¿Qué zapatos llevas hoy?
Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Primero
la gripe, después la tos, y ahora... gastroenteritis... ¡la que se avecina!
Parece ser que, luchar contra los virus en una convivencia tan estrecha, se
hace un poco complicado, o quizá... ¿no tanto?.
Ayer
acompañé a una hermana a preparar la comida de otra de nosotras, que llevaba
todo el día sin poder probar nada a causa de la gastroenteritis.
Sacó
un filete de pollo para pasárselo a la plancha, pelamos unas patatas y las
pusimos a cocer para hacerle un puré. Y, mientras esperábamos a que terminase
la cocción, ella me iba comentando en alto sus pensamientos:
-¿Cómo
podríamos hacer para que le apetezca comer el filete?
La
verdad es que la pobre hermana enferma llevaba todo el día sin tolerar nada de
alimento, y necesitaba comer algo. Sin embargo, a mí no se me ocurría otra cosa
que no fuese freírlo sin más.
Pero,
de pronto:
-¡Ya
lo tengo! Vamos a trocearle el filete y se lo salteamos bien a la plancha,
¡seguro que así le va a entrar mucho mejor! Y encima, a la vista, no le va a
parecer un filete entero. Así tendrá que hacer mucho esfuerzo por comer.
Mientras
le echaba una mano preparando el puré de patata, ella le hizo bien el pollo, se
lo pusimos todo en una bandeja y nos fuimos a llevárselo.
Cuando
llegamos, destapamos los platos que le llevábamos, y le dejamos claro que no
tenía que comer nada más que lo que le apeteciera. Pero es que... ¡no había
lugar a dudas! El puré tenía todas las de perder. Y así fue. Pudo comer todo el
filete troceado, ¡y además le sentó muy bien!
Aquel
gesto de la hermana me hizo pensar mucho. Me di cuenta de que amar es ponerse
en los zapatos del que tenemos al lado. Descubrí cómo llega el amor al otro
cuando se tienen estos gestos, que le hacen más fácil la vida al hermano.
Lo
mismo vemos en Jesús: Él más que nadie se ha puesto en nuestros zapatos, ha
vivido lo mismo que nosotros para que su Amor y su salvación estuvieran
presentes en todos los momentos de nuestra vida.
Hoy
el reto del amor es ponerte en los zapatos del otro y tener un gesto de cariño
que le haga más fácil su circunstancia. Cada persona que se cruza contigo es
una oportunidad para amar, para entregarse, y, sobre todo, para ser feliz.
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de
Lerma
