En 2017 murieron 20
sacerdotes y religiosas debido a la “emergencia sanitaria”. Ahora, José Luis
Jaimes no consiguió “recursos ni insumos médicos” en Venezuela, y fue llevado a
Colombia donde falleció
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El
compromiso de los sacerdotes venezolanos con su feligresía, en medio de la
grave crisis moral, social, política y económica que afecta al país, no deja
lugar a dudas: sufren los mismos padecimientos de la población y mueren con sus
mismas afecciones. En centros de apostolado es fácil detectar la “deprimente
realidad” que viven muchos de estos hombres consagrados a Dios, tan semejante a
la de sus “humilladas” ovejas.
Tal
vez, por la prudencia y la humildad que los caracteriza, no se conozca a fondo
el nivel de afectación, pero muchos sacerdotes y religiosas están siendo
diezmados por la escasez de medicamentos y las deficiencias del sistema
sanitario. El gobierno de Nicolás Maduro, ha sido incapaz de responder
eficazmente ante las enfermedades que aquejan a la población; y por supuesto,
estos hombres y mujeres de Dios, son tan mortales como el resto, y por tanto,
no escapan de la daga que los apunta sin piedad.
Esta
triste realidad fue ratificada el jueves 5 de abril con el fallecimiento del padre
José Luis Jaimes González, un sacerdote incardinado a la Diócesis de San
Cristóbal (estado Táchira), quien tuvo que “ir a morir a Colombia”, con la
esperanza de mejorar su estado de salud. Su cuadro: problemas de hipertensión,
azúcar y afectación directa del hígado.
Luchó hasta el final
Por
más que el padre José Luis luchó para preservar la vida que Dios le diera, se
convirtió en la enésima víctima de “un mal sistema de gobierno”, según la
denuncia hecha por el propio monseñor Mario Moronta, responsable de esta
iglesia fronteriza, en un mensaje difundido a la red eclesial y allegados de la
iglesia venezolana.
“Hasta
el final, él mismo luchó por su vida (…) Otra víctima de esta crisis
creada por un Gobierno sin humanidad”, expresó en medio del dolor que le
embargaba. Luego, a través de una nota enviada a Aleteia, la iglesia diocesana
ratificó el deceso del sacerdote ante la falta de medicamentos y de una
asistencia médica adecuada.
“Los
sacerdotes somos pueblo y sufrimos los mismos dolores del pueblo*”, dijo
Moronta el 7 de abril, durante la misa exequial en San Antonio del Táchira.
Para describir la dura realidad que como consagrados les toca enfrentar, el
Prelado colocó como ejemplo a su sacerdote, “quien en el padecimiento de
su enfermedad crónica no conseguía en Venezuela los medicamentos ni la atención
médica adecuada”.
Relató
que el padre José Luis Jaimes falleció en un hospital de la ciudad de Cúcuta
(Colombia), a donde tuvo que recurrir para recibir los últimos cuidados
médicos. “*Si Venezuela no viviera esta crisis, el padre José Luis no hubiera
muerto en este momento*”, se lamentó.
“Él
sufrió la misma situación que están viviendo tantas personas del pueblo
venezolano. Hay quienes quieren ocultar la realidad, pero ustedes son
testigos de cómo un sacerdote es víctima un mal sistema de gobierno”,
expresó. “Dios toque el corazón de quienes tienen que tomar decisiones por
el bien del pueblo venezolano”, rezó.
También
agradeció a las personas e instituciones que realizaron gestos de solidaridad
con el padre José Luis Jaimes durante su enfermedad. Finalmente, dirigió
palabras de consuelo a sus familiares exhortándolos a vivir este difícil
momento con fe, comunión y esperanza en Cristo resucitado.
Sufrir lo que la gente
sufre
Recientemente,
monseñor José Luis Azuaje Ayala, presidente de la Conferencia Episcopal
Venezolana, en una entrevista concedida a Nueva Vida Digital, expresó que en el año 2017 fallecieron
20 sacerdotes, algunos como consecuencia de la emergencia sanitaria. “Nosotros
como sacerdotes estamos inmersos en la realidad social, sufrimos lo que la
gente sufre, padecemos las enfermedades que el pueblo padece”, dijo el también
obispo de Barinas y presidente de Cáritas de América Latina y el Caribe.
“Lamentablemente
en Venezuela hemos perdido algunos sacerdotes por falta de medicamentos y de
atención a enfermedades delicadas, como aquellas que necesitan de diálisis. El
año pasado murieron alrededor de 20 sacerdotes y algunas religiosas, no podemos
decir que todas sean por esta causa, pero sí algunos que ya no tienen como
conseguir los hipertensivos o bien otros tipos de medicamentos”, sostuvo
Azuaje.
Ramón Antonio Pérez
Fuente:
Aleteia