Dice
lo que importa entender lo que se pide en la oración. -Trata de estas palabras
del paternóster: "Sanctificetur nomen tuum, adveniat regnum tuum". -Aplícalas a oración de
quietud y comiénzala a declarar (1).
1.
¿Quién hay, por disparatado que sea, que cuando pide a una persona grave no
lleva pensado cómo la pedir, para contentarle y no serle desabrido, y qué le ha
de pedir, y para qué ha menester lo que le ha de dar, en especial si pide cosa
señalada, como nos enseña que pidamos nuestro buen Jesús? Cosa me parece para
notar. ¿No pudierais, Señor mío, concluir con una palabra y decir:
"dadnos, Padre, lo que nos conviene", pues a quien tan bien lo
entiende todo, no parece era menester más?
2.
¡Oh Sabiduría eterna! Para entre Vos y vuestro Padre esto bastaba, que así lo
pedisteis en el huerto; mostrasteis vuestra voluntad y temor, mas dejásteisos
en la suya (2). Mas a nosotros conocéisnos, Señor mío, que no estamos tan
rendidos como lo estabais Vos a la voluntad de vuestro Padre, y que era
menester pedir cosas señaladas para que nos detuviésemos en mirar si nos está
bien lo que pedimos, y si no, que no lo pidamos.
3.
¡Oh, válgame Dios, qué hace tener tan dormida la fe para lo uno y lo otro, que
ni acabamos de entender cuán cierto tendremos el castigo ni cuán cierto el
premio! Por eso es bien, hijas, que entendáis lo que pedís en el Paternóster,
para que, si el Padre Eterno os lo diere, no se lo tornéis a los ojos, y
penséis muy bien si os está bien, y si no, no lo pidáis (3), sino pedid que os
dé Su Majestad luz; porque estamos ciegos y con hastío para no poder comer los
manjares que os han de dar vida, sino los que os han de llevar a la muerte, y
¡qué muerte tan peligrosa y tan para siempre!
4.
Pues dice el buen Jesús que digamos estas palabras en que pedimos que venga en
nosotros un tal reino: "Santificado sea tu nombre, venga en nosotros tu
reino" (4).
Ahora
mirad, hijas, qué sabiduría tan grande de nuestro Maestro. Considero yo aquí, y
es bien que entendamos, qué pedimos en este reino. Mas como vio Su Majestad que
no podíamos santificar ni alabar ni engrandecer ni glorificar este nombre santo
del Padre Eterno conforme a lo poquito que podemos nosotros, de manera que se
hiciese como es razón, si no nos proveía Su Majestad con darnos acá su reino, y
así lo puso el buen Jesús lo uno cabe lo otro, porque entendamos, hijas, esto
que pedimos, y lo que nos importa importunar por ello y hacer cuanto pudiéremos
para contentar a quien nos lo ha de dar. Os quiero decir aquí lo que yo
entiendo. Si no os contentare, pensad vosotras otras consideraciones, que
licencia nos dará nuestro Maestro, como en todo nos sujetemos a lo que tiene la
Iglesia, y así lo hago yo aquí (5).
5.
Ahora, pues, el gran bien que me parece a mí hay en el reino del cielo, con
otros muchos, es ya no tener cuenta con cosa de la tierra, sino un sosiego y
gloria en sí mismos, un alegrarse que se alegren todos, una paz perpetua, una
satisfacción grande en sí mismos, que les viene de ver que todos santifican y
alaban al Señor y bendicen su nombre y no le ofende nadie. Todos le aman, y la
misma alma no entiende en otra cosa sino en amarle, ni puede dejarle de amar,
porque le conoce. Y así le amaríamos acá, aunque no en esta perfección, ni en
un ser; (6) mas muy de otra manera le amaríamos de lo que le amamos, si le
conociésemos.
6.
Parece que voy a decir que hemos de ser ángeles para pedir esta petición y
rezar bien vocalmente. Bien lo quisiera nuestro divino Maestro, pues tan alta
petición nos manda pedir, y a buen seguro que no nos dice pidamos cosas
imposibles; que posible sería, con el favor de Dios, venir un alma puesta en
este destierro, aunque no en la perfección que están salidas de esta cárcel,
porque andamos en mar y vamos este camino; mas hay ratos que, de cansados de
andar, los pone el Señor en un sosiego de las potencias y quietud del alma, que
como por señas les da claro a entender a qué sabe lo que se da a los que el
Señor lleva a su reino. Y a los que se les da acá como le pedimos, les da
prendas para que por ellas tengan gran esperanza de ir a gozar perpetuamente lo
que acá les da a sorbos.
7.
Si no dijeseis que trato de contemplación, venía aquí bien en esta petición
hablar un poco de principio de pura contemplación, que los que la tienen la
llaman oración de quietud. Mas como digo trato de oración vocal, parece no
viene lo uno con lo otro a quien no lo supiere, y yo sé que viene. Perdonadme
que lo quiero decir, porque sé que muchas personas, rezando vocalmente -como ya
queda dicho- (7) las levanta Dios, sin entender ellas cómo, a subida
contemplación. Conozco una persona (8) que nunca pudo tener sino oración vocal,
y asida a ésta lo tenía todo. Y si no rezaba, íbasele el entendimiento tan
perdido que no lo podía sufrir.
Mas ¡tal tengamos todas la mental! En ciertos
Paternostres que rezaba a las veces que el Señor derramó sangre, se estaba -y
en poco más rezado- algunas horas. Vino una vez a mí muy congojada, que no
sabía tener oración mental ni podía contemplar, sino rezar vocalmente.
Preguntéle qué rezaba; y vi que, asida al Paternóster, tenía pura contemplación
y la levantaba el Señor a juntarla consigo en unión; y bien se parecía en sus
obras recibir tan grandes mercedes, porque gastaba muy bien su vida. Así, alabé
al Señor y hube envidia a su oración vocal.
Si
esto es verdad -como lo es-, no penséis los que sois enemigos de contemplativos
que estáis libres de serlo, si las oraciones vocales rezáis como se han de
rezar, teniendo limpia conciencia (9).
NOTAS
1 La Santa escribió su latín así:
santificetur nomen tuun adveniad renuun [reunun] tuun.
2 Mt 26, 39.
3 Sino advirtiendo que ha de ser
conforme a la voluntad de Dios, como se pide en esta oración; añadido por la
Santa al margen del ms. de Toledo.
4 Mt 6, 9-10.
5 La 1ª redacción era más
espontánea y confidencial: ... nos sujetemos a lo que tiene la Iglesia, como lo
hago yo siempre (y aun esto no os daré a leer hasta que lo vean personas que lo
entiendan); al menos si no lo fuere [acertado] no va con malicia, sino con no
saber más. -Es interesante notar que también esta vez, al revisar el texto, la
Santa añadió respetuosamente: "la santa romana Iglesia".
6 Ni en un ser: es decir, ni con
estabilidad.
7 Lo ha dicho en el c. 25, n. 1.
8 Por esto pongo tanto, hijas, en
que recéis bien las oraciones vocales (1ª redacción). -También el pasaje que
sigue era más concreto en la 1ª redacción: esa persona era una monja; rezando
el Paternóster en honor de las veces que el Señor derramó su sangre se estaba
dos o tres horas; era ya vieja y había gastado su vida harto bien y
religiosamente.
9 En la 1ª redacción concluía:
Así que todavía lo habré de decir. Quien no lo quisiere oír, pase adelante.
Fuente: Mercaba
