2. La autorrevelación del Señor en las bodas de Caná
Cuando faltó el vino y
estaba María
A ninguno su copa dejó
estar vacía
Novios felices y la fe
de los doce
Anticipa la hora ¡oh
gran Mediadora!
Lo que sucedió en CANÁ,
el primer milagro de Jesús por el que sus discípulos creyeron en Él, se realizó
por la intervención de María (cfr. Jn 2, 3-5). Es un milagro muy alegre y
revela a la Virgen como una mujer atenta y cariñosa.
No deja que pase algo
que podría amargar la fiesta de bodas y procura discretamente el bienestar
material de todos, como una buena madre. Cuando faltó el vino y estaba María. A
ninguno su copa dejó estar vacía.
Los novios pudieron
concluir su boda felizmente, llevándose el halago extra por el buen vino que
sacaron y los discípulos que supieron del milagro creyeron en Jesús. Novios
felices y la fe de los doce.
Jesús hace su primer
milagro en una fiesta de bodas. En el Antiguo Testamento Dios mismo utiliza la
imagen del amor humano para hablar del amor que le tiene a su pueblo. Imagen
que es retomada en el Nuevo Testamento donde se descubre que ese Dios, Jesús,
es el Esposo, y la Iglesia es su Esposa.
La fiesta de bodas que
culminará con la completa unión de Dios con su creación, hasta que llegue a
ser Dios “todo en todas las cosas” (1 Co 15, 28) ya comenzó... Con la
encarnación del Verbo ya se da una perfecta unidad:
Jesús es perfecto Dios y
perfecto hombre... El hombre que recibe el bautismo se incorpora realmente al
cuerpo de Cristo y con la gracia que obtiene con los otros sacramentos y la
lucha personal avanza junto con todos los bautizados “hasta que lleguemos todos
a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto,
a la medida de la plenitud de Cristo” (Ef 4, 13).
Toda la gracia
sacramental brota del sacrificio de Cristo en la Cruz. Ahí somos purificados y
elevados. El sacrificio de Cristo se anticipó sacramentalmente en el cenáculo y
cada vez que se celebra la Misa este mismo sacrificio se hace presente: la
verdad de esa fiesta eterna del hombre con Dios se puede tocar. En Caná
aparecen elementos que nos hablan ya de la transformación y la purificación:
las tinajas de agua que Jesús transformó en vino era el agua que se usaba para
la purificación ritual, y Jesús la convierte en vino, en “signo y don de la
alegría nupcial”.
En la última cena Jesús
convierte el vino en su Sangre, en la que está contenida toda su Humanidad y
su Divinidad, toda la fuerza salvadora. “Así como Jesús, ante el ruego de su
madre, anticipa simbólicamente su hora y, al mismo tiempo, se remite a ella,
lo mismo ocurre siempre de nuevo en la Eucaristía: ante la oración de la
Iglesia, el Señor anticipa en ella su segunda venida, viene ya, celebra ahora
la boda con nosotros, nos hace salir de nuestro tiempo lanzándonos hacia
aquella ‘hora’” (J. Ratzinger, Jesús de Nazaret I, cap. 8, sección 2, La vid y
el vino).
Por eso acudimos a
María, para que la realidad de nuestra santidad: nuestra purificación y unión a
Cristo se haga más rápido: Anticipa la hora ¡oh gran Mediadora!
Con permiso del autor: Juan Pablo Lira
Fuente: 20 palabras para meditar los misterios del Rosario