Ni iba a misa a menudo
ni sabía rezar el rosario, ni tampoco destacó por su vida posterior a las
apariciones
Banneaux es una pequeña localidad de
Bélgica, tan pequeña que ni tan siquiera aparece en el mapa. Durante la época
del ascenso al poder de Hitler, una niña de 11 años llamada Mariette Beco vivió
una experiencia que no fue noticia.
Mariette nació el 25 de marzo de 1921, el
día de la Anunciación, y fue la mayor de 7 hermanos. Como su familia pocas
veces asistía a misa, Mariette tampoco lo hacía, por lo que llevaba una vida
que no se podía considerar como un ejemplo religioso en absoluto. Su padre,
católico, no se había acercado a una iglesia en años y no le importaba que sus
hijos no fueran a la iglesia.
Sin embargo, Mariette guardaba un rosario
que se había encontrado y, de vez en cuando, lo sostenía mientras rezaba antes
de irse a dormir.
El 15 de enero de 1933, Mariette estaba
en la cocina mirando por la ventana esperando a que su hermano Julien volviera
a casa. Hacía frío en el exterior y había nieve en el suelo. El viento, que
intentaba colarse a través de las grietas del revestimiento de madera, hacía un
ruido parecido a un silbido y creaba una sinfonía de sonidos espeluznantes.
Mientras Mariette miraba a través de la
ventana la oscuridad de la noche, vio a una Señora de pie en el patio. La
Señora tenía a su alrededor una luz brillante y era muy hermosa. Estaba vestida
con un vestido blanco largo y una banda azul, y estaba descalza. Tenía una rosa
dorada entre los dedos de los pies. Mariette se dio cuenta de que la Señora no
estaba de pie directamente en el suelo, sino un poco más arriba. La Señora
levantó la mano y le hizo señas a Mariette para que fuera con ella.
Mariette pensó racionalmente que lo que
estaba viendo no tenía sentido, y pensó que podía ser un reflejo de una lámpara
de aceite, así que cambió la lámpara a otra habitación. Pero cuando volvió a la
ventana, la Señora seguía allí. Llamó a su madre y le contó lo que estaba
viendo. La madre sacudió la cabeza y le dijo que eso eran tonterías.
Mariette insistió en que había una Señora
fuera y su madre se burló de ella: “A lo mejor es la Santísima Virgen”. Se
encogió de hombros, cerró la cortina y se fue.
Mariette volvió a abrir la cortina y
dijo: “Mira, mamá, es preciosa. Me está sonriendo. Quiero salir”.
“No vas a salir a ninguna parte,
Mariette. Deja de decir tonterías y cierra la puerta con llave”.
Cuando Mariette volvió a la ventana, la
Señora se había ido. Recordaba que la Señora llevaba un rosario colgando de la
banda y que tocaba las cuentas. Entonces fue a su dormitorio, tomó su rosario
oculto y comenzó a rezar. Cuando su hermano Julien llegó a casa, le contó lo
ocurrido, pero su hermano se rió de ella y la llamó tonta.
Tres días después, el 18 de enero,
Mariette de repente salió corriendo de casa, y su padre salió tras ella. Eran
las 7 de la tarde. La niña corrió por el patio y, de repente, cayó de rodillas.
La Señora estaba ahora observándola a un metro de distancia. Su padre, que la
observaba detrás de un árbol, estaba fascinado por la escena.
La Señora hizo señas para que la
siguiera, así que Mariette se levantó y la obedeció. Su padre también la
siguió. De repente, Mariette se paró y volvió a caer de rodillas, al lado de un
manantial. Escuchó: “Mete las manos en el agua. Esta fuente está reservada para
mí. Buenas noches. Adiós”.
La Señora desapareció. Sorprendentemente,
el padre de Mariette, que nunca vió a la Señora, se transformó y fue a ver al
padre Jamin para una confesión general para poder volver a misa y recibir la
Comunión.
La Santísima Virgen se apareció a
Mariette ocho veces, la última el 2 de marzo de 1933. Durante esas apariciones,
la Señora le decía: “Soy la Virgen de los Pobres y la fuente está reservada
para que todas las naciones curen a los enfermos”.
La Santa Madre también pidió que se
construyera una pequeña capilla y le dijo a Mariette que Ella había venido para
aliviar el sufrimiento. Pidió en diversas ocasiones unas oraciones, y en su
última aparición, el 2 de marzo de 1933, le dijo a Mariette: “Soy la Madre del
Salvador, la Madre de Dios. Rezad mucho”.
La Santa Madre posó sus manos sobre la
cabeza de Mariette y dijo: “Adiós. Hasta que nos encontremos en Dios”.
En 1942, el obispo de Lieja, en Bélgica,
anunció la aprobación de la veneración a María bajo el título de Nuestra Señora
de los Pobres. En 1947, la Santa Sede aprobó las apariciones y, en 1949, el papa
Pío XII las declaró definitivas.
Es interesante saber que Mariette Beco
llevó una vida relativamente normal y secular, con altibajos. Contrajo
matrimonio con el propietario de un restaurante y tuvo problemas conyugales, lo
que le provocó una gran agitación. Más adelante, vivió con una persona
discapacitada, a la que cuidó hasta su muerte.
A diferencia del “típico” clarividente
(si es que existe tal cosa), practicó la religión de forma mínima y no quería
hablar con los periodistas ni con todos aquellos que querían información sobre
su vida. En 2008, cuando se le pidió unas palabras por el motivo del 75
aniversario de las apariciones, Beco explicó por qué no quería decir nada: “Yo
solo era un cartero que reparte el correo. Una vez hecho, el cartero deja de tener
importancia”.
Vivió hasta los 90 años y, a diferencia
de Bernadette en Lourdes, los niños de Fátima, Santa Catalina Labouré y otros
similares, nunca pareció haber ningún cambio religioso en ella.
Lo que nosotros pensamos no importa. Dios
otorga su Gracia allí donde desea, y sabe el estado de cualquier alma mejor de
lo que cualquiera pudiera suponer.
Nuestra Señora de Banneux, Nuestra Señora
de los Pobres, se apareció a Mariette ocho veces diferentes y le confió Su
mensaje. La Santa Madre Iglesia lo ha confirmado. Mariette Beco fue
indudablemente única y muy especial a los ojos de Dios y Su Madre.
Es todo lo que necesitamos saber.
Fuente: Aleteia