El
Papa anima a los jóvenes estonios a ir al encuentro de Jesús, para encontrar el
amor
“Es
muy lindo estar juntos los que creemos en Jesucristo. Estos encuentros hacen
realidad aquel sueño de Jesús en la última cena: «Que todos sean uno […] para
que el mundo crea» (Jn 17,21)”. Palabras del Papa a los jóvenes en el encuentro
ecuménico en la Iglesia Luterana “Kaarli”
“Si nos atrevemos a salir de nosotros mismos e
ir a las periferias, allí encontraremos a Jesús, porque Jesús nos primerea en
la vida del hermano que sufre y está descartado. Él ya está allí”. El amor no
está muerto, nos llama y nos envía. Pidamos el valor apostólico de llevar el
Evangelio a los demás y de renunciar a hacer de nuestra vida cristiana un museo
de recuerdos. Dejemos que el Espíritu Santo nos haga contemplar la historia en
la clave de Jesús resucitado, así la Iglesia será capaz de seguir adelante
acogiendo en ella las sorpresas del Señor, recuperando su juventud, la alegría
y la belleza de la esposa que va al encuentro del Señor.
Con
estas palabras el Papa anima a los jóvenes estonios a ir al encuentro de Jesús,
para encontrar el amor. Lo dijo ante los jóvenes estonios, en un encuentro
donde estaban presentes entre otros, el arzobispo de la Iglesia evangélica
luterana de Estonia, Urmas Viilma, como también el Presidente del Consejo de
Iglesias de Estonia, arzobispo Andrés Põder, Mons. Philippe Jourdan,
administrador apostólico en Estonia, y demás representantes de las distintas
confesiones cristianas presentes en el país. Tres chicos dieron sus
testimonios, un ortodoxo, un luterano y un católico. A todos ellos, Francisco
les expresó su alegría: “siempre es bueno reunirnos, compartir testimonios de
vida, expresar lo que pensamos y queremos.
Si
nos esforzamos por vernos como peregrinos que hacen el camino juntos, dijo,
aprenderemos a confiar el corazón al compañero de camino sin recelos, sin
desconfianzas, mirando solamente lo que en realidad buscamos: la paz en el
rostro del único Dios. Y como la paz es artesanal, confiarse al otro es también
algo artesanal, y es fuente de felicidad: «Bienaventurados los que trabajan por
la paz» (Mt 5, 9).
Los jóvenes piden alguien
que les comprenda sin juzgarlos
A
los jóvenes les pasa a menudo que los adultos que tienen cerca no saben lo que
quieren o esperan de ellos; o a veces, cuando los ven muy alegres, desconfían;
y si los ven angustiados, relativizan lo que les pasa. “En la consulta previa
al Sínodo, que celebraremos dentro de poco y en el que reflexionaremos sobre
los jóvenes, muchos de vosotros pedís que alguien os acompañe y os comprenda
sin juzgar y que sepa escucharos, como también que responda a vuestros
interrogantes”. Nuestras iglesias cristianas, añadió el Pontífice, y
además todo proceso religioso estructurado institucionalmente, a veces arrastra
estilos donde nos ha sido más fácil hablar, aconsejar y proponer desde nuestra
experiencia, que escuchar, dejarnos interpelar e iluminar desde lo que los
jóvenes viven.
El
Santo Padre les dijo que saben que los jóvenes quieren y esperan ser acompañados
no por un juez inflexible o por un padre temeroso y sobreprotector que crea
dependencia, sino por alguien que no tiene miedo de su propia debilidad y sabe
hacer resplandecer el tesoro que, como recipiente de barro, protege dentro de
sí. Hoy aquí, les dijo, deseo decirles que queremos llorar con ustedes, si
están llorando, acompañar con nuestras palmas y nuestra risa vuestras alegrías,
ayudarlos a vivir el seguimiento del Señor.
Los adultos: debemos
convertirnos
Y
cuando los adultos nos cerramos a una realidad que ya es un hecho, los jóvenes
nos dicen con franqueza: “¿Es que no lo ven?”. Y algunos más valientes se
animan a decir: “¿No perciben que ya nadie les escucha, ni les cree?”. En
verdad, dijo el Pontífice, a nosotros los adultos nos falta convertirnos,
descubrir que para estar a vuestro lado debemos revertir tantas situaciones que
son, en definitiva, las que los alejan.
Sabemos,
afirmó el Papa, en base a lo que han dicho los jóvenes, que muchos chicos “no
nos piden nada porque no nos consideran interlocutores significativos para su
existencia”. Algunos incluso, dijo, piden que los dejemos en paz, sienten
la presencia de la Iglesia como algo molesto y hasta irritante.
Les
indignan los escándalos económicos y sexuales ante los que no ven una firme condena
de parte de la Iglesia, la falta de preparación de los ministros ordenados que
no saben interceptar adecuadamente la vida y la sensibilidad de los jóvenes; el
rol pasivo asignado a los jóvenes dentro de la comunidad cristiana; la
dificultad de la Iglesia para dar cuenta de sus posiciones doctrinales y éticas
frente a la sociedad contemporánea. Estos son algunos de sus reclamos, les dijo
el Papa, y añadió que la Iglesia quiere responder a ellos, queremos, como
ustedes mismos lo expresan, ser una «comunidad transparente, acogedora,
honesta, atractiva, comunicativa, asequible, alegre e interactiva»
Donde está Jesús siempre
hay renovación
Antes
de llegar al escrito del Evangelio que preside este templo, Jesús comienza
haciendo una alabanza al Padre. Lo hace, señaló Francisco, porque se percata de
que los que sí se han dado cuenta, los que entienden el centro de su mensaje y
de su persona, son los pequeños. Al verlos así, reunidos, cantando, “yo me uno
a la voz de Jesús y me admiro, porque ustedes, a pesar de nuestras faltas de
testimonio, siguen descubriendo a Jesús en el seno de nuestras comunidades.
Porque sabemos que donde está Jesús siempre hay renovación, siempre hay
oportunidad para la conversión, para dejar atrás todo lo que nos aparta de él y
de nuestros hermanos. Donde está Jesús la vida siempre tiene sabor a Espíritu
Santo. Vosotros, hoy aquí, sois la actualización de aquella admiración de
Jesús”.
Tras
recordar las palabras de Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y
agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11, 28). El Papa les recordó a los chicos que
debemos decir estas palabras convencidos de que más allá de nuestros límites,
de nuestras divisiones, Jesús sigue siendo la razón de ser para estar aquí.
Sabemos que no hay alivio más grande que dejar que Jesús lleve nuestros
agobios. El Pontífice recordó también las diversas situaciones difíciles que
viven muchos jóvenes, sabemos, dijo, que hay muchos que todavía no conocen a
Jesús y viven en la tristeza y el desconcierto.
Una
famosa cantante estonia hace unos diez años decía en una de sus canciones: «El
amor ha muerto, el amor se ha ido, el amor ya no vive aquí» (KERLI KOIV, El
amor ha muerto). Y son tantos los que hacen esa experiencia: ven que se termina
el amor de sus padres, se disuelve el amor de pareja apenas casados,
experimentan el desamor cuando a nadie le importa que tengan que emigrar a
buscar trabajo o se los mire de reojo por ser extranjeros. “Pareciera que el
amor ha muerto, dijo el Papa, pero nosotros sabemos que no, y tenemos una
palabra que decir, algo que anunciar, con pocos discursos y muchos gestos.
Porque ustedes son la generación de la imagen y de la acción sobre la
especulación, la teoría”.
A
nosotros nos une la fe en Jesús, dijo Francisco, y es él el que está esperando
que lo llevemos a todos los jóvenes que han perdido el sentido de sus vidas.
Aceptemos juntos esa novedad que trae Dios a nuestra vida; esa novedad que nos
empuja a partir una y otra vez, para ir allí donde está la humanidad más
herida. Allí, dijo, donde los hombres, más allá de la apariencia de
superficialidad y conformismo, siguen buscando una respuesta a la pregunta por
el sentido de sus vidas. Pero nunca iremos solos: Dios viene con nosotros; él
no tiene miedo a las periferias, es más, él mismo se hizo periferia. Si nos
atrevemos a salir de nosotros mismos e ir a las periferias, allí lo
encontraremos. El amor no está muerto, nos llama y nos envía. Pidamos el valor
apostólico de llevar el Evangelio a los demás y de renunciar a hacer de nuestra
vida cristiana un museo de recuerdos.
Patricia
Ynestroza-Ciudad del Vaticano
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