Se
dice que los santos a menudo “vienen de a dos” como en los casos de la Virgen
María y San José, San Pedro y San
Pablo, San Francisco y Santa Clara o los franceses San Luis y Santa Celia
Martin
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| San Juan Pablo II y Madre Teresa en el Ciudad del Vaticano (1983) |
Quizá
la dupla de santos y amigos contemporánea más conocida es la de la Madre Teresa Calcuta
y San Juan Pablo II,
cuyos caminos se entrelazaron muchas veces en el tiempo que la religiosa era
Superiora de las Misioneras de la Caridad y Juan Pablo II era Obispo de Roma.
En
1986, cuando el Papa visitó la casa de la Madre Teresa en el corazón de los
barrios pobres de Calcuta, la Beata llamó a la ocasión “el día más feliz de
mi vida”.
Tras
la llegada del Santo Padre al lugar, la Madre Teresa subió al papamóvil blanco
y besó su anillo, conocido como el anillo del pescador. Luego el Pontífice besó
la frente de la Beata, un saludo que intercambiaban cada vez que se
encontraban.
Después
de un cálido “hola” la Madre Teresa llevó a Juan Pablo II a su hogar llamado
Nirmal Hriday (Sagrado Corazón), que era un hospicio para enfermos, indigentes
y moribundos, que fundó en la década de 1950.
El
material fotográfico de la visita muestra a la religiosa llevando al Papa de la
mano a varias locaciones del hospicio mientras se detenía a abrazar, bendecir y
saludar a los pacientes. También bendijo cuatro cadáveres, entre ellos el de un
niño.
De
acuerdo con informes de la visita proporcionados por la BBC, el Papa Wojtyla
estaba "visiblemente emocionado" por lo visto durante el recorrido
mientras ayudaba a las hermanas a alimentar y cuidar a enfermos y moribundos.
En algunos momentos el Santo Padre estuvo tan sorprendido por lo que veía que
no tenía palabras para responder a la Madre Teresa.
El
entonces Obispo de Roma dio después un breve discurso fuera del hospicio,
llamando al hogar Nirmal Hriday "un lugar que da testimonio de la primacía
del amor".
"Cuando
Jesucristo enseñaba a sus discípulos cómo podían mostrar mejor su amor por Él,
dijo: De cierto os digo que cuanto hicisteis a uno de los más pequeños de estos
mis hermanos, me lo hicieron a mí'. A través de la Madre Teresa y las
Misioneras de la Caridad, y través de muchos otros que han servido aquí, Jesús
ha amado profundamente a las personas que la sociedad considera a menudo 'el
más pequeño de nuestros hermanos'", comentó.
"Nirmal
Hriday proclama la profunda dignidad de toda persona humana. El mimo que se
muestra aquí es testimonio de la certeza de que el valor de un ser humano no se
mide por su utilidad, con la salud o la enfermedad, con la edad, credo o raza.
Nuestra dignidad humana viene de Dios nuestro creador, a cuya imagen fuimos
creados. Ninguna privación o sufrimiento puede quitarnos nunca esa dignidad,
porque siempre somos valiosos a los ojos del Señor”, añadió el Pontífice.
Después
de su discurso, el Papa saludó a la multitud reunida, haciendo una parada
especial para saludar a las sonrientes y cantoras hermanas Misioneras de la
Caridad.
Además
de llamar aquella visita “el día más feliz” de su vida, la Madre Teresa afirmó
que “es una cosa maravillosa para el pueblo, porque su contacto es el contacto
mismo de Cristo". Ambos santos siguieron siendo amigos cercanos y se
visitaron varias veces a lo largo de los años.
Después
de la muerte de Madre Teresa en 1997, San Juan Pablo II decidió no esperar el
periodo de espera de cinco años para abrirse la causa de canonización de la
religiosa. En su beatificación en 2003, el Pontífice polaco alabó el amor de la
Madre Teresa hacia Dios, que se mostró a través de su amor a los pobres.
"Alabemos
al Señor por esta pequeña mujer enamorada de Dios, humilde mensajera del
Evangelio y un benefactora incansable de la humanidad. Honremos a una de las
figuras más importantes de nuestro tiempo. Acojamos su mensaje y sigamos su
ejemplo", resaltó.
Traducido
y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en CNA.
Fuente:
ACI
