El
Pontífice animó a “seguir a Jesús, ya sea porque estamos necesitados de alguna
cosa, pero tenemos que seguir a Jesús, arriesgándonos, y eso significa seguir a
Jesús con fe. Fiarse de Jesús, fiarse de Jesús con fe en su persona”
En
la homilía de la Misa celebrada
este viernes en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco animó a ser valientes y
atreverse a acercarse a Jesús, a seguirle, a abrirse a Él con fe. Frente a esa
actitud de apertura, alertó de aquellos que, como los escribas, “miraban a
Jesús sentados, desde los balcones, ‘balconeando’ la vida, juzgando a los que seguían a
Jesús a los que consideraban personas ignorantes y supersticiosos”.
La
gente seguía a Jesús por su autoridad, por sus palabras, “por las cosas que
decía y cómo las decía. Se hacía entender. También sanaba, y mucha gente iba
junto a Él para que les sanara”, indicó el Santo Padre.
Por
el contrario, también estaban los que, ante Jesús, se cerraban, en vez de
abrirse a Él. “¡Los cerrados! Aquellos que se encontraban en los bordes de los
caminos, que lo miraban y que preferían quedarse sentados”.
“Algunos
de ellos eran los escribas, que estaban ahí sentados: estos no le seguían, solo
lo miraban. Lo miraban desde los balcones. No caminaban en la vida:
‘¡balconeaban la vida!’. Allí se quedaban, sin asumir peligros. Se limitaban a
juzgar. Eran los ‘puros’ y no se inmiscuían. En su corazón pensaban de los que
seguían a Jesús: ‘¡Qué gente más ignorante! ¡Qué gente más supersticiosa!’. Y
cuántas veces también nosotros, cuando vemos la piedad de la gente sencilla,
nos viene a la cabeza aquel clericalismo que tanto daño hace a la Iglesia”, advirtió el
Papa Francisco.
“Hay
otros cerrados en la vida”, continuó, y se refirió a aquellos que están
“amargados de la vida, sin esperanza, digiriendo su propia amargura: también
esos están cerrados, no siguen a Jesús y no tienen esperanza”.
Luego
están las personas con fe, como aquellos hombres de Cafarnaúm, que “se
arriesgaron cuando hicieron aquel agujero en el techo. Se arriesgaron a que el
dueño de la casa les denunciara, les llevara ante el juez y les hiciera pagar
los desperfectos. Se arriesgaron, pero querían llegar donde estaba Jesús”.
También
se arriesgó “aquella otra mujer, enferma desde hacía 18 años. Se arriesgó
cuando, de forma oculta, tocó el manto de Jesús. Se arriesgó a sufrir
vergüenza. Quería recuperar la salud, quería acercarse a Jesús, y se arriesgó.
Pensemos en la cananea: las mujeres se arriesgan más que los hombres, ¡eh! Eso
es verdad: ¡son más valientes! Y es algo que se debe reconocer”.
Por
ello, el Pontífice animó a “seguir a Jesús, ya sea porque estamos necesitados
de alguna cosa, pero tenemos que seguir a Jesús, arriesgándonos, y eso
significa seguir a Jesús con fe. Fiarse de Jesús, fiarse de Jesús con fe en su
persona”.
El
Papa finalizó su homilía lanzando las siguientes preguntas: “¿Me fío de Jesús?
¿Confío mi vida a Jesús? ¿Estoy en camino hacia Jesús, aunque haga el ridículo
en alguna ocasión? ¿O me quedo sentado mirando, como hacían los otros, mirando
la vida sentado con el alma ‘sentada’, con el alma cerrada por la amargura, sin
esperanza?”.
Fuente:
ACI Prensa