Análisis
de la visita del Papa a Egipto con el profesor Francesc Xavier Marín, filósofo
y experto en cultura, civilización y religión islámica
Prevista
inicialmente para junio y después avanzada a mayo, finalmente la visita del
Papa Francisco a Egipto tiene lugar los días 28-29 de abril de 2017. Tal vez
haya influido en el cambio de fechas la delicada situación de los coptos
después del atentado del 11 de diciembre de 2016 contra la iglesia de San Pedro
y San Pablo, o el comunicado del 19 de febrero pasado en el que Estado Islámico
calificaba a los coptos como su objetivo prioritario en Egipto.
Sea
como sea, el caso es que la oficina de prensa de la Santa Sede hizo público
hace pocas semanas que “El Papa ha aceptado la invitación del presidente de la
República, de los obispos de la Iglesia católica, de su santidad Tawadros II y
del gran imán de la mezquita de al-Azhar, el jeque Ahmed Mohammed al-Tayeb”.
Cuatro invitaciones que confluyen y que representan otros tantos retos para el
Papa Francisco.
¿Qué motiva realmente la
visita?
En
efecto, el mariscal al-Sissi visitó el Vaticano en noviembre de 2013 e invitó
al Papa a viajar a Egipto para conmemorar los 70 años del restablecimiento de
las relaciones entre la Santa Sede y Egipto.
El
Papa deberá hacer frente a los intentos del presidente de la República por
encontrar un reconocimiento en la esfera internacional después del golpe de
estado que encabezó en 2013.
Hace
pocos meses al-Sissi recibió fuertes elogios del presidente Donald Trump por la
dureza con que reprime a la oposición islamista, y confía que su encuentro del
28 de abril con el Papa Francisco le sirva para difundir la imagen de
pacificador de un Estado que con la Primavera Árabe corría el peligro de la
división interna.
La
entrevista en Heliópolis de Francisco con al-Sissi forma parte del protocolo
político, pero la motivación principal de la visita papal es la invitación por
parte de su Beatitud Ibrahim Isaac, patriarca de los coptos católicos.
La
Iglesia católica egipcia es muy reducida en número (apenas 300.000 miembros) y
se caracteriza tanto por una pluralidad de ritos (católicos coptos, siríacos,
melquitas, maronitas, latinos…) como por una fuerte presencia social,
principalmente en los ámbitos de la educación y la salud.
El
encuentro del Papa con la comunidad católica el día 29 en el seminario de
Maadi, así como la eucaristía celebrada en el Estadio de El Cairo,
representarán la oportunidad de reafirmar la urgencia del compromiso social de
los católicos, en un momento en que las reformas económicas del gobierno
penalizan tributariamente los edificios de culto así como las escuelas y los
hospitales que dependen de la iglesia católica.
El encuentro con la
comunidad copta
Sin
embargo, aunque la motivación principal del Papa sea la visita a la reducida
comunidad católica, es más que probable que la atención se centre en los
encuentros con las comunidades copta e islámica. Como es sabido, las relaciones
entre la Santa Sede y la iglesia copta no han sido nunca cómodas. Más allá del
debate estrictamente cristológico generado por el Concilio de Calcedonia sobre
las dos naturalezas de Jesús deben recordarse algunos datos altamente
significativos.
El
primero de ellos es que los 10 millones de coptos egipcios representan la
comunidad cristiana más numerosa en el Próximo Oriente. Es una comunidad
históricamente no afectada por la diáspora y que se ha constituido como la
clave de un debate identitario en el que lo copto se identifica con lo
originariamente egipcio.
Se
trata, sin embargo, de una comunidad cristiana históricamente poco sensible a
la Modernidad, focalizada en una fe dirigida por una clase clerical
omnipresente que ha alentado la idea de que constituyen un grupo con vocación
de martirio.
Este
repliegue intracomunitario fue alentado por el largo pontificado del Papa
Chenuda III (1971-2012), que no sólo provocó fuertes críticas hacia su
autoritarismo y su pretensión de representar al conjunto de las comunidades
coptas, sino también una fuerte connivencia con el régimen autocrático militar,
hecho que les ha generado pocas simpatías por parte del resto de la población
egipcia.
Véanse,
en este sentido, las duras críticas del Papa Chenuda III a los cristianos que
participaban en las protestas de la Primavera Árabe en 2011, acusándoles de
colaborar con los musulmanes liberales en la caída de un régimen dictatorial
que resultaba beneficioso para la comunidad cristiana.
En
diciembre de 2012 Tawadros II sucede a Chenuda como Papa de la iglesia copta.
Goza de un notable prestigio por su apertura teológica, su interés por el
ecumenismo, y por su inicial pretensión de marcar distancias respecto del
régimen militar.
Sin
embargo, si en 2011 las imágenes televisadas de Chenuda prestando apoyo a la
represión de la dictadura contra los manifestantes de la Plaza Tahrir fueron un
duro golpe a los que esperaban que la iglesia copta hiciera un giro hacia
posturas democráticas, no tuvieron menor repercusión las palabras de Tawadros
el 3 de julio de 2013 animando públicamente a un golpe de estado militar que
destituyese al presidente Morsi.
Ciertamente
el Papa Francisco deberá lidiar con una iglesia copta que significativamente
defiende que la dictadura militar es el mejor régimen para los cristianos del
Próximos Oriente.
El Papa devuelve la visita
al imán Ahmed Tayeb
Por
otra parte, el Papa Francisco viaja a Egipto para devolver la visita que en
2016 le hiciera el imán Ahmed Tayeb, jefe de la universidad de al-Azhar y líder
del islam sunita.
Las
relaciones islamo-cristianas estaban fuertemente desgastadas por la
controversia generada por Benedicto XVI cuando en 2006 pareció apuntar en
Ratisbona a una confluencia entre el Islam y la violencia. Debe destacarse que
en los últimos años se ha avanzado significativamente por ambas partes: el
jeque Tayeb firmó en 2016 un convenio de colaboración entre al-Azhar y el
Instituto Católico de Paris, y en febrero de 2017 ha coordinado un seminario de
trabajo sobre el papel del cristianismo y del islam frente al fanatismo
religioso, así como una declaración sobre la convivencia interreligiosa en la
que propone que el Estado avance decididamente en la concesión de plenos
derechos de ciudadanía a los cristianos egipcios.
Por
su parte, el Papa Francisco ha explicitado desde el primer momento un interés
especial en fortalecer las relaciones con el Islam: en mayo de 2014 visitó
Jordania y Palestina y en 2017 se ha entrevistado con los representantes del
Islam italiano, con el presidente Rohani de Irán, así como con los representantes
islámicos del diálogo interreligioso de Argelia, Bahrein, Indonesia, Irak,
Jordania y Siria.
El
Papa visita Egipto con la cuádruple invitación de unas comunidades con sus
propios retos internos.
La
divisa del viaje es “El Papa de la Paz en el Egipto de la Paz”. Un lema que
cada comunidad interpreta de manera distinta: el presidente al-Sissi quiere
presentarse ante la opinión pública mundial como el garante de un Egipto
pacificado a través de la represión pero como un potente aliado en la
geoestrategia internacional.
El
Patriarca Ibrahim Isaac entiende que un Egipto en paz pasa también por la
significativa presencia de los coptos católicos en los sectores estratégicos de
la educación y la salud.
El
Papa Tawadros debe lidiar con los cristianos coptos que le acusan de
complicidad con el régimen autocrático así como con las campañas terroristas de
Estado Islámico.
El
jeque al-Tayeb, por su parte, espera de la visita del Papa Francisco un apoyo
decidido para convertir Egipto en el laboratorio del debate sobre la violencia
justificada con categorías religiosas.
Francesc Xavier Marín es
doctor en Filosofía, diplomado en Ciencias de la Religión y experto profesional
en cultura, civilización y religión islámicas. Es profesor de la Universitat
Ramón Llull (www.url.edu) y de los institutos Superiores de Ciencias de la
Religión de Barcelona y de Vic. Además, forma parte del Consejo Asesor para la
Diversidad Religiosa de la Generalitat de Cataluña y es profesor del Posgrado
en Comunicación y Religión en la Era Digital del Observatorio Blanquerna (www.obsblanquerna.com)
Miriam Díez Bosch
Fuente:
Aleteia
