El orar a Dios nunca puede ser malo,
independientemente de la condición de gracia en la que se encuentre la persona
Bien
dice Jesús: “Sin mi nada podéis hacer” (Jn 15, 5). ¿Qué quiere decir Jesús? Que
sin Él no podemos hacer obras que trasciendan a la eternidad, obras que den
frutos de vida eterna, obras con méritos sobrenaturales. Es claro que sin Jesús,
sin la vida de gracia, se pueden hacer cosas pero son cosas que se quedan aquí,
obras sólo con méritos naturales.
En la
vida moral de los bautizados se pueden dar dos situaciones: Caer en pecado
mortal y hacer luego obras buenas, o estando en gracia de Dios hacer obras
buenas y luego caer en pecado mortal.
Haciendo
obras buenas sin tener la gracia:
Las obras buenas de quien está en pecado grave no son ante Dios meritorias, no
tienen efectos sobrenaturales pues es una condición esencial, para que una obra
sea meritoria desde el punto de vista sobrenatural, el que sea realizada en
estado de gracia.
Se
sabe que quién está en pecado mortal, no tiene vida de gracia, no tiene vida
espiritual; por tanto una persona ‘muerta’, espiritualmente hablando, no puede
hacer nada. Estas obras, dice Santo Tomás (Suma Teológica, III, 89, 6) se
llaman «muertas», porque, aunque son buenas a los ojos de los hombres, por su
forma, se realizan sin la acción de Dios que es el principio de vida y por
tanto carecen de mérito sobrenatural.
Y si
la persona sale del pecado esas obras hacen parte del pasado, no pueden
recuperar el mérito pues nunca lo tuvieron. Ahora bien, el hecho de no tener la
vida de Dios o la vida de gracia, por algún pecado grave o por varios, no
significa que, mientras llega el momento de la confesión, dejemos de hacer
obras buenas a los ojos humanos; no olvidemos que tenemos deberes,
responsabilidades, tareas, etc.
Es
muy común pensar que la palabra mérito sea interpretada como ‘lo que sirve de
algo’ y por eso es fácil caer en el error de pensar que si las obras hechas en
pecado mortal no tienen mérito sobrenatural, pues entonces ¿para qué hacerlas?
Lo
que induciría a pensar que da lo mismo hacer el bien o dejarlo de hacer. Estas
acciones sin mérito sobrenatural son necesarias e incluso es obligatorio
hacerlas pues fuera de que tienen merito natural, entre otras cosas, pueden
disponer a la persona para la gracia, empezando por la gracia de la conversión.
Por lo tanto, es preferible y recomendable que esta persona continúe haciendo
buenas obras a que deje de hacerlas. Ahora, otra cosa importante a tener en
cuenta: No vayamos a pensar erróneamente que cuando se pierde la gracia
santificante esa persona deje de ser amada por Dios o que Dios ya no la mire
con benevolencia.
Obras
en Estado de Gracia y luego caer en pecado: Si una persona ha hecho obras meritorias
desde el plano sobrenatural y luego peca y pero nuevamente se confiesa y
recupera la gracia santificante, esas obras no pierden sus meritos
sobrenaturales porque fueron hechas en gracia de Dios. Aquí entonces se habla
de la «reviviscencia» de los méritos anteriores. ¿Qué se quiere decir con esto?
Que esos méritos “no mueren” (Suma Teológica III, 89, 5); permanecen ante Dios,
pero no tienen eficacia para llevar a la vida eterna a la persona que los
mereció hasta tanto no se recupere el estado de gracia. Cuando se recupera la
gracia esas obras recuperan la eficacia de conducir a la vida eterna. La
Iglesia usa el término ‘sobrenatural’ para referirse a las realidades que de
suyo están por encima de nuestras propias acciones naturales, es decir, más
allá de nuestra naturaleza.
La
Oración
Con
respecto a la oración pongo un ejemplo para analizar el tema: El estar en
estado de coma profundo o en estado vegetativo. Si no se tiene la vida de Dios
es como, p.e., estar en coma profundo o en estado vegetativo y si se está en
esta situación, espiritualmente hablando, pues no se puede comulgar, pues estas
personas, que parecen muertas, no comen.
Ahora,
el hecho de estar en pecado grave o no tener la vida de Dios o muertos
espiritualmente no significa tampoco que no se pueda orar; claro que se puede
orar pues, siguiendo con el ejemplo anterior, la persona en coma profundo o en
estado vegetativo sí que puede tener una actividad cerebral y es aquí que entra
la oración, sobre todo la oración de arrepentimiento, la oración que motiva la
conversión.
Y sí
que sirve rezar en pecado mortal, porque la oración te ayuda a que no decaiga
tu fe, te sirve para no seguir pecando, para no alejarte aun más de Dios, para
tener la seria intención de conseguir la gracia del perdón en la confesión y
‘salir de ese estado de coma profundo’. El
orar a Dios nunca puede ser malo, independientemente de la condición de gracia
en la que se encuentre la persona; es más, la Iglesia te
recomienda incluso acudir a la comunión espiritual si es que no es posible
recibir la Eucaristía al estar en pecado mortal.
Fuente: Aleteia
