Condenada a muerte injustamente por supuesta
blasfemia, espera cada día el veredicto final
El 14 de junio de 2009,
Asia Bibi fue encarcelada. Un año después fue condenada a muerte por blasfemia
y, desde 2014, después de dos traslados, se pudre en el fondo de una de las
tres celdas sin ventanas en el corredor de la muerte de la penitenciaría de
Multán, al sur de la provincia de Punjab.
Un año después del
aplazamiento de la apelación por el Tribunal Supremo de Pakistán y de las
amenazas de muerte de 150 muftíes contra cualquiera que ofrezca ayuda a los
“blasfemos”, el caso no ha progresado ni un ápice. El pasado 30 de agosto, Asia
Bibi superaba el umbral de 3.000 días en prisión.
Su familia vive en la
clandestinidad. Lo único que se sabe de ella es a través de su abogado, el
musulmán Saif ul Malook, que la ha estado visitando en los últimos meses.
Afirma que ella está bien y todavía espera su liberación. En cambio, el
Tribunal Supremo parece haberla olvidado, pues aún no se ha decidido resolver
entre la confirmación de la pena capital o su inocencia.
Durante estos 3.000 días,
Asia Bibi nunca ha dejado de rezar y pedir oraciones. En homenaje a esta
cristiana que se ha convertido en un icono para todos los que luchan, en
Pakistán y en el mundo entero, contra todo tipo de violencia en nombre de las
religiones, esta es la
oración que ella misma ha compuesto el año pasado con ocasión
de la Pascua y que la acompaña en su detención:
“Señor resucitado, deja
que tu hija Asia resucite contigo. Rompe mis cadenas, haz que mi corazón se
libere y se eleve más allá de estas rejas, y acompaña mi alma para que esté
cerca de mis seres queridos, y para que permanezca siempre cerca de ti. No me abandones
en el día de la angustia, no me prives de tu presencia. Tú que sufriste la
tortura y la cruz, alivia mi sufrimiento. Estréchame cerca de ti, Señor Jesús.
En el día de tu resurrección, Jesús, quiero rezarte por mis enemigos, por
aquellos que me han herido. Rezo por ellos y te pido que les perdones por el
mal que me han hecho. Te pido, Señor, que levantes todos los obstáculos para
que yo pueda obtener el beneficio de la libertad. Te pido que nos protejas a mí
y a mi familia. Dirijo un llamamiento especial al Santo Padre Francisco para
que me recuerde en sus oraciones”.
Después de ocho años de
sufrimiento, angustia y de esperanzas frustradas, mantengamos firmes nuestras
oraciones y acciones de apoyo a Asia Bibi, porque a través de ella vemos a
todos los cristianos perseguidos que nos sostienen con su sacrificio.
Isabelle Cousturié
Fuente:
Aleteia
