¿Dónde está tu hermano?
Inquirir desde la sabiduría evangélica
El
papa Francisco lanza preguntas constantemente y lo hace también a través de
gestos concretos. ¿El último gesto?: Difundir una postal de fin de año con
una foto de 1945 de las víctimas del
bombardeo nuclear en Nagasaki junto con la frase “el fruto de la guerra”.
En
efecto, los cuatro Evangelios presentan 220 preguntas. “La pregunta es la
comunicación no violenta que no hace callar el otro, sino que relanza el diálogo,
lo involucra y al mismo tiempo lo deja libre”, nos enseña el sacerdote Ermes
Ronchi (07/03/2016, ejercicios a la curia).
¿Dónde está tu hermano?’
Francisco
ha usado en varias ocasiones esta pedagogía evangélica inquirente en sus
discursos y homilías. “Caín, ¿dónde está tu hermano?” preguntó, por ejemplo, el
Papa desde la isla italiana de Lampedusa.
En
2013, el Pontífice en su primera salida fuera del Vaticano visitó ese
cementerio abierto en las aguas del Mediterráneo: un escenario olvidado y
donde nadie venía a llorar a los ahogados de la crisis migratoria. La mayoría
de religión musulmán, especialmente niños y mujeres.
Y
la pregunta que rememora el papa Francisco es la que hace Dios en la Biblia.
Ante el mal causado, Dios inquiere sobre algo que ya conoce: Sabe que Abel, el
hermano de Caín, yacía en el suelo con la cabeza bañada dentro de un charco de
sangre. Pero aun así, preguntó para hacer reflexionar a Caín: ‘¿Dónde está tu
hermano?’.
Jesús suscita muchas
preguntas
Una
pregunta también dirigida a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo. No
sólo a quien mata a su hermano, sino a quien le hiere o ignora. Existen muchas
maneras de atentar contra la vida. De hecho, un error en el trabajo o en la
vida cotidiana puede costar la reputación, la salud, o el empleo del hermano.
Jesús
hace muchas preguntas, memorable la visita que le hace a sus discípulos en el
camino de Emaús ‘¿Qué conversación es esa que os traéis por el camino?’,
preguntó. La ciencia, las organizaciones y las empresas se basan en la
reflexión y el análisis. Los sociólogos, los empresarios, los padres de familia
y los comunicadores deberíamos hacernos y hacer muchas preguntas en la búsqueda
de la verdad.
Preguntar, lenguaje de la
no violencia
Cabe
aquí recordar una historia contada por un líder en una empresa en Colombia. El
jefe de reparto en una fábrica sabía que la producción de la semana se había
perdido porque un empleado había mezclado mal los aditivos químicos.
El
jefe de producción no preparó un regaño para el joven contratado. Invitó al
empleado a conversar sobre lo sucedido. ‘¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué no
funcionó?, preguntó. Él ya sabía lo que no había funcionado tras años de
experiencia. Y formuló varias preguntas durante la búsqueda de la verdad, al
mismo tiempo que ataba cabos para una reflexión esperanzadora de la solución.
Al
final, afinó el discurso: ‘Bueno, nosotros creemos en tus capacidades, si
entendiste tu error, entonces sabes cómo mejorar para que no vuelva a suceder’.
Ese empleado no cometió más el mismo error. Se sentía apreciado. Sabía que
confiaban en él y que el error llegó no por falta de capacidades, sino por
falta de experiencia. Las preguntas magnánimas del jefe de producción fueron
una introspección útil para mejorarse a sí mismo y su misión en la fábrica fue
de apego consciente.
Saber hacer preguntas para
ayudar a los demás
Así,
el mal que pareciera fuera un obstáculo se convirtió en una oportunidad. Una
reflexión madura ayuda a enmendar y deviene en una ocasión para aprender y
crecer. Una pregunta bien formulada en un momento definitivo puede ayudarnos a
ser la mejor versión de nosotros mismos.
Un
líder sabe hacer preguntas a los demás y sabe hacerse preguntas sobre el mundo,
la realidad y sobre el bienestar de las personas que guía. Y las mejores
preguntas (irreverentes, incomodas, desafiantes) son las que nos sacan del área
de confort y causan cambios, revoluciones y desafían el status quo y
nos hacen libres, amorosos y humildes.
La pregunta puede esconder
a Dios en cada cosa
En
síntesis, detrás está la intuición de buscar a Dios en todas las cosas. El
primer papa religioso después de casi dos siglos está formado en la
espiritualidad ignaciana (San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de
Jesús) y está aplicando en su pontificado precisamente este modelo que proviene
de Jesús y que comparte con sus fieles: acercarse a la realidad, analizar el contexto, dialogar con la
experiencia, evaluar a través de la reflexión, vivir orientado a la acción y
ser abiertos siempre a la evaluación.
De
ahí, inquirir para encontrar a Dios en familia, en la amistad, en la vida
profesional y en el trabajo, en los últimos y en los necesitados. Aquí
podríamos relacionar perfectamente cada elemento a las parábolas y mensajes de
Jesús a sus discípulos.
Ary Waldir Ramos Díaz
Fuente:
Aleteia
