Prosigue en dar medios para procurar
esta oración de recogimiento. -Dice lo poco que se nos ha de dar de ser
favorecidas de los prelados.
1. Huid, por amor de Dios, hijas, de dárseos nada de estos
favores. Procure cada una hacer lo que debe, que si el prelado no se lo
agradeciere, segura puede estar lo pagará y agradecerá el Señor. Sí, que no
venimos aquí a buscar premio en esta vida. Siempre el pensamiento en lo que
dura, y de lo de acá ningún caso hagamos, que aun para lo que se vive no es durable;
que hoy está bien con la una; mañana, si ve una virtud más en vos, estará mejor
con vos, y si no, poco va en ello. No deis lugar a estos pensamientos, que a
las veces comienzan por poco y os pueden desasosegar mucho, sino atajadlos con
que no es acá vuestro reino y cuán presto tiene todo fin.
3. ¡Oh Señor mío, que si de veras os conociésemos, no se nos
daría nada de nada, porque dais mucho a los que de veras se quieren fiar de
Vos! Creed, amigas, que es gran cosa entender es verdad esto, para ver que los
favores de acá todos son mentira cuando desvían algo el alma de andar dentro de
sí. ¡Oh, válgame Dios, quién os hiciese entender esto! No yo, por cierto. Sé
que con deber yo más que ninguno, no acabo de entenderlo como se ha de entender.
4. Pues tornando a lo que decía (3), quisiera yo saber
declarar cómo está esta compañía santa con nuestro acompañador, Santo de los
Santos, sin impedir a la soledad que ella y su Esposo tienen, cuando esta alma
dentro de sí quiere entrarse en este paraíso con su Dios, y cierra la puerta
tras sí a todo lo del mundo. Digo "quiere", porque entended que esto
no es cosa sobrenatural (4), sino que está en nuestro querer y que podemos
nosotros hacerlo con el favor de Dios, que sin éste no se puede nada, ni
podemos de nosotros tener un buen pensamiento. Porque esto no es silencio de
las potencias; es encerramiento de ellas en sí misma el alma.
5. Vase ganando esto de muchas maneras, como está escrito en
algunos libros (5), que nos hemos de desocupar de todo para llegarnos
interiormente a Dios, y aun en las mismas ocupaciones retirarnos a nosotros
mismos. Aunque sea por un momento solo, aquel acuerdo de que tengo compañía
dentro de mí es gran provecho. En fin, irnos acostumbrando a gustar de que no es
menester dar voces para hablarle, porque Su Majestad se dará a sentir cómo está
allí.
6. De esta suerte rezaremos con mucho sosiego vocalmente, y
es quitarnos de trabajo. Porque a poco tiempo que forcemos a nosotros mismos
para estarnos cerca de este Señor, nos entenderá por señas, de manera que si
habíamos de decir muchas veces el Paternóster, nos entenderá de una. Es muy
amigo de quitarnos de trabajo. Aunque en una hora no le digamos más de una vez,
como entendamos estamos con Él y lo que le pedimos y la gana que tiene de
darnos y cuán de buena gana se está con nosotros, no es amigo de que nos
quebremos las cabezas hablándole mucho (6).
7. El Señor lo enseñe a las que no lo sabéis, que de mí os
confieso que nunca supe qué cosa era rezar con satisfacción hasta que el Señor
me enseñó este modo. Y siempre he hallado tantos provechos de esta costumbre de
recogimiento dentro de mí, que eso me ha hecho alargar tanto.
Concluyo con que quien lo quisiere adquirir -pues, como
digo, está en nuestra mano-, no se canse de acostumbrarse a lo que queda dicho
(7), que es señorearse poco a poco de sí mismo, no se perdiendo en balde; sino
ganarse a sí para sí, que es aprovecharse de sus sentidos para lo interior. Si
hablare, procurar acordarse que hay con quien hable dentro de sí mismo. Si
oyere, acordarse que ha de oír a quien más cerca le habla. En fin, traer cuenta
que puede, si quiere, nunca se apartar de tan buena compañía, y pesarle cuando
mucho tiempo ha dejado solo a su Padre, que está necesitada de él. Si pudiere,
muchas veces en el día; si no, sea pocas. Como lo acostumbrare, saldrá con
ganancia, o presto o más tarde. Después que se lo dé el Señor, no lo trocaría
por ningún tesoro.
8. Pues nada se deprende sin un poco de trabajo, por amor de
Dios, hermanas, que deis por bien empleado el cuidado que en esto gastareis. Y
yo sé que, si le tenéis, en un año y quizá en medio, saldréis con ello, con el
favor de Dios. Mirad qué poco tiempo para tan gran ganancia como es hacer buen
fundamento para si quisiere el Señor levantaros a grandes cosas, que halle en
vos aparejo, hallándoos cerca de sí. Plega a Su Majestad no consienta nos
apartemos de su presencia, amén (8).
NOTAS
1 Queda
dicho en el c. 28, n. 2.
2 Salmos
90, 15 y 33, 19. -En la redacción 1ª, la cita era doble: así lo dice David
"que nunca vio al justo desamparado" [36, 25], y otra vez "que
está el Señor con los afligidos" [34, 19].
3 Reanuda
el tema del c. 28 (nn. 2 y 11-13).
4 Al
margen del autógrafo se lee: "Quiere decir sobrenatural lo que no está
puesto en nuestro albedrío con los favores ordinarios de Dios". Al final
de la anotación se leen las iniciales: "f. D. B.", que equivaldrían a
"fray Domingo Báñez", pero que en realidad son un amaño mal logrado.
La anotación no es del ilustre dominico.
5
Probablemente alusión a B. de Laredo, Subida del Monte Sión, P. I, cc. 10 y 22.
-En la 1ª redacción desarrollaba extensamente este pensamiento: está escrito en
algunos libros [...] los que escriben oración mental. Como yo no hablo sino en
cómo ha de rezarse la vocal para ir bien rezada, no hay para qué decir tanto;
pues lo que pretendo sólo es para que veamos y estemos con quien hablamos sin
tenerle vueltas las espaldas, que no me parece otra cosa estar hablando con
Dios y pensando en mil vanidades. Y viene todo el daño de no entender con
verdad que está cerca, sino imaginarle lejos. y ¿cuán lejos si le vamos a
buscar al cielo! Pues ¿rostro es el vuestro, Señor, para no mirarle estando tan
cerca de nosotros? No parece que nos oyen los hombres cuando hablamos, si no
vemos que nos miran, y ¿cerramos los ojos para no mirar que nos miráis Vos?
¿Cómo hemos de entender si habéis oído lo que os decimos?
Sólo esto
es lo que querría dar a entender: que para irnos acostumbrando a con facilidad
ir asegurando el entendimiento para entender lo que habla y con quién habla, es
menester recoger estos sentidos exteriores a nosotros mismos y que les demos en
qué se ocupar; pues es así que tenemos el cielo dentro de nosotros, pues el
Señor de él lo está.
6 El
autógrafo de El Escorial prosigue: Por eso, Hermanas, por amor del Señor, os
acostumbréis a rezar con este recogimiento el Paternóster y veréis la ganancia
antes de mucho tiempo. Porque es modo de orar que hace tan presto costumbre a
no andar el alma perdida y las potencias alborotadas como el tiempo os lo dirá;
sólo os ruego lo probéis, aunque os sea algún trabajo, que todo lo que no está
en costumbre le da. Mas yo os aseguro que antes de mucho os sea gran consuelo
entender que sin cansaros a buscar adonde está este santo Padre a quien pedís,
le halléis dentro de vos.
7 En el
c. 28, n. 7.
8 En
lugar de esta conclusión (nn. 7-8), la primera redacción tenía un breve
epílogo: Y por ventura todas os lo sabéis, mas alguna vendrá que no lo sepa;
por eso, no os pese de que lo haya aquí dicho. -Ahora vengamos a entender cómo
va adelante nuestro buen Maestro y comienza a pedir a su santo Padre para
nosotros, y qué pide, que es bien lo entendamos.
Fuente: Mercaba
