Fin del Manuscrito B
¡Que no pueda yo, Jesús,
revelar a todas las almas pequeñas cuán inefable es tu condescendencia...!
Estoy convencida de que, si por un imposible, encontrases un alma más débil y
más pequeña que la mía, te complacerías en colmarla de gracias todavía mayores,
con tal de que ella se abandonase con entera confianza a tu misericordia
infinita.
¿Pero por qué estos deseos, Jesús, de comunicar los secretos de tu
amor? ¿No fuiste tú, y nadie más que tú, el que me los enseñó a mí? ¿Y no
puedes, entonces, revelárselos también a otros...? Sí, lo sé muy bien, y te
conjuro a que lo hagas.
La insignificante sor Teresa del Niño
Jesús de la Sta. Faz, rel. carm. ind. MANUSCRITO DIRIGIDO A LA MADRE MARIA DE
GONZAGA
Fuente: Catholic.net
