Castañas quemadas
Hola,
buenos días, hoy Lety nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
El
día año nuevo, es tradición en la Comunidad asar castañas como postre para la
cena. La verdad es que salen buenísimas; este año olía por todo el pasillo...
No
pusimos a cenar y, como era un día de solemnidad, la cena era en la sala, con
sobremesa. Empezamos a compartir... y nadie se acordó de las castañas.
Al
final, una hermana dice:
-Las castañas están en el horno...
Las
trajeron envueltas en papel de periódico y, cuál fue la sorpresa que, como
habían estado demasiado tiempo en el horno, se habían quemado: ¡imposible
quitarles la cáscara!
Esto
me hizo pensar mucho, porque me dije: “Las cosas hay que cuidarlas hasta el
final”. De poco vale hacer unas buenas castañas si luego se acaban quemando.
Y
esto es lo que pasa con el amor: en el momento en que lo das por hecho,
desaparece, se acaba. Porque conviertes el amor en una cosa. Y empiezas a
utilizarlo.
Jesús
siempre cuidaba todo hasta el final. Un día estaba predicando. Ya llevaba
varias horas, y vio que la gente estaba hambrienta y desfallecida. Mandó a
todos sentarse. Preguntó a los discípulos qué tenían, ellos dijeron que unos
panes y unos peces. Se los dieron, Jesús lo bendijo, los repartieron... y, al
final, recogieron todo lo que sobró.
Jesús
cuida todos los detalles, ve a las personas y valora las cosas, por eso pide
que se recoja lo que sobra. Cuando lo que recibimos lo acogemos como un regalo
del Señor, en ese momento lo cuidamos y lo valoramos.
Hoy
el reto del amor es cuidar hasta el final algo que tengas entre manos, algo
sencillo, como puede ser una llamada por teléfono. Al despedirte, dile algo
cariñoso o cercano, o, si invitas a alguien a un café, llévalo tú hasta la
mesa. No busques grandes cosas, acaba bien lo que tienes entre tus manos, verás
qué felicidad te trae.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
