Mi
signo
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
A
lo largo de los días de preparativos se acumulaban las decisiones importantes a
tomar. Por ejemplo: “¿Qué vas a grabarte en el anillo?”
Oré
sobre ello, preguntándole al Señor. Lo que muchos graban en la alianza es la
fecha... pero yo sentí muy fuerte grabarme el signo de infinito, porque en mi
vida he experimentado que el amor del Señor es desde siempre y para siempre,
sin fecha, infinito...
Primera
pregunta resuelta, ¡pero quedaban más! Por ejemplo: “¿Qué imagen vas a poner en
tu recordatorio?”
Otra
vez de rodillas ante el Sagrario... Le dije a Jesús que mi ilusión era que en
el recordatorio saliésemos los dos, ¡que seguro que a Él se le ocurría cómo
hacerlo!
Al
cabo de unos días, me vino una imagen a la cabeza. El Cristo de nuestra iglesia
tiene una enorme corona de espinas, y el día de la Profesión a mí me pondrán
una corona de flores... ¿por qué no usar de recordatorio las dos coronas?
Aquella
idea me apasionó, pero el Señor aún me tenía reservada una sorpresa. Cuando
tenía las coronas preparadas, cámara en mano, fui a sacarlas una foto y...
¿sabes qué descubrí?
Las
dos coronas enlazadas forman el signo de infinito.
¡Te
aseguro que se puso un nudo en la garganta! Sentí que aquello era un guiño del
Señor, su particular forma de demostrarme que Él está cuidando de todo, que
tiene pensado hasta el más pequeño detalle.
El
amor de Jesucristo es así de delicado. Actúa, pero sin hacer ruido. Puedes ver
tu vida marcada por un montón de “coincidencias” altamente improbables, pero
que se dieron... o puedes descubrir que, en cada acontecimiento, la mano del
Señor Vivo y Resucitado estaba guiando tus pasos.
Vivir
con ojos de fe supone no sólo vivir confiado, sabiendo que la Persona que más
te ama se está encargando de cuidarte... Significa también estar dispuesto a
encontrarLe. Detrás de cada persona y de cada acontecimiento, se esconde un
mensaje Suyo de amor para ti. ¡No hay casualidad, sino Providencia! Eso
significa que, a cada regalo Suyo, ¡podemos responder con un “gracias”!
Cuando,
finalmente, estuve diseñando los cuadernillos para la ceremonia, quise que la
única imagen que los adornase fuese una greca azul que, sutilmente, dibuja un
signo...
Sí,
mi vida está marcada por el amor infinito, está marcada por Jesucristo.
Hoy
el reto del amor es que, a lo largo del día, alces tus ojos al cielo tres veces
para dar gracias. ¡Cristo está vivo y actúa! Hoy camina pendiente de descubrir
sus Huellas en cada encuentro, en cada “coincidencia...” Y, con el
agradecimiento, ¡se te abrirán los ojos para verle cada vez más! ¡Feliz día!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
