Letonia:
Discurso del Papa Francisco en el Encuentro Ecuménico en la Catedral Evangélica
Luterana de Riga, Letonia, en el marco de su 25° Viaje Apostólico Internacional
a los Países Bálticos.
“La misión hoy nos sigue pidiendo y reclamando
la unidad, es la misión la que nos exige dejar de mirar las heridas del pasado
o toda actitud autorreferencial para centrarnos en la oración del Maestro. Es
la misión la que reclama que la música del evangelio no deje de sonar en
nuestras plazas”, lo dijo el Papa Francisco el lunes 24 de septiembre de 2018,
durante el Encuentro Ecuménico en la Catedral Evangélica Luterana de Riga,
Letonia, en el marco de su 25° Viaje Apostólico Internacional a los Países
Bálticos.
Un ecumenismo vivo
En
su discurso, el Santo Padre resaltó el camino de reconocimiento, colaboración y
amistad entre las diversas iglesias cristianas en tierras letones, que han
logrado generar unidad manteniendo la riqueza y la singularidad que les es
propia. “Me animaría a decir – señaló el Papa – que es ‘un ecumenismo vivo’,
siendo una de las características particulares de Letonia. Sin ninguna duda,
una razón para la esperanza y la acción de gracias”.
Agradeciendo
la acogida en la Catedral Luterana, testimonio de la vida cristiana de la
ciudad, el Pontífice subrayó que, “hoy nos hospeda para que el Espíritu Santo
siga tejiendo artesanalmente lazos de comunión entre nosotros y, así, volvernos
también nosotros artesanos de unidad en nuestros pueblos, haciendo que nuestras
diferencias no se conviertan en división. Dejemos que el Espíritu Santo nos
revista con las armas del diálogo, del entendimiento, de la búsqueda del
reconocimiento mutuo y de la fraternidad”.
No a una fe de “turistas”,
sino de “residentes”
Señalando
que en esta catedral se encuentra uno de los órganos más antiguos de Europa, el
Papa Francisco dijo que este órgano ha sido un instrumento de Dios y de los
hombres para elevar la mirada y el corazón. Hoy es un emblema de esta ciudad y
de esta catedral. Para el “residente” en este lugar significa más que un órgano
monumental, es parte de su vida, de su tradición, de su identidad. En cambio,
para un turista, es lógicamente una pieza más de arte a conocer y fotografiar.
Y ese es uno de los peligros que siempre se corre: pasar de residentes a
turistas. Hacer de aquello que nos identifica una pieza del pasado, una
atracción turística y de museo que recuerda las gestas de antaño, de alto valor
histórico, pero que ha dejado de movilizar el corazón de aquellos que lo
escuchan.
“Con
la fe – afirmó el Santo Padre – nos puede pasar exactamente lo mismo. Podemos
dejar de sentirnos cristianos residentes para volvernos turistas. Es más,
podríamos afirmar que toda nuestra tradición cristiana puede correr la misma
suerte: quedar reducida a una pieza del pasado que, encerrada en las paredes de
nuestros templos, deja de entonar una melodía capaz de movilizar e inspirar la
vida y el corazón de aquellos que la escuchan. Sin embargo, como afirma el
evangelio que hemos escuchado, nuestra fe no es para ocultarla sino para darla
a conocer y hacerla resonar en diferentes ámbitos de la sociedad, para que
todos puedan contemplar su belleza y ser iluminados con su luz.
La música del Evangelio
deja de sonar…
Si
la música del Evangelio – señaló el Pontífice – deja de ejecutarse en nuestra
vida y se convierte en una bella partitura del pasado, dejará de romper las
monotonías asfixiantes que impiden movilizar la esperanza, volviendo así
estériles todos nuestros esfuerzos. Si la música del Evangelio deja de vibrar
en nuestras entrañas, habremos perdido la alegría que brota de la compasión, la
ternura que nace de la confianza, la capacidad de reconciliación que encuentra
su fuente en sabernos siempre perdonados-enviados. Si la música del Evangelio
deja de sonar en nuestras casas, en nuestras plazas, en los trabajos, en la
política y en la economía, habremos apagado la melodía que nos desafiaba a
luchar por la dignidad de todo hombre y mujer, sea cual sea su proveniencia,
encerrándonos en “lo mío”, olvidándonos de “lo nuestro”: la casa común que nos
atañe a todos. Si la música del Evangelio deja de sonar, habremos perdido los
sonidos que conducirán nuestras vidas al cielo, encerrándonos en uno de los
peores males de hoy en día: la soledad y el aislamiento.
Unidad y testimonio
Comentando
el pasaje del Evangelio de San Juan (17, 21), el Papa Francisco precisó que
estas palabras siguen resonando con fuerza en medio nuestro, gracias a Dios. Es
Jesús que antes de su entrega reza al Padre. Es Jesucristo que, mirando de
frente su cruz y la cruz de tantos hermanos nuestros, no deja de implorar al
Padre. “No podemos dejar de reconocer que ciertamente
no son tiempos fáciles, especialmente para muchos hermanos nuestros que hoy
viven en su carne el destierro e inclusive el martirio a causa de la fe. Pero
su testimonio nos lleva a descubrir que el Señor nos sigue llamando e invitando
a vivir el Evangelio con alegría, gratitud y radicalidad”.
Unidad en clave misionera
“La
unidad a la que el Señor nos llama – puntualizó el Papa Francisco – es una
unidad siempre en clave misionera, que nos pide salir y llegar al corazón de
nuestros pueblos y culturas, a la sociedad posmoderna en la que vivimos, «allí
donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas [para] alcanzar con la Palabra
de Jesús los núcleos más profundos del alma de las ciudades» (Exhort. ap.
Evangelii gaudium, 74)”. Lograremos realizar esta misión ecuménica, afirmó el
Pontífice, si nos dejamos empapar por el Espíritu de Jesucristo que es capaz de
«romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo y nos
sorprende siempre con su constante creatividad divina. Cada vez que intentamos
volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio brotan nuevos
caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes,
palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual».
Renato
Martínez – Ciudad del Vaticano
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