Son
indispensables para muchas personas que confían en su infalibilidad aunque, año
tras año, deban pedir lo mismo al mismo amuleto
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| EllenM - Shutterstock |
Colgarse amuletos, sobre todo en vísperas
de Año Nuevo, es costumbre muy extendida. En algunos de esos objetos se
inscriben fórmulas misteriosas y son utilizados por los no creyentes como
protección contra varias enfermedades, brujería o encantamientos.
Según la Enciclopedia Católica on
line, el primer autor que menciona los amuletos es Plinio (XXX, 4,
19). No se tiene certeza acerca del origen de la palabra, pero se cree que
viene del árabe “hamala”, que significa “portar”, ya que los amuletos siempre
son portados por alguien.
Los pueblos orientales han sido
especialmente adictos a las prácticas de superstición, y su
absorción en el Imperio Romano ocasionó que el uso de amuletos se generalizara
también en Occidente.
Recordamos los relatos -en el
Antiguo Testamento- de las luchas de Moisés para erradicar de las mentes judías
el apego a emblemas de la superstición a los que se habían acostumbrado en
Egipto.
Según evidencia arqueológica,
sabemos que los amuletos fueron muy comunes en las antiguas culturas de las
tierras bíblicas, especialmente entre la gente pagana.
Los amuletos son colgantes u otra clase de objetos mágicos
y/o encantados, usados por la gente para protegerse a sí mismos de energías
negativas, del mal y de lesiones, y también para traer buena suerte.
Junto con otras clases de
talismanes, los amuletos están llegando a ser muy populares en estos días.
De hecho, hay mensajes que
circulan en las redes aconsejando portar ciertos amuletos para arrancar el 2019
“con buen pie” y atraer la buena suerte.
Según las culturas y creencias,
se llevan pulseras, tobilleras o collares. También se colocan en las casas,
autos o lugares de trabajo.
En América Latina son
indispensables para muchas personas que confían en su infalibilidad aunque, año
tras año, deban pedir lo mismo al mismo amuleto.
El famoso “ojo
griego”, de origen islámico pero adoptado en occidentes, se
supone protege contra el mal.
La famosa Cinta
del Señor de Bonfim, muy usada por los católicos
practicantes de Umbanda y Candomblé, debe ser atada con tres nudos bien
apretados. Mientras se va haciendo, se debe pedir un deseo. Si la cinta se cae
sola, sin que la retires, ese deseo será realizado.
La higa representa
una mano cerrada, con el dedo pulgar por debajo del índice. Este surgió en
Italia y representa el órgano sexual femenino. Este símbolo era bastante
utilizado por los etruscos como una señal de fertilidad y erotismo.
No obstante, es el Trébol
de cuatro hojas el amuleto más conocido. Se dice que si
hallas un trébol de cuatro hojas tienes garantizada la suerte y fortuna. Usar
un trébol durante la noche del 31, permite atraer a la suerte…y debe ser
regalado para mayor eficacia.
El cuarzo
rosa nos permite aceptar nuestros errores del pasado y
seguir adelante. Nada mejor que perdonar y soltar para empezar con éxito un
nuevo año.
Y cómo olvidar la sal
gruesa la cual, según los entendidos, protege contra las
energías negativas y simboliza la purificación y renovación de las energías del
cuerpo, así como de los ambientes de una casa.
Siempre que los ídolos y otra
clase de objetos mágicos son mencionados en las Escrituras, la actitud de Dios es
una, de reproche hacia ellos.
Fue durante los tiempos de
apostasía e idolatría cuando los Israelitas copiaron las supersticiones
paganas, incluyendo la práctica de vestir objetos mágicos y/o encantados.
Dios pronunció un severo
reproche a las falsas profetizas de Israel que usaban amuletos. Está en la
Biblia, Ezequiel 13:18, 20 y 21, “Así ha dicho Jehová el Señor: “¡Ay
de aquellas que cosen vendas mágicas para todas las manos, y hacen velos
mágicos para la cabeza de toda edad, para cazar las almas!...” Los amuletos
podemos sustituirlos por signos que elevan los espíritus, y
la Iglesia, si bien prohíbe el uso de amuletos, fomenta la utilización de
emblemas que puedan recordar a sus portadores algo de la doctrina cristiana.
El
pez, la paloma y el ancla, las medallas o reliquias y los sacramentales son símbolos alejados de la magia, la
superstición o el hechizo.
No aseguran bienestar sin
esfuerzo. No se deja todo a la suerte. No hay magia, no se atribuyen poderes
encantados ni resuelven problemas de la nada, solo nos recuerdan la doctrina
cristiana, la fe que profesamos.
De hecho, ¿qué dice la Ley
Canónica sobre los sacramentales? Pues que son
“signos sagrados con los que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se
expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la
Iglesia. Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de
los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida”.
Si sentimos la necesidad de
protección contra el mal y contra poderes demoníacos, Dios
tiene algo mucho mejor para ofrecer que amuletos e ídolos.
Está en la Biblia. Efesios 6:11,
14-17 dice, “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes
contra las asechanzas del diablo. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos
con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el
apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que
podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la
salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios”.
Es preciso tener cuidado de no
usar medallas religiosas y estatuas de una manera supersticiosa. Ninguna
medalla, estatua o artículo religioso tiene ningún poder o suerte conectado con
ella.
El amuleto es una forma de magia
en que se cree que un objeto particular tiene el poder de atraer el bien y
alejar el mal.
Estos son particularmente malos
cuando nos son dados por un adivinador, espiritista, “curandero” o alguna
persona envuelta en lo oculto.
El Maligno puede
tentarnos, pero no nos toca directamente a menos que le abramos la puerta. No
debemos temerle, pero tampoco debemos buscarlo constantemente en los
acontecimientos ordinarios de nuestra vida.
No es buena idea concentrarnos
en los espíritus malos, sino fijar los ojos y la fe en Nuestro Señor y
Salvador, Jesucristo, poniendo nuestra confianza en Dios. Esa es nuestra mejor
opción para encarar el año nuevo.
Macky Arenas
Fuente: Aleteia
