La que reconcilia
Una
inmensa mayoría de los bautizados no asiste a misa los domingos y, sin embargo,
se sigue considerando católica, miembros de la Iglesia porque cumplen
con la tradición de bautizar, confirmar y dar la Primera Comunión a sus hijos y
porque, esporádicamente, van al templo a alguna celebración o cumplen con algún
compromiso de religiosidad popular. Estas personas no se dan cuenta de que
han abandonado su Iglesia, ni es su intención hacerlo.
Hay
otros a los que les gusta tomar conciencia de sus actos y definir su situación
de una forma clara, y han llegado a la conclusión de que ellos creen en
Dios, pero no creen en la Iglesia.
Se
convencen a sí mismos de que basta con ser una persona honesta para estar bien
con Dios y de que la Iglesia no es necesaria para ser cristiano. Una vez
convencidos, viven de acuerdo con su doctrina y se alejan de las prácticas
comunitarias y de la vida parroquial.
Las noventa y nueve ovejas
La
parábola de Jesús nos habla de una oveja perdida, y de noventa y nueve que se
han quedado. Ante nuestra realidad, sentimos que la proporción se ha invertido;
noventa y nueve se han perdido, y una ha quedado fiel.
En
las parroquias militan estos súper laicos mejor formados, más motivados,
verdaderamente fieles y más católicos que el párroco. Son poquitos, pero son de
primera. Pensamos que a lo mejor hemos perdido cantidad, las masas, pero hemos
ganado en calidad; son menos, pero mejores.
No
sé si algún día podremos volver a llegar a las masas, pero a veces nos da la
impresión de que ellas también creen en Dios, pero no en la Iglesia.
Una Iglesia desacreditada
Sí,
es muy cierto que hay toda una campaña orquestada para desprestigiar a la
Iglesia católica. Siempre la ha habido en la medida en que la Iglesia estorba
para conseguir fines que no están de acuerdo con el Evangelio y con la ley de
Dios escrita en el corazón de cada hombre.
A
veces basta con hacer propaganda de los muchos errores de los que
forman la Iglesia. En los últimos años ha habido sacerdotes dañinos para
su comunidad; los exhiben y generalizan. Desacreditan a la Iglesia. En
ocasiones aleja la falta de testimonio de los católicos, sobre todo si la
fe del pueblo no está ilustrada, y no lo está.
Una Iglesia que reconcilia
La
Iglesia nos invita a volver a ser una Iglesia misionera. Que el párroco y
sus súper laicos sean capaces de hacerse presentes en medio de los hombres y
caminar con ellos por la vida.
Necesitamos ofrecer
y dar un encuentro vivo con Jesús a través de una oración encarnada en la
realidad de los hermanos.
Necesitamos
ayudar a nuestros fieles a dar razón de su fe.
Necesitamos hacerlos
sentir como en su casa en donde son bien recibidos, aceptados y amados.
Necesitamos
hacer sentir a los fieles que son útiles y necesarios en la acción
misionera de su comunidad.
Aceptar a Cristo con todas
sus consecuencias
A
nuestros hermanos que piensan que se puede creer en Dios, pero no en la
Iglesia, los invitamos a reflexionar en el porqué de Cristo al fundar su
Iglesia.
Los
primeros cristianos, en tiempo de los apóstoles, estaban seguros de que era
Dios mismo el que añadía a los fieles a la comunidad para que se salvaran, y
llegaron a decir “fuera de la Iglesia no hay salvación”.
Con
todas sus imperfecciones humanas, la Iglesia sigue siendo santa y santifica a
sus miembros; cuando nos alejamos de ella perdemos los medios dados por Cristo
para nuestra salvación y santificación.
¡No
se puede ser cristiano sin Iglesia!
Fragmento
de un artículo originalmente publicado por SIAME
Fuente:
Aleteia
