Trata de mercedes grandes que hace Dios a las almas que han
llegado a entrar en las séptimas moradas. Dice cómo, a su parecer, hay
diferencia alguna del alma al espíritu, aunque
es todo uno. Hay cosas de notar.
1. Pareceros ha, hermanas, que está dicho tanto en este
camino espiritual, que no es posible quedar nada por decir. Harto desatino
sería pensar esto; pues la grandeza de Dios no tiene término, tampoco le
tendrán sus obras. ¿Quién acabará de contar sus misericordias y grandezas? (1)
Es imposible, y así no os espantéis de lo que está dicho y se dijere, porque es
una cifra de lo que hay que contar de Dios.
Harta misericordia nos hace que
haya comunicado estas cosas a persona que las podamos venir a saber, para que
mientras más supiéremos que se comunica con las criaturas, más alabaremos su
grandeza y nos esforzaremos a no tener en poco almas con que tanto se deleita
el Señor, pues cada una de nosotras la tiene, sino que como no las preciamos
como merece criatura hecha a la imagen de Dios, así no entendemos los grandes
secretos que están en ella.
Plega a Su Majestad, si es servido, menee la pluma y me dé a
entender cómo yo os diga algo de lo mucho que hay que decir y da Dios a
entender a quien mete en esta morada. Harto lo he suplicado a Su Majestad, pues
sabe que mi intento es que no estén ocultas sus misericordias, para que más sea
alabado y glorificado su nombre.
2. Esperanza tengo que, no por mí, sino por nosotras, hermanas,
me ha de hacer esta merced, para que entendáis lo que os importa que no quede
por vosotras el celebrar vuestro Esposo este espiritual matrimonio con vuestras
almas, pues trae tantos bienes consigo como veréis. ¡Oh gran Dios!, parece que
tiembla una criatura tan miserable como yo de tratar en cosa tan ajena de lo
que merezco entender. Y es verdad que he estado en gran confusión pensando si
será mejor acabar con pocas palabras esta morada; porque me parece que han de
pensar que yo lo sé por experiencia, y háceme grandísima vergüenza, porque,
conociéndome la que soy, es terrible cosa. Por otra parte, me ha parecido que
es tentación y flaqueza, aunque más juicios de estos echéis. Sea Dios alabado y
entendido un poquito más, y gríteme todo el mundo; cuánto más que estaré yo
quizá muerta cuando se viniere a ver. Sea bendito el que vive para siempre y
vivirá, amén.
3. Cuando nuestro Señor es servido haber piedad de lo que
padece y ha padecido por su deseo esta alma que ya espiritualmente ha tomado
por esposa, primero que se consuma el matrimonio espiritual métela en su
morada, que es esta séptima; porque así como la tiene en el cielo, debe tener
en el alma una estancia adonde sólo Su Majestad mora, y digamos otro cielo.
Porque nos importa mucho, hermanas, que no entendamos es el alma alguna cosa
oscura; que como no la vemos, lo más ordinario debe parecer que no hay otra luz
interior sino ésta que vemos, y que está dentro de nuestra alma alguna
oscuridad. De la que no está en gracia yo os lo confieso, y no por falta del
Sol de Justicia (2) que está en ella dándole ser; sino por no ser ella capaz
para recibir la luz, como creo dije en la primera morada, que había entendido
una persona que estas desventuradas almas es así que están como en una cárcel
oscura, atadas de pies y manos para hacer ningún bien que les aproveche para
merecer (3), y ciegas y mudas. Con razón podemos compadecernos de ellas y mirar
que algún tiempo nos vimos así y que también puede el Señor haber misericordia
de ellas.
4. Tomemos, hermanas, particular cuidado de suplicárselo y
no nos descuidar, que es grandísima limosna rogar por los que están en pecado
mortal; muy mayor que sería si viésemos un cristiano atadas las manos atrás con
una fuerte cadena y él amarrado a un poste y muriendo de hambre, y no por falta
de qué coma, que tiene cabe sí muy extremados manjares, sino que no los puede
tomar para llegarlos a la boca, y aun está con grande hastío, y ve que va ya a
expirar, y no muerte como acá, sino eterna, ¿no sería gran crueldad estarle
mirando y no le llegar a la boca qué comiese? Pues ¿qué si por vuestra oración
le quitasen las cadenas? Ya lo veis. Por amor de Dios os pido que siempre
tengáis acuerdo (4) en vuestras oraciones de almas semejantes.
5. No hablamos ahora con ellas, sino con las que ya, por la
misericordia de Dios, han hecho penitencia por sus pecados y están en gracia,
que podemos considerar no una cosa arrinconada y limitada, sino un mundo
interior, adonde caben tantas y tan lindas moradas como habéis visto; y así es
razón que sea, pues dentro de esta alma hay morada para Dios.
Pues cuando Su Majestad es servido de hacerle la merced
dicha (5) de este divino matrimonio, primero la mete en su morada, y quiere Su
Majestad que no sea como otras veces que la ha metido en estos arrobamientos,
que yo bien creo que la une consigo entonces y en la oración que queda dicha de
unión (6), aunque no le parece al alma que es tan llamada para entrar en su
centro, como aquí en esta morada, sino a la parte superior. En esto va poco:
sea de una manera o de otra, el Señor la junta consigo; mas es haciéndola ciega
y muda, como lo quedó San Pablo en su conversión (7), y quitándola el sentir
cómo o de qué manera es aquella merced que goza; porque el gran deleite que
entonces siente el alma, es de verse cerca de Dios. Mas cuando la junta
consigo, ninguna cosa entiende, que las potencias todas se pierden.
6. Aquí es de otra manera: quiere ya nuestro buen Dios
quitarla las escamas de los ojos y que vea y entienda algo de la merced que le
hace, aunque es por una manera extraña; y metida en aquella morada, por visión
intelectual (8), por cierta manera de representación de la verdad, se le
muestra la Santísima Trinidad, todas tres personas, con una inflamación que
primero viene a su espíritu a manera de una nube de grandísima claridad, y
estas Personas distintas, y por una noticia admirable que se da al alma,
entiende con grandísima verdad ser todas tres Personas una sustancia y un poder
y un saber y un solo Dios; de manera que lo que tenemos por fe, allí lo entiende
el alma, podemos decir, por vista, aunque no es vista con los ojos del cuerpo
(9), porque no es visión imaginaria. Aquí se le comunican todas tres Personas,
y la hablan, y la dan a entender aquellas palabras que dice el Evangelio que
dijo el Señor: que vendría El y el Padre y el Espíritu Santo a morar con el
alma que le ama y guarda sus mandamientos (10).
7. ¡Oh, válgame Dios! ¡Cuán diferente cosa es oír estas
palabras y creerlas (11), a entender por esta manera cuán verdaderas son! Y
cada día se espanta más esta alma, porque nunca más le parece se fueron de con
ella, sino que notoriamente ve, de la manera que queda dicho (12), que están en
lo interior de su alma, en lo muy muy interior, en una cosa muy honda, que no
sabe decir cómo es, porque no tiene letras, siente en sí esta divina compañía.
8. Pareceros ha que, según esto, no andará en sí, sino tan
embebida que no pueda entender en nada. Mucho más que antes, en todo lo que es
servicio de Dios, y en faltando las ocupaciones, se queda con aquella agradable
compañía; y si no falta a Dios el alma, jamás El la faltará, a mi parecer, de
darse a conocer tan conocidamente su presencia; y tiene gran confianza que no
la dejará Dios, pues la ha hecho esta merced, para que la pierda; y así se
puede pensar, aunque no deja de andar con más cuidado que nunca, para no le
desagradar en nada.
9. El traer esta presencia entiéndese que no es tan
enteramente, digo tan claramente, como se le manifiesta la primera vez y otras
algunas que quiere Dios hacerle este regalo; porque si esto fuese, era
imposible entender en otra cosa, ni aun vivir entre la gente; mas aunque no es
con esta tan clara luz siempre que advierte se halla con esta compañía. Digamos
ahora como una persona que estuviese en una muy clara pieza con otras y
cerrasen las ventanas y se quedase a oscuras; no porque se quitó la luz para
verlas y que hasta tornar la luz no las ve, deja de entender que están allí. Es
de preguntar si cuando torna la luz y las quiere tornar a ver, si puede. Esto
no está en su mano, sino cuando quiere nuestro Señor que se abra la ventana del
entendimiento; harta misericordia la hace en nunca se ir de con ella y querer
que ella lo entienda tan entendido.
10. Parece que quiere aquí la divina Majestad disponer el
alma para más con esta admirable compañía; porque está claro que será bien
ayudada para en todo ir adelante en la perfección y perder el temor que traía
algunas veces de las demás mercedes que la hacía, como queda dicho (13). Y así
fue, que en todo se hallaba mejorada, y le parecía que por trabajos y negocios
que tuviese, lo esencial de su alma jamás se movía de aquel aposento, de manera
que en alguna manera le parecía había división en su alma, y andando con
grandes trabajos, que poco después que Dios le hizo esta merced tuvo, se
quejaba de ella, a manera de Marta (14) cuando se quejó de María, y algunas
veces la decía que se estaba ella siempre gozando de aquella quietud a su
placer, y la deja a ella en tantos trabajos y ocupaciones, que no la puede
tener compañía.
11. Esto os parecerá, hijas, desatino, mas verdaderamente
pasa así; que aunque se entiende que el alma está toda junta, no es antojo lo
que he dicho, que es muy ordinario. Por donde decía yo (15) que se ven cosas
interiores, de manera que cierto se entiende hay diferencia en alguna manera, y
muy conocida, del alma al espíritu, aunque más sea todo uno. Conócese una
división tan delicada, que algunas veces parece obra de diferente manera lo uno
de lo otro, como el sabor que les quiere dar el Señor. También me parece que el
alma es diferente cosa de las potencias y que no es todo una cosa. Hay tantas y
tan delicadas en lo interior, que sería atrevimiento ponerme yo a declararlas.
Allá lo veremos, si el Señor nos hace merced de llevarnos por su misericordia,
adonde entendamos estos secretos.
NOTAS
MORADAS VII, c. 1
1 Es un
eco de Exodo 18, 2-4.
2 Sol de
justicia: imagen bíblica (Malac. 4, 2), ya utilizada en M. VI, 5, 9. - A
continuación: Como dije... de una persona: persiste el recurso al anonimato de
sí misma: remite a M. I, 1-3. Otros pasajes autobiográficos paralelos: R. 29, 1
(visión de la presencia de Dios en el alma), R. 24 (alma en pecado), 45
(presencoia divina de inmensidad), etc. Cf. asimismo Vida 40.
3 Para
merecer: fue añadido por la Santa entre líneas cediendo probablemente a las
presiones de Gracián y de Yanguas. Ya en M. I, 2, 1 hizo Gracián una corrección
similar.
4 Tengáis
acuerdo: os acordéis.
5 En el
n. 3.
6 Moradas
V.
7 Según
Act 9, 8, San Pablo quedó ciego, no mudo. Cf. M. VI, c. 9, n. 10.
8 El P.
Gracián retocó este pasaje en el autógrafo: "por visión o conocimiento
intelectual que nace de la fe". Ribera tachó la enmienda. Fray Luis, en
cambio, se creyó en el deber de proteger el texto teresiano con una larga nota
marginal, en su edición príncipe: "Aunque el hombre en esta vida,
perdiendo el uso de los sentidos y elevado por Dios, puede ver de paso su
esencia, como probablemente se dice de San Pablo y de Moisés y de otros
algunos, mas no habla aquí la Madre de esta manera de visión, que aunque es de
paso, es clara e intuitiva, sino habla de un conocimiento deste misterio que da
Dios a añlgunas almas por medio de una luz grandísima que les infunde, y no sin
alguna especie criada. Mas porque esta especie no es corporal, ni que se figura
en la imaginación, por eso la Madre dice que esta visión es intelectual y no
imaginaria" (p. 234).
9 Había
escrito: ni del alma. Luego lo borró.
10 Jn 14,
23. - En el autógrafo, todo este delicado pasaje fue salpicado de correcciones
y retoques por el P. Gracián: "Lo que tenemos por fe, allí lo entiende más
el alma; podemos decir que parece [tacha por] vista, aunque no es vista con los
ojos del cuerpo [tacha ni del alma], porque Dios es espíritu ni con
imaginación. Las negritas son del P. Gracián. - La gracia aquí descrita tiene
su correspondencia autobiográfica y redaccional en la Rel. 16.
11 Al
margen del autógrafo, anotó de nuevo Gracián: "como comúnmente se creen y
oyen". - Tanto esta acotación como las de la nota anterior tachadas por
Ribera.
12 O sea,
por visión intelectual: cf. n. 6.
13 Cf.
Moradas VI, 3, 3 y 17; c. 6, n. 6; c. 7, n. 3; c. 8, nn. 3-4.
14 Se
quejaba de ella, es decir, de la propia alma. Alusión a Lc 10, 40.
15 En
Moradas VI, 5, 1 y 9.
