Abriendo el corazón
Hola,
buenos días, hoy Joane nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
A
Sión le quedan apenas unos días para pasar del Noviciado a Comunidad. Hasta
ahora me fijaba en lo que estábamos preparando nosotras para que esté todo a
punto para el viernes, pero este fin de semana he tenido la oportunidad de
cruzarme con muchas monjas solemnes (las que ya viven en Comunidad), y verlas
me ha impactado mucho.
Cada
monja con la que nos cruzamos me sorprende con un gesto hacia ella, un gesto
que habla de acogida, de espera:
Una
pregunta dónde se va a duchar para que ese detalle no quede para el último
momento; otra, al enterarse de que la tendrá de pinche en la cocina, ya le
habla de deliciosos proyectos culinarios en conjunto; otra vaciaba un armario
para hacerle hueco en su puesto de trabajo; otra le ha cedido su magdalena y se
la ha dejado en su lugar de desayuno; la de la celda contigua a la suya ya le
llama "vecina"; otras le explican las ventajas de la situación de su
celda, los trucos más prácticos...
A
mí todo esto me ha llevado a orar sobre la acogida. Acoger, hacer que la otra
persona no se sienta extraña, que pueda ser ella misma, sentirse aceptada como
es y sobre todo... ¡sentirse esperada! Y hay veces que incorporar una persona
nueva puede costar, podemos sentir incluso que nos invade. Cuántos momentos de
acogida tenemos cada día: esa conversación con un amigo a la que llega la
persona inoportuna, tu alumno difícil, la llamada de ese "pesado", esa
persona que acaba de llegar o ésa hacia la que te sale rechazo.
Para
Jesús, nadie fue indiferente. Nadie estorbaba. Su gran corazón tenía y tiene
cabida para todos los que quieran acercarse. Su corazón es bálsamo y descanso.
Es un corazón que te permite ser quien eres, que te permite adentrarte y
descansar en Él.
Hoy
el reto del amor es que le pidas al Señor que te prepare el corazón para la
acogida. Seguro que hoy se te presenta una situación en la que tengas que
acoger a alguien. Haz que esa persona se sienta esperada por ti, se sienta
querida como es. Te sorprenderá ver que, con tu gesto de acogida, abrirás tu
corazón y se sentirá más segura en ti, pudiendo ser ella misma. Abre el
corazón, acoge y descubre.
VIVE
DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
