Comiénzase a
tratar de la noche oscura del espíritu. Dícese a qué tiempo comienza
1. Un alma que
Dios ha de llevar adelante, no luego que sale de las sequedades y trabajos de
la primera purgación y noche del sentido, la pone Su Majestad en esta noche de
espíritu, antes suele pasar harto tiempo y años en que, salida el alma del
estado de principiantes, se ejercita en el de aprovechados, en el cual, así
como el que ha salido de una estrecha cárcel, anda en las cosas de Dios con
mucha más anchura y satisfacción del alma y con más abundante e interior
deleite que hacía a los principios, antes que entrase en la dicha noche, no
trayendo atada ya la imaginación y potencias al discurso y cuidado espiritual,
como solía; porque con gran facilidad halla luego en su espíritu muy serena y
amorosa contemplación y sabor espiritual sin trabajo del discurso.
Aunque, como
no está bien hecha la purgación del alma, porque falta la principal parte, que
es la del espíritu (sin la cual, por la comunicación que hay de la una parte a
la otra, por razón de ser un solo supuesto, tampoco la purgación sensitiva, aunque
más fuerte haya sido, queda acabada y perfecta), nunca le faltan a veces
algunas necesidades, sequedades, tinieblas y aprietos, a veces mucho más
intensos que los pasados, que son como presagios y mensajeros de la noche
venidera del espíritu; aunque no son éstos durables, como será la noche que
espera.
Porque, habiendo pasado un rato, o ratos, o días de esta noche y
tempestad, luego vuelve a su acostumbrada serenidad; y de esta manera va
purgando Dios a algunas almas que no han de subir a tan alto grado de amor como
las otras, metiéndolas a ratos interpoladamente en esta noche de contemplación
y purgación espiritual, haciendo anochecer y amanecer a menudo, porque se
cumpla lo que dice David (Sal. 147, 17), que envía su cristal, esto es, su
contemplación, como a bocados. Aunque estos bocados de oscura contemplación
nunca son tan intensos como lo es aquella horrenda noche de la contemplación
que habemos de decir, en que de propósito pone Dios al alma para llevarla a la
divina unión.
2. Este sabor,
pues, y gusto interior que decimos, que con abundancia y facilidad hallan y
gustan estos aprovechantes en su espíritu, con mucha más abundancia que antes
se les comunica, redundando de ahí en el sentido más que solía antes de esta
sensible purgación; que, por cuanto él está ya más puro, con más facilidad
puede sentir los gustos del espíritu a su modo.
Y como, en fin, esta parte
sensitiva del alma es flaca e incapaz para las cosas fuertes del espíritu, de
aquí es que estos aprovechados, a causa de esta comunicación espiritual que se
hace en la parte sensitiva, padecen en ella muchas debilitaciones y detrimentos
y flaquezas de estómago, y en el espíritu, consiguientemente, fatigas; porque,
como dice el Sabio (Sab. 9, 15): El cuerpo que se corrompe, agrava el alma. De
aquí es que las comunicaciones de éstos no pueden ser muy fuertes, ni muy
intensas, ni muy espirituales, cuales se requieren para la divina unión con
Dios, por la flaqueza y corrupción de la sensualidad que participa en ellas.
De aquí vienen
los arrobamientos y traspasos y descoyuntamientos de huesos, que siempre
acaecen cuando las comunicaciones no son puramente espirituales, esto es, al
espíritu sólo, como son las de los perfectos, purificados ya por la noche
segunda del espíritu, en las cuales cesan ya estos arrobamientos y tormentos
del cuerpo, gozando ellos de la libertad del espíritu, sin que se anuble ni
trasponga el sentido.
3. Y, porque
se entienda la necesidad que éstos tienen de entrar en esta noche de espíritu,
notaremos aquí algunas imperfecciones y peligros que tienen estos aprovechados.
Fuente: Mercaba