La prudencia es una de las virtudes
cardinales por lo que su educación debe ser una de nuestras prioridades cuando
hablamos de formar adultos sensatos y felices
La prudencia es una virtud que para
muchos puede sonar poco conocida. Si bien es una de las cuatro virtudes
cardinales, no es tan familiar como la fortaleza o la justicia. ¿Qué es
ser prudente? ¿Es ser sólo cauteloso? ¿Es únicamente pensar antes de
actuar? “(La) prudencia es la virtud de la inteligencia cuando tiene que
decidir. En definitiva, es el hábito de decidir bien”. El término se nos puede
hacer más amigable si lo definimos como sensatez,
sentido común o criterio. “(La prudencia es) esa capacidad de
discernir en una situación complicada y de llegar a un juicio sereno y
equilibrado (…). Una persona con criterio es una persona serena y seria, que
juzga bien, que resuelve bien, que acierta”.
Sin embargo, no podemos pretender que
nuestro hijo de 7 años sea el ejemplo viviente de la prudencia ya que ésta es
una virtud que toma mucho tiempo y maduración. Tanto así que hay un gran número
de adultos que todavía están a mucha distancia de alcanzarla. Esto no quiere decir
que no vamos a tener a la prudencia como un objetivo en nuestro día a día.
Existen muchas ocasiones en lo cotidiano que nos sirven para ir inculcando en
nuestros hijos esta importante virtud.
A continuación paso a señalar algunas de
ellas. Como verán, hay que estar atentos y tener claras todas las oportunidades
que se nos presentan para ir formando adultos prudentes.
1. Preocuparse de la comprensión lectora
de nuestros hijos.
Como ser prudente requiere manejar información, a través de la lectura los chicos
pueden obtenerla.
2. Ayudar a los niños a desarrollar su
capacidad de observación.
Esta es muy importante para enterarse de situaciones de relación humana.
3. Crear situaciones en que los niños
tienen que aprender a escuchar.
Se recibe mucha información escuchando a los demás.
4. A partir de la adolescencia, ayudar a los jóvenes a distinguir entre
hechos y opiniones, entre lo que es importante y lo que es menos relevante. La
prudencia es una virtud intelectual y, como tal, requiere el desarrollo de la
capacidad crítica.
5. Ayudar a los jóvenes a reconocer sus
propios prejuicios
para que tengan una visión más objetiva de su realidad.
6. Ayudar a los jóvenes a reconocer la
diferencia entre fuentes de información fiables y las que no lo son. Deben aprender a identificar a las
autoridades en los temas.
7. Insistir en que antes de opinar, deben recabar la información necesaria.
8. Si bien hay ciertas tendencias
pedagógicas
actuales que dicen que no hay que memorizar nada, es importante exigirle a los
jóvenes que lo hagan con cierta información significativa. Si no lo hacen,
jamás serán prudentes en sus vidas, ya que les influirán de sobremanera
cualquier sentimiento del presente.
9. Ayudar a los jóvenes a pensar en los
criterios que
utilizarán cuando vayan a tomar una postura o una decisión concreta.
10. Exigir a los jóvenes que actúen de
acuerdo a las consecuencias
de las decisiones que hayan tomado, después de considerar los posibles efectos
para ellos y para el resto.
Si analizamos un poco de qué trata la
prudencia, no cabe duda que es una virtud de vital importancia para tenerla en
cuenta a la hora de educar a nuestros hijos. Y, en caso que aún nosotros no la
tengamos muy bien desarrollada, es una buena oportunidad para que a través del
cultivo personal logremos enseñar con el ejemplo.
Fuente: La Familia.info
