La
mayor alegría del Señor es vernos nacer de nuevo, por eso no se cansa nunca de
regalarnos una nueva oportunidad
El
Santo Padre se reunió con un grupo de asistidos por las obras de caridad de la
Iglesia, en la Catedral de San Pedro y San Pablo en la capital de Estonia. En
un emotivo discurso, el Pontífice recordó que los milagros de Dios operan en
medio de la dificultad, y cuando "la fe no tiene miedo de ponerse en
juego".
El
martes 25 de septiembre, el Papa Francisco llegó a Tallin, capital de Estonia;
tercera y última etapa de su Viaje Apostólico a los Países Bálticos, que
lo ha llevado a visitar también Lituania y Letonia; en el marco de la
celebración de los 100 años de independencia de estas naciones.
En
una intensa jornada de actividades que comenzó temprano con el encuentro del
Pontífice con las autoridades y la sociedad civil, seguido del encuentro
ecuménico con los jóvenes en la Iglesia de San Carlos, el Santo Padre
almorzó en el Convento de las Hermanas Brigidinas.
Posteriormente,
Francisco visitó la Catedral dedicada a los Santos Pedro y Pablo, en donde
lo esperaba un grupo de aproximadamente cien personas asistidas por las Obras
de Caridad de la Iglesia. Allí, fue recibido por el párroco y por la Madre
Superiora de las Misioneras de la Caridad; la congregación fundada por Santa
Teresa de Calcuta; así como por miembros de Cáritas.
El milagro de Dios opera
en la dificultad
Tras
escuchar atentamente el testimonio de dos personas: la situación de dificultad
de una madre con nueve hijos con su esposo en la cárcel; y la amarga
experiencia de un hombre que ha sufrido durante años las consecuencias del
alcoholismo; el Obispo de Roma les agradeció "por haber querido compartir
lo que llevan dentro del corazón"; y se emocionó al escuchar que, en ambos
casos, "Dios, a través de las misioneras de la Caridad les ha cambiado
milagrosamente la vida".
Y
en gratitud a la enorme labor que realizan las Hermanas misioneras, el Papa
afirmó que cuando la fe no tiene miedo de dejar la comodidad, de ponerse en
juego y se anima a salir, "logra transparentar las palabras más hermosas
del Maestro: «Que os améis unos a otros; como yo os he amado» (Jn 13, 34).
Amor que rompe las cadenas que nos aíslan y separan, tendiendo puentes; amor
que nos permite construir una gran familia donde todos podamos sentirnos en
casa, como sucede en este hogar. Amor que sabe de compasión y de
dignidad"; añadió.
El Señor regala siempre
una nueva oportunidad
"La
mayor alegría del Señor es vernos nacer de nuevo, por eso no se cansa nunca de
regalarnos una nueva oportunidad. Por esta razón, son importantes los
lazos, sentir que nos pertenecemos los unos a los otros, que toda vida vale, y
estamos dispuestos a jugárnosla por esto", expresó el Papa.
Al
despedirse, el Pontífice invitó a los presentes a seguir creando lazos.
"Salgan
por los barrios y digan a muchos: Tú y tú eres parte de nuestra familia. Jesús
llamó a los discípulos, y hoy también os llama a cada uno de vosotros, queridos
hermanos, para seguir sembrando y transmitiendo su reino. Él cuenta con
vuestras historias, con vuestras vidas, con vuestras manos para recorrer
la ciudad y compartir lo mismo que vosotros habéis vivido- dijo- animando
a todos a preguntarse si verdaderamente el Señor puede contar con ellos".
Antes
de marcharse, Francisco agradeció a todos "el tiempo que le han
regalado" y pidió que recen por él.
Sofía
Lobos - Ciudad del Vaticano
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