La
palabra sin testimonio no tiene fuerza
En
su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa
Marta, el último viernes de enero, Francisco destacó las tres palabras que
indican cómo anunciar a Cristo, siguiendo el ejemplo del Apóstol San Pablo:
hijo, testimonio y maternidad. Porque se es padre cuando se genera en la fe a
alguien diciéndole la verdad
Francisco centró su homilía de la Misa matutina celebrada en la
capilla de la Casa de Santa Marta en la transmisión de la fe. Y lo hizo al
comentar la segunda Carta San Pablo a Timoteo propuesta por la liturgia del día
en que nos muestra al Apóstol dirigiéndose a su discípulo para recordarle “la
fe genuina”.
El Papa
Bergoglio destacó de esta Carta tres palabras que indican cómo debe
ser transmitida la fe, y las palabras son: “hijo”, tal como Pablo llama a
Timoteo, “madre”
y “abuela”
y, en fin, “testimonio”.
En el Apóstol Pablo la locura de
la predicación
El Santo Padre afirmó que Pablo
genera a Timoteo con la “locura de la predicación”, sí puesto que ésta es su
“paternidad”. A la vez que destacó que en la Lectura se habla también de
lágrimas, porque el Apóstol no endulza su anuncio con medias verdades; sino que
lo hace con coraje. Y así Pablo se convierte en padre de Timoteo. Su
predicación – dijo Francisco –
“no puede ser tibia”.
“La
predicación de San Pablo no puede ser tibia”
“La
predicación siempre – permítanme
la palabra – ‘abofetea’,
es un bofetón, un sopapo que te conmueve y te lleva adelante. El mismo Pablo
dice: ‘La locura de la predicación’. Es una locura, porque decir que Dios se ha
hecho hombre y después fue crucificado y después ha resucitado… ¿Qué le dijeron
a Pablo los habitantes de Atenas? ‘Pasado mañana te escucharemos’. Este
pobrecito debería ir al manicomio más que caminar por las calles. Siempre en la
predicación de la fe hay alguna locura. Y la tentación es el falso buen
sentido, esa mediocridad: ‘Pero no, no bromeemos, no es para tanto’…, la fe
tibia”.
La palabra sin testimonio no
tiene fuerza
La segunda palabra de la Lectura es
“testimonio”. Y el Papa
Francisco afirmó que hay que transmitir la fe con el testimonio, que
da fuerza a la palabra. “¡Pero ¡cómo se aman!”, decían las personas a los
primeros discípulos reconociéndolos por esta característica como cristianos.
“Hoy,
en alguna parroquia – en la
suya, no, ¡la suya es una parroquia santa! – pero pensemos en otra. En
alguna parroquia uno va, siente lo que dice éste de aquél, de aquél y de aquél…
En lugar de decir ‘¡cómo se aman!’, vienen ganas de decir: ‘¡Cómo se pelean!
¡Cómo se despellejan!… ¡La lengua es un cuchillo para desollar al otro!’. Y
¿cómo puedes transmitir la fe con un aire tan viciado de chismes, de calumnias?
No. Testimonio. ‘Mira, éste nunca habla mal del otro; éste hace aquella obra de
caridad; éste cuando hay alguien enfermo va a visitarlo, ¿por qué hace así?’.
La curiosidad: ¿Por qué esta persona vive así? Y con el testimonio aparece la
pregunta del por qué allí se transmite la fe, porque tiene fe, porque sigue las
huellas de Jesús”.
El Santo
Padre también subrayó lo mal que hace el contra-testimonio o el mal
testimonio: quita la fe, debilita a la gente.
La Iglesia genera como una madre
Madre, abuela: la maternidad es la tercera
palabra. “La fe se transmite en un vientre materno, el vientre de la Iglesia”–
explicó Francisco –
“porque la Iglesia es madre, la Iglesia es femenina. La maternidad de la
Iglesia se prolonga en la maternidad de la mamá, de la mujer”.
Y
recordó haber conocido en Albania a una religiosa que durante la dictadura
estuvo en la cárcel, pero que cada tanto los guardias la dejaban salir un poco
y ella iba hacia el río, total – pensaban – qué podrá hacer esta pobre. En
cambio – prosiguió diciendo el Papa – ella era astuta y las
mujeres, sabiendo cuándo salía, le llevaban a sus niños y ella los bautizaba a
escondidas con el agua del río. Un hermoso ejemplo, concluyó el Pontífice.
“Yo
me pregunto: las madres, las abuelas, ¿son como estas dos de las que habla
Pablo?: ‘¿También tu abuela Loide y tu madre Eunice’ que han transmitido la fe,
la verdadera fe? Un poco… dice: ‘Pero sí, aprenderá cuando vaya a la catequesis
(al catecismo)’. Pero yo les digo, a mí me causa tristeza cuando veo a los
niños que no saben hacer el signo de la Cruz y en lugar de hacer bien el signo
de la Cruz, saben que deben hacer algo y hacen un dibujo así… porque les falta
la mamá y la abuela que les enseñe esto. Cuántas veces pienso en las cosas que
se enseñan para la preparación al matrimonio, a la recién casada, a la que será
mamá: ¿Se le enseña que debe transmitir la fe?”.
“Pidamos
al Señor – terminó diciendo el Papa – que nos enseñe – como
testigos, como predicadores y también a las mujeres, como madres – a transmitir
la fe”.
María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano
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