20 PALABRAS PARA MEDITAR LOS MISTERIOS DEL ROSARIO. 2º. MISTERIO LUMINOSO

2. La autorrevelación del Señor en las bodas de Caná

Cuando faltó el vino y estaba María
A ninguno su copa dejó estar vacía
Novios felices y la fe de los doce
Anticipa la hora ¡oh gran Mediadora!

Lo que sucedió en CANÁ, el primer milagro de Je­sús por el que sus discípulos creyeron en Él, se rea­lizó por la intervención de María (cfr. Jn 2, 3-5). Es un milagro muy alegre y revela a la Virgen como una mujer atenta y cariñosa.

No deja que pase algo que podría amargar la fiesta de bodas y procura discre­tamente el bienestar material de todos, como una buena madre. Cuando faltó el vino y estaba María. A ninguno su copa dejó estar vacía.

Los novios pudieron concluir su boda felizmen­te, llevándose el halago extra por el buen vino que sacaron y los discípulos que supieron del milagro creyeron en Jesús. Novios felices y la fe de los doce.

Jesús hace su primer milagro en una fiesta de bo­das. En el Antiguo Testamento Dios mismo utiliza la imagen del amor humano para hablar del amor que le tiene a su pueblo. Imagen que es retomada en el Nuevo Testamento donde se descubre que ese Dios, Jesús, es el Esposo, y la Iglesia es su Esposa. 

La fiesta de bodas que culminará con la comple­ta unión de Dios con su creación, hasta que llegue a ser Dios “todo en todas las cosas” (1 Co 15, 28) ya comenzó... Con la encarnación del Verbo ya se da una perfecta unidad:

Jesús es perfecto Dios y perfecto hombre... El hombre que recibe el bautismo se incorpora real­mente al cuerpo de Cristo y con la gracia que ob­tiene con los otros sacramentos y la lucha personal avanza junto con todos los bautizados “hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conoci­miento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de la plenitud de Cristo” (Ef 4, 13).

Toda la gracia sacramental brota del sacrificio de Cristo en la Cruz. Ahí somos purificados y elevados. El sacrificio de Cristo se anticipó sacramentalmente en el cenáculo y cada vez que se celebra la Misa este mismo sacrificio se hace presente: la verdad de esa fiesta eterna del hombre con Dios se puede to­car. En Caná aparecen elementos que nos hablan ya de la transformación y la purificación: las tinajas de agua que Jesús transformó en vino era el agua que se usaba para la purificación ritual, y Jesús la con­vierte en vino, en “signo y don de la alegría nupcial”.

En la última cena Jesús convierte el vino en su Sangre, en la que está contenida toda su Humani­dad y su Divinidad, toda la fuerza salvadora. “Así como Jesús, ante el ruego de su madre, anticipa simbólicamente su hora y, al mismo tiempo, se re­mite a ella, lo mismo ocurre siempre de nuevo en la Eucaristía: ante la oración de la Iglesia, el Señor anticipa en ella su segunda venida, viene ya, cele­bra ahora la boda con nosotros, nos hace salir de nuestro tiempo lanzándonos hacia aquella ‘hora’” (J. Ratzinger, Jesús de Nazaret I, cap. 8, sección 2, La vid y el vino).

Por eso acudimos a María, para que la realidad de nuestra santidad: nuestra purificación y unión a Cristo se haga más rápido: Anticipa la hora ¡oh gran Mediadora!

Con permiso del autor: Juan Pablo Lira

Fuente: 20 palabras para meditar los misterios del Rosario