Las familias cristianas hagan
del umbral de sus casas un pequeño gran signo de la Puerta de la misericordia y
de la acogida de Dios
En su catequesis
de ayer sobre el sentido de la puerta santa en el Año de la Misericordia, el
Papa Francisco alentó a las familias cristianas a ser un signo de la
misericordia y la acogida de Dios.
El Santo Padre recordó que “la Sagrada Familia
de Nazaret sabe bien qué cosa significa una puerta abierta o cerrada, para
quien espera un hijo, para quien no tiene amparo, para quien huye del peligro”.
Por ello, el Papa alentó a que “las familias cristianas hagan del umbral de
sus casas un pequeño gran signo de la Puerta de la misericordia y de la acogida
de Dios”.
“Es así que la Iglesia
deberá ser reconocida, en cada rincón de la tierra: como la custodia de un Dios
que toca, como la acogida de un Dios que no te cierra la puerta, con la excusa
que no eres de casa”, dijo.
Al llegar al umbral del Año Jubilar de la Misericordia –que se inicia el 8
de diciembre– Francisco señaló que “delante de nosotros se encuentra la gran
puerta de la Misericordia de Dios, que acoge nuestro arrepentimiento ofreciendo
la gracia de su perdón”.
“La puerta es generosamente abierta, pero nosotros debemos valerosamente
cruzar el umbral”, señaló.
El Papa indicó que tras el recientemente celebrado Sínodo sobre la Familia “todas las
familias, y la Iglesia entera, han recibido un gran aliento para encontrarse
bajo el umbral de esta puerta”.
“La Iglesia ha sido animada a abrir sus puertas, para salir con el Señor al
encuentro de sus hijos y de sus hijas en camino, a veces inciertos, a veces
perdidos, en estos tiempos difíciles. Las familias cristianas, en particular,
han sido animadas a abrir la puerta al Señor que espera para entrar, trayendo
su bendición y su amistad”, señaló.
El Santo Padre señaló que “es un signo negativo” que existan lugares donde
las puertas blindadas se han convertido en normales. “No debemos rendirnos a la
idea de tener que aplicar este sistema en toda nuestra vida, en la vida de la familia, de la
ciudad, de la sociedad”, dijo.
Aplicar este modelo en la vida de la Iglesia, advirtió, “¡sería terrible!
Una Iglesia inhóspita, así como una familia cerrada en sí misma, mortifica el
Evangelio y marchita el mundo”.
El Papa explicó que “la puerta debe proteger, cierto, pero no rechazar. La
puerta no debe ser forzada, al contrario, se pide permiso, porque la
hospitalidad resplandece en la libertad de la acogida, y se oscurece en la
prepotencia de la invasión”.
“La gestión de la puerta necesita un atento discernimiento y, al mismo
tiempo, debe inspirar gran confianza”, precisó el Papa, expresando también su
agradecimiento “para todos los vigilantes de las puertas: de nuestros
condominios, de las instituciones cívicas, de las mismas iglesias”.
Francisco indicó que “nosotros mismos somos los custodios y los siervos de
la Puerta de Dios, que es Jesús. Él nos ilumina en todas las puertas de la
vida, incluso aquella de nuestro nacimiento y de nuestra muerte”.
“Jesús es la puerta que nos hace entrar y salir. ¡Porque el rebaño de Dios
es un amparo, no una prisión!”, señaló, y advirtió que “son los ladrones,
aquellos que tratan de evitar la puerta, porque tienen malas intenciones, y se
meten en el rebaño para engañar a las ovejas y aprovecharse de ellas”.
El Papa precisó que “nosotros debemos pasar por la puerta y escuchar la voz
de Jesús: si sentimos su tono de voz, estamos seguros, somos salvados. Podemos
entrar sin temor y salir sin peligro”.
“Si el guardián escucha la voz del Pastor, entonces abre, y hace entrar a
todas las ovejas que el Pastor trae, todas, incluso aquellas perdidas en el
bosque, que el buen Pastor ha ido a buscarlas”.
Francisco explicó que “las ovejas no los elige el guardián, sino el buen
Pastor. El guardián –también él– obedece a la voz del Pastor”.
“Entonces, podemos bien decir que nosotros debemos ser como este guardián.
La Iglesia es la portera de la casa del Señor, no la dueña”, indicó.
Fuente: Aciprensa
