En que dice lo mucho que gana un alma
que reza con perfección vocalmente, y cómo acaece levantarla Dios de allí a
cosas sobrenaturales.
1. Y porque no penséis se saca poca ganancia de rezar
vocalmente con perfección, os digo que es muy posible que estando rezando el
Paternóster os ponga el Señor en contemplación perfecta, o rezando otra oración
vocal; que por estas vías muestra Su Majestad que oye al que le habla, y le
habla su grandeza, suspendiéndole el entendimiento y atajándole el pensamiento
(1), y tomándole -como dicen- la palabra de la boca, que aunque quiere no puede
hablar si no es con mucha pena.
2. Entiende que sin ruido de palabras le está
enseñando este Maestro divino, suspendiendo las potencias, porque entonces
antes dañarían que aprovecharían si obrasen. Gozan sin entender cómo gozan.
Está el alma abrasándose en amor y no entiende cómo ama. Conoce que goza de lo
que ama y no sabe cómo lo goza. Bien entiende que no es gozo que alcanza el
entendimiento a desearle.
Esta, hijas, es contemplación perfecta.
3. Ahora entenderéis la diferencia que hay de ella a la
oración mental, que es lo que queda dicho: (2) pensar y entender qué hablamos y
con quién hablamos y quién somos los que osamos hablar con tan gran Señor.
Pensar esto y otras cosas semejantes de lo poco que le hemos servido y lo mucho
que estamos obligados a servir es oración mental. No penséis es otra algarabía,
ni os espante el nombre. Rezar el Paternóster y Avemaría o lo que quisiereis,
es oración vocal.
Pues mirad qué mala música hará sin lo primero: (3) aun las
palabras no irán con concierto todas veces. En estas dos cosas (4) podemos algo
nosotros, con el favor de Dios; en la contemplación que ahora dije, ninguna
cosa: Su Majestad es el que todo lo hace, que es obra suya sobre nuestro
natural.
4. Como está dado a entender esto de contemplación muy
largamente, lo mejor que yo lo supe declarar, en la relación que tengo dicho
escribí para que viesen mis confesores de mi vida (6) -que me lo mandaron-, no
lo digo aquí ni hago más de tocar en ello. Las que hubiereis sido tan dichosas
que el Señor os llegue a estado de contemplación, si le pudieseis haber, puntos
tiene y avisos que el Señor quiso acertase a decir, que os consolarían mucho y
aprovecharían, a mi parecer y al de algunos que le han visto, que le tienen
para hacer caso de él; que vergüenza es deciros yo que hagáis caso del mío, y
el Señor sabe la confusión con que escribo mucho de lo que escribo. ¡Bendito
sea que así me sufre!
Las que -como digo- tuvieren oración sobrenatural,
procúrenle después de yo muerta; las que no, no hay para qué, sino esforzarse a
hacer lo que en éste va dicho, y deje al Señor, que es quien lo ha de dar y no
os lo negará si no os quedáis en el camino, sino que os esforzáis hasta llegar
a la fin (7)
NOTAS
1
Pensamiento, en la vaga acepción de "imaginación".
2 Queda
dicho en el c. 22.
3 Sin lo
primero: la oración vocal sin la mental.
4 En
estas dos cosas: oración mental y vocal.
5 Al
margen del autógrafo, uno de los censores anotó: "contemplación";
pero sobrevino el segundo censor, tachó esta palabra y enmendó el texto
teresiano así: "en la contemplación que ahora dije, ninguna cosa
[podemos], si no es disponernos con la oración: Su Majestad es el que ve lo
hace, que es obra suya...".
6 La
relación que tiene dicha (cf. prólogo n. 4) es el libro de la Vida. Trató
ampliamente de la contemplación en los cc. 14-21, y en casi toda la tercera
parte del libro, cc. 22-31. Cf. especialmente el c. 14, nn. 2 y 6; y c. 18, n.
14.
7 En la
1ª redacción varía todo este n.: ... como está todo lo mejor dado a entender en
el libro que digo tengo escrito, y así no hay que tratar de ello
particularmente aquí: allí dije lo que supe. Quien llegare a haberle Dios
llegado a este estado de contemplación de vosotras -que, como dije, algunas
estáis en él-, procuradle, que os importa mucho, de que yo me muera. Las que
no, no hay para qué; sino esforzarse a hacer lo que en este libro va dicho, de
ganar por cuantas vías pudiere y tener diligencia que el Señor se lo dé con
suplicárselo y ayudarse. Lo demás, el Señor mismo lo ha de dar y no lo niega a
nadie que llegue hasta el fin del camino peleando como queda dicho.
