Francisco en
Santa Marta: «No es una fantasía fea, es la realidad. Será el encuentro con
Dios», la sorpresa de la vida eterna
Reflexionar sobre el fin de
la propia vida y sobre el fin de la tierra tiene beneficios. La Iglesia invita
a hacerlo, porque la muerte marca el encuentro con el Señor. Lo recordó el Papa
Francisco durante la homilía de la misa matutina de ayer, 17 de noviembre de
2017, en la capilla de la Casa Santa Marta.
El Pontífice comentó el
Evangelio, según indicó la Radio Vaticana, en el que se describe la vida
cotidiana de los seres humanos antes del diluvio universal: comen, beben,
compran, venden, se casan; pero después llega el día que cambia radicalmente
todo.
El Pontífice subrayó: la
Iglesia, que es madre, quiere que cada uno de nosotros piense en la propia
muerte. Todos nosotros estamos acostumbrados a la normalidad de la vida:
horarios, obligaciones, trabajo, momentos de descanso… Y pensamos que será
siempre así. Pero un día – prosiguió diciendo el Santo Padre – llegará la
llamada de Jesús que nos dirá: “¡Ven!”.
Para algunos esta llamada será
inesperada, para otros después de una larga enfermedad, no lo sabemos. Pero –
añadió Francisco – “¡la llamada llegará!”. Y será una sorpresa. Y después
vendrá la otra sorpresa del Señor: la vida eterna. Por esta razón “la Iglesia
en estos días nos dice: detente un poco, párate a pensar en la muerte”.
El Papa Francisco describió
lo que suele suceder, incluida la participación en el velatorio y el hecho de
ir al cementerio, que se ha vuelto una costumbre social. Se va, se habla con
las demás personas, en algunos casos también se come y se bebe: es “una reunión
más para no pensar”.
“Y hoy la Iglesia, hoy el
Señor, con esa bondad que tiene, nos dice a cada uno de nosotros: “Detente,
párate, no todos los días serán así. No te acostumbres como si esto fuera la
eternidad. Llegará el día en que serás quitado, el otro permanecerá, tú serás
quitada, tú serás quitado”. Es ir con el Señor, pensar que nuestra vida tendrá
un fin. Y esto hace bien”.
El Pontífice explicó que esto
hace bien ante el inicio de una nueva jornada de trabajo, por ejemplo, en que
podemos pensar: “Hoy, quizá, sea el último día, no sé, pero haré bien el
trabajo”. Y así con las relaciones en la familia o cuando vamos a ver al
médico.
“Pensar en la muerte no es
una fantasía mala, es una realidad. Si es mala o no es mala depende de mí, de
cómo pienso yo. Pero que llegará, llegará. Y ahí se producirá el encuentro con
el Señor. Esto será lo hermoso de la muerte. Será el encuentro con el Señor,
será Él el que saldrá al encuentro, será Él el que dirá: “Ven, ven, bendito de
mi Padre, ven conmigo”.
Y ante la llamada del Señor
ya no habrá tiempo para arreglar nuestras cosas. Hacia el final de su reflexión
Francisco refirió lo que un sacerdote le confió recientemente: “El otro día he
encontrado a un sacerdote, de 65 años más o menos, y tenía algo malo, no se
sentía bien… Fue a ver al doctor y me dijo: ‘Mire – después de la visita –
usted tiene esto, ésta es una cosa mala, pero quizá estemos a tiempo de
pararla, haremos esto, si no se detiene haremos esto otro… y si no se detiene…
comenzaremos a caminar y yo lo acompañaré hasta el final’. ¡Bueno aquel médico,
con cuánta dulzura dijo la verdad!”.
Del mismo modo también
nosotros, exhortó el Papa al concluir su homilía, acompañémonos en este camino,
hagamos todo, pero siempre mirando hacia allá, al día en que “el Señor vendrá a
buscarme para ir con Él”.
DOMENICO AGASSO JR.
CIUDAD DEL VATICANO
Fuente: Vatican Insider
