Demasiado
confiada...
Hola,
buenos días, hoy Joane nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Iba
en dirección a la cocina. Desde donde me encontraba hay que recorrer un pasillo
bastante largo, después girar a la izquierda y caminar otro tramo. Estaba
hablando con dos hermanas, me despedí de ellas mientras empezaba a caminar.
Cuando me di cuenta, estaba a mitad del pasillo con la luz apagada. Si miraba
hacia ellas había luz, pero mis pasos iban hacia un agujero negro.
Fui
consciente, pero me dije: “No pasa nada, me sé el camino de memoria, daré la
luz al final del pasillo”.
Y
así, confiada, seguí caminando. Hasta que, por fin, a mi izquierda se definía
un poco la sombra del comienzo del otro pasillo. Giré y... ¡boom! ¡Ayyyyy, qué
golpe! Era la puerta de un armario que, por supuesto... no conduce a ningún
sitio.
-¿Te
ha pasado algo? -gritaron desde el otro lado del pasillo.
¡Tenía
más vergüenza que dolor! Pero no pude evitar echarme a reír.
Cuántas
veces nos ponemos a caminar por pasillos con la luz apagada, confiados
únicamente en nuestras fuerzas. Caminar de la mano de Cristo supone dejar que
Él ilumine el camino, saber que solos no podemos y que necesitamos de Su luz
para llegar a hacer bien el giro, sin chocarnos, viendo a la persona con la que
estamos.
Para
que se encienda la luz, hay que parar primero en el interruptor y dejar que Él
nos diga cómo caminar, cómo ser sus instrumentos, cómo ver de verdad a la
persona con la que hablamos.
Hoy
el reto del amor es que enciendas el interruptor y dejes que Cristo ilumine tus
pasos. Haz una llamada o escribe un whatsapp a esa persona que te necesita,
pero no corras a oscuras por el pasillo; el corazón de esa persona es “terreno
sagrado”: enciende la luz, habla a Jesús de ella, ¿qué tienes que decir? ¿o
tienes que escuchar? Deja que Jesús guíe tus pasos para llevar esperanza.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
