNODO SOBRE LOS JÓVENES, Doc. final,
64). Con ellos podremos visualizar cómo hacer más visible y creíble el
Evangelio en el mundo que nos toca vivir; ellos son como termómetro para saber
dónde estamos como comunidad y sociedad”.
El
Papa en su mensaje profundiza en la realidad juvenil y advierte que muchos
jóvenes proceden de “Hogares resquebrajados tantas veces por un sistema
económico que no tiene como prioridad las personas y el bien común y que hizo
de la especulación “su paraíso” desde donde seguir “engordando” sin importar a
costa de quién. Así nuestros jóvenes sin hogar, sin familia, sin comunidad, sin
pertenencia, quedan a la intemperie del primer estafador”.
Por
eso llama a los obispos a actuar. A actuar valorizando y siendo misericordiosos
con las personas; a actuar valorizando las propias historias, culturas y
sueños. Por eso los llama a “levantar la voz contra la desertificación
cultural”. Insiste: “En esto también se juega la dignidad: en la autoestima
cultural. Vuestros pueblos no son el “patio trasero” de la sociedad ni de
nadie. Tienen una historia rica que ha de ser asumida, valorada y alentada”.
Agradeció la organización de la Jornada de la Juventud Indígena, como un aporte
a la pluralidad de la Iglesia latinoamericana.
En
este contexto, el Papa, recordó haber visto a una señora, que vestía una mitra
y portaba un cartel que decía: "nosotras las abuelas, también hacemos
lío".
Acoger los migrantes
"Un
llamado al corage". Trabajar por los miles de migrantes, en su mayoría
hombres y mujeres jóvenes, que buscan construir su vida, su familia. Esta tarea
es fundamental para mostrar con obras el amor de Dios a sus hijos. Muchos de
los migrantes son parte de lo que el mundo descarta.
La kénosis de Cristo es
sacerdotal
El
Papa hace un fuerte llamado a los obispos para que sean padres y hermanos de
sus sacerdotes. Como autoridad, su misión es hacer creer a su clero, como
personas, en sus vulnerabilidades. El Papa les pregunta a los obispos: “¿Cuánto
me afecta la vida de mis curas? ¿Cuánto soy capaz de dejarme impactar por lo
que viven, por llorar sus dolores, así como festejar y alegrarme con sus
alegrías?”.
El
Papa sabe que el clero, los sacerdotes están “en la línea de fuego”. Por eso
define la figura del obispo, del pastor: Es importante que el cura encuentre al
padre, al pastor en el que “mirarse” y no al administrador que quiere “pasar
revista de las tropas”. Es fundamental que, con todas las cosas en las que
discrepamos e inclusive los desacuerdos y discusiones que puedan existir (y es
normal y esperable que existan), los curas perciban en el obispo a un hombre
capaz de jugarse y dar la cara por ellos, de sacarlos adelante y ser mano
tendida cuando están empantanados. Un hombre de discernimiento que sepa
orientar y encontrar caminos concretos y transitables en las distintas
encrucijadas de cada historia personal”.
La kénosis de Cristo es
pobre
El
Papa, vuelve en su mensaje sobre los planteamiento de San Óscar Romero, quien
plantea que la fuerza de la Iglesia no puede estar en el apoyo de los poderosos
o de la política, sino que se desprende con nobleza para caminar únicamente
tomada de los brazos del crucificado, que es su verdadera fortaleza. Y esto se
traduce en signos concretos y evidentes, esto nos cuestiona e impulsa a un
examen de conciencia sobre nuestras opciones y prioridades en el uso de los
recursos, influencias y posicionamientos. La pobreza es madre y muro porque
custodia nuestro corazón para que no se deslice en concesiones y compromisos
que debilitan la libertad y parresía a la que el Señor nos llama”.
Manuel
Cubías – Ciudad del Vaticano
Vatican
News
