y sólo para ti quiero tenellos.
DECLARACIÓN
1. Prosigue,
pues, en la presente canción pidiendo al Amado quiera ya poner término a sus ansias y
penas, pues no hay otro que baste para hacerlo sino sólo él; y que sea de manera que le puedan ver los ojos de su
alma, pues sólo él es la luz en que ellos miran, y ella no los quiere
emplear en otra cosa sino sólo en él, diciendo:
Apaga mis enojos.
2. Tiene una propiedad la concupiscencia del amor,
como queda dicho, que todo lo que no hace o dice o conviene con aquello que ama la voluntad, la cansa, fatiga y
enoja y la pone desabrida, no viendo cumplirse lo que ella quiere. Y a esto y a las fatigas que
tiene por ver a Dios llama aquí enojos, los
cuales ninguna cosa basta para deshacerlos, sino la posesión del Amado. Por lo cual dice que los apague él con su presencia, refrigerándolos todos,
como hace el agua
fresca al que está fatigado del calor, que por eso
usa aquí de este vocablo apaga, para dar a entender que ella está padeciendo
con fuego de amor.
Pues que ninguno basta a deshacellos.
3. Para
mover y persuadir más el alma a que cumpla su petición el Amado, dice que pues otro ninguno sino él basta a
satisfacer su necesidad, que sea él el que apague sus enojos. Donde es de notar que entonces está Dios bien presto para
consolar al alma y satisfacer en sus necesidades y penas, cuando ella no tiene ni pretende otra
satisfacción y consuelo
fuera de él. Y así, el alma que no tiene cosa que la
entretenga fuera de Dios, no puede estar mucho sin visitación del Amado.
Y véante mis ojos,
4.
esto es, véate yo cara a
cara con los ojos de mi alma, pues eres lumbre dellos.
5.
Allende de que Dios es lumbre sobrenatural de los
ojos del alma, sin la cual está en tinieblas, llámale aquí también el alma por
afición lumbre de
sus ojos, al modo que el amante suele llamar al que ama, para significar el amor que
le tiene, lumbre de sus ojos. Y así es como si dijera en los dos
versos sobredichos: pues los ojos míos no tienen otra lumbre, ni por
naturaleza ni por amor véante mis ojos, pues de todas
maneras eres lumbre de ellos. Esta lumbre
echaba menos David (Sal 37, 11) cuando con lástima decía: Lumen
oculorum meorum, et ipsum non est mecum, que quiere decir: La lumbre de mis
ojos, aun ésa no está conmigo.
Y sólo para ti quiero tenellos,
6. En el
verso pasado ha dado a entender el alma cómo sus ojos
estarán en tinieblas no viendo a su Amado, pues sólo él es lumbre
de ellos, en que le obliga a darle esta lumbre de gloria. Y en el presente verso le
quiere más obligar, diciendo que no los quiere
tener para otra alguna cosa que para él. Porque,
así como
justamente es privada de esta divina lumbre el alma que
quiere poner los ojos de su voluntad en otra su lumbre de propiedad de alguna
cosa fuera de Dios, por cuanto pone impedimento para recibirla, así también
congruamente merece que se le dé al alma que a todas las cosas
cierra los dichos sus ojos, para abrirlos sólo a su Dios.
Fuente: Portal Carmelitano
