El
Papa Francisco recordó la postura de la Iglesia en relación
a la eutanasia al
asegurar que “es siempre ilícita porque propone interrumpir la vida procurando la muerte”
El
Papa hizo esta afirmación en un mensaje al Presidente de la Pontificia Academia
para la Vida, Mons. Vincenzo Paglia así como a los participantes del Encuentro
Regional Europeo World Medical Association, que analiza estos días el
sentido de la vida.
El
Papa aseguró que las preguntas sobre el sentido de la vida terrena “son
cuestiones que han interpelado siempre a la humanidad, pero hoy asumen formas
nuevas por la evolución de las conciencias y de los instrumentos técnicos
hechos realidad gracias al ingenio humano”.
“La
medicina, en efecto, ha desarrollado una mayor capacidad terapéutica, que ha
permitido acabar con muchas enfermedades, mejorar la salud y prolongar el
tiempo de la vida”.
También
es posible “prolongar la vida en condiciones que en el pasado no se podían ni
si quiera imaginar”. Sin embargo, estas intervenciones en el cuerpo humano
“pueden sostener funciones biológicas que sean insuficientes o incluso
sustituirlas, pero esto no equivale a promover la salud”.
Francisco
recuerda que el Papa Pío XII afirmó que “no es obligatorio emplear siempre
todos los medios terapéuticos potencialmente disponibles, y que, en casos
determinados, es lícito abstenerse”.
Por
tanto, “es moralmente lícito renunciar a la aplicación de métodos terapéuticos
o suspenderlos, cuando su intención no corresponde al criterio ético o
humanístico que vendrá definido como ‘proporcionalidad de los cuidados’”.
“Consiente
entonces tomar una decisión que se califica moralmente como renuncia a la ‘obstinación
terapéutica’”.
El
Papa recordó que el Catecismo asegura
que “no se quiere de esta manera procurar la muerte: se acepta no poder
impedirla”. “Esta diferencia de perspectiva devuelve a la humanidad el
acompañamiento de morir, sin abrir justificación a la supresión del vivir”.
“Vemos
bien que no poner en práctica medios desproporcionados o suspender el uso
equivale a evitar la ‘obstinación terapéutica, es decir, realizar una acción
que tiene un significado ético completamente diverso a la eutanasia, que es
siempre ilícita porque propone interrumpir la vida procurando la muerte”.
El
Papa también se muestra consciente de que “para establecer, sea una
intervención médica clínicamente apropiada o efectivamente proporcionada, no es
suficiente aplicar de modo mecánico una regla general”.
Para
ello es necesario poseer un “atento discernimiento que “tenga en cuenta el
objeto moral, las circunstancias
y las intenciones de los sujetos involucrados”.
“La
dimensión personal y relacional de la vida –y del morir mismo, que es siempre
un momento extremo en la vida–, debe tener en la atención y en el
acompañamiento del enfermo un espacio adecuado a la dignidad del ser humano”.
El
Papa destaca que también debe ser el paciente el que “en diálogo con los
médicos evalúe los tratamientos que le son propuestos y juzgue su efectiva
proporcionalidad en las situaciones concretas, renunciando a ella si tal
proporcionalidad faltase”.
Por
otro lado, el Santo Padre denuncia que algunos tratamientos sólo los pueden
pagar aquellos que poseen una gran solvencia económica, algo que es “bien
visible a nivel global comparando los diferentes continentes”.
Además,
invita a “dar amor” “de la manera que le sea propia a cada uno: padre, madre,
hijo, hija hermano o hermana, médico o enfermera”. “Aunque sabemos que no
podemos garantizar siempre la curación de la enfermedad, debemos prestar
atención a la persona que la sufre”.
Francisco
además señala que “la medicina paliativa” “se reviste de una gran importancia
también en el plano cultural, comprometiéndose a combatir todo lo que hace
morir más angustioso y con más sufrimiento, es decir, el dolor y la soledad”.
Los
gobiernos “no pueden renunciar a tutelar a los sujetos involucrados,
defendiendo la fundamental igualdad por la que cada uno es reconocido con el
derecho como ser humano que vive junto a otros en la sociedad”.
Por Álvaro de Juana
Fuente: ACI
