Sale por las noches, acompañado de los guardias suizos que colaboran con él fuera de su horario, y lleva ayuda y comida a los indigentes, ancianos, hospicios o comedores e, incluso, ha acompañado alguna vez a algún borracho a casa
Mons.
Konrad Krajewski tiene 53 años y desde el año 2013 cumple una función esencial
en el pontificado del Papa Francisco: es su Limosnero y como tal se encarga de
diversas tareas en las que hace concreto el incansable llamado del Pontífice a
vivir la misericordia.
El
Prelado de origen polaco, informa Radio Vaticano en su edición en portugués, ha
decidido desde hace un tiempo poner su departamento a disposición de los
migrantes que huyen de las regiones que se encuentran en guerra.
Con
esto, explica la emisora, el lugar que le queda para dormir es su oficina en el
Vaticano. Esto, dice el Arzobispo, es un gesto “natural y espontáneo que no
tiene nada de heroico”. “El Evangelio nos enseña a ayudar a quien vive en la
necesidad y la primera necesidad es la vivienda”.
Su
decisión, comenta Radio Vaticano, se generó cuando en septiembre del año 2015
el Santo Padre pidió a toda las parroquias, monasterios y casas de religiosas
acogieran al menos a un refugiado llegado a Roma proveniente de Siria o del
norte de África.
Mons.
Krajewski acoge en su departamento a diversos inmigrantes hasta que logran ser
más independientes y encontrar una vivienda definitiva.
“Hace
algunas semanas llegaron otras familias y, lo más bonito, es que por primera
vez en mi casa, nació una bella niña. Confieso que me siento un poco como un
abuelo, como un tío. Es la vida que
prosigue, don de Dios”, comenta el Prelado.
En
noviembre de 2013, en diálogo con los periodistas, el Arzobispo explicó que la
idea del Papa, cuando lo nombró Limosnero, fue que hiciera lo que él hacía como
Arzobispo de Buenos Aires y salía a las calles a ayudar a los más necesitados.
“No
te sentarás detrás del escritorio. Lo puedes vender. No esperes que la gente
llame a tu puerta, ve a buscarla. Te quiero entre la gente para que lleves mi
caricia a los pobres, a los desheredados, a los últimos”, le dijo Francisco.
"Estos
mis brazos, son limitados. Si los podemos alargar con los brazos de Conrado
podemos tocar a los pobres de toda Italia. Yo no puedo salir, él, sin embargo,
es libre", le dijo el Papa según refirió el Limosnero.
Prefiere
que le llamen Don Conrado como suele llamarse en Italia a los sacerdotes, pese
a ser Arzobispo y contó que el Papa bromeando también le dijo que "cuando
alguien te llame ‘excelencia’ pídele un importe de cinco euros para los
pobres".
"Cada
vez que me ve el Papa, me pregunta si necesito dinero", explicó el
Arzobispo, que relató que el Pontífice suele decir que "una cuenta
corriente es buena cuando está vacía porque se ha donado a los
necesitados".
Entre
las muchas obras de bien que ha realizado este Arzobispo están las duchas
y barbería que el Papa Francisco ordenó instalar en la Plaza de San Pedro para
los sin techo que duermen debajo de las columnas.
En
Lampedusa, Mons. Krajewski compró 1 600 tarjetas telefónicas para los
inmigrantes para que pudieran llamar a casa, ya que con el Santo Padre
coincidió que era eso lo que más necesitaban.
Cada
mañana, relató, se levanta a las 4:30 a.m. e inicia su jornada respondiendo a
las cartas de ayuda que llegan al Vaticano y a las que el mismo Papa entrega al
Limosnero.
Se
encarga de comprobar que las cartas, en las que muchos piden ayuda para pagar
las facturas de la luz o el alquiler, sean verdaderas y a través del párroco de
la zona desde dónde llega la petición se envían las donaciones.
También
sale por las noches, acompañado de los guardias suizos que colaboran con él fuera
de su horario, y lleva ayuda y comida a los indigentes, ancianos, hospicios o
comedores e, incluso, ha acompañado alguna vez a algún borracho a casa.
Uno
de los últimos proyectos en los que ha colaborado ha sido el de “La
Madonnina”, de la Asociación Opera San Luigi Gonzaga “Opera d’Amore”, en
favor de niños con discapacidad.
El
Limosnero ha sido el encargado de llevar la ayuda del Santo Padre a este
proyecto cuya finalidad es facilitar el acceso a la playa a niños con
discapacidad o problemas de movilidad.
Con
ese fin, la Asociación alquila una playa en la costa de Fiumicino, provincia de
Lazio, muy cerca de la ciudad de Roma, para instalar una zona de baño abierta a
todos, pero con unas medidas de accesibilidad especiales para las personas con
dificultades de movimiento.
Fuente:
ACI
