Que trata cómo se han de descuidar de
las necesidades corporales, y del bien que hay en la pobreza.
1. No penséis, hermanas mías, que por
no andar a contentar a los del mundo os ha de faltar de comer, yo os aseguro.
Jamás por artificios humanos pretendáis sustentaros, que moriréis de hambre, y
con razón. Los ojos en vuestro esposo; él os ha de sustentar. Contento él,
aunque no quieran, os darán de comer los menos vuestros devotos, como lo habéis
visto por experiencia.
Si haciendo vosotras esto muriereis de hambre,
¡bienaventuradas las monjas de San José! Esto no se os olvide, por amor del
Señor. Pues dejáis la renta, dejad el cuidado de la comida; si no, todo va
perdido. Los que quiere el Señor que la tengan, tengan enhorabuena esos
cuidados, que es mucha razón, pues es su llamamiento; mas nosotras, hermanas,
es disparate.
3. Mirad, hermanas, que va mucho en
esto muerta yo, que para esto os lo dejo escrito; que mientras yo viviere os lo
acordaré, que por experiencia veo la gran ganancia: cuando menos hay, más
descuidada estoy, y sabe el Señor que, a mi parecer, me da más pena cuando
mucho sobra que cuando nos falta. No sé si lo hace como ya tengo visto nos lo da
luego el Señor. Sería engañar el mundo otra cosa, hacernos pobres no lo siendo
de espíritu, sino en lo exterior. Conciencia se me haría, a manera de decir, y
parecerme hía era pedir limosna las ricas, y plega a Dios no sea así, que
adonde hay estos cuidados demasiados de que den, una vez u otra se irán por la
costumbre, o podrían ir y pedir lo que no han menester, por ventura a quien
tiene más necesidad. Y aunque ellos no pueden perder nada sino ganar, nosotras
perderíamos. No plega a Dios, mis hijas. Cuando esto hubiera de ser, más
quisiera tuvierais renta.
4. En ninguna manera se ocupe en esto
el pensamiento, os pido por amor de Dios en limosna. Y la más chiquita, cuando
esto entendiese alguna vez en esta casa, clame a Su Majestad y acuérdelo a la
mayor. Con humildad le diga que va errada; y valo tanto, que poco a poco se va
perdiendo la verdadera pobreza. Yo espero en el Señor no será así ni dejará a
sus siervas. Y para esto, aunque no sea para más, aproveche esto que me habéis
mandado escribir por despertador.
5. Y crean, mis hijas, que para vuestro
bien me ha dado el Señor un poquito a entender los bienes que hay en la santa
pobreza, y las que lo probaren lo entenderán, quizá no tanto como yo; porque no
sólo no había sido pobre de espíritu, aunque lo tenía profesado, sino loca de
espíritu. Ello es un bien que todos los bienes del mundo encierra en sí (2). Es
un señorío grande. Digo que es señorear todos los bienes de él otra vez a quien
no se le da nada de ellos. ¿Qué se me da a mí de los reyes y señores, si no
quiero sus rentas, ni de tenerlos contentos, si un tantito se atraviesa haber
de descontentar en algo por ellos a Dios? ¿Ni qué se me da de sus honras, si
tengo entendido en lo que está ser muy honrado un pobre, que es en ser
verdaderamente pobre?
6. Tengo para mí que honras y dineros
casi siempre andan juntos, y que quien quiere honra no aborrece dineros, y que
quien los aborrece que se le da poco de honra. Entiéndase bien esto, que me
parece que esto de honra siempre trae consigo algún interés de rentas o
dineros; porque por maravilla hay honrado (3) en el mundo si es pobre; antes,
aunque lo sea en sí, le tienen en poco. La verdadera pobreza trae una honraza
consigo que no hay quien la sufra; la pobreza que es tomada por solo Dios,
digo, no ha menester contentar a nadie, sino a él. Y es cosa muy cierta, en no
habiendo menester a nadie, tener muchos amigos. Yo lo tengo bien visto por
experiencia.
7. Porque hay tanto escrito de esta
virtud que no lo sabré yo entender, cuánto más decir, y por no la agraviar en
loarla yo, no digo más de ella. Sólo he dicho lo que he visto por experiencia,
y yo confieso que he ido tan embebida, que no me he entendido hasta ahora. Mas,
pues está dicho, por amor del Señor, pues son nuestras armas la santa pobreza y
lo que al principio de la fundación de nuestra Orden tanto se estimaba y
guardaba en nuestros santos Padres (que) me ha dicho quien la sabe, que de un
día para otro no guardaban nada), ya que en tanta perfección en lo exterior no
se guarde, en lo interior procuremos tenerla. Dos horas son de vida, grandísimo
el premio; y cuando no hubiera ninguno sino cumplir lo que nos aconsejó el
Señor, era grande la paga imitar en algo a Su Majestad.
8. Estas armas han de tener nuestras
banderas, que de todas maneras lo queramos guardar: en casa, en vestidos, en
palabras y mucho más en el pensamiento. Y mientras esto hicieren, no hayan
miedo caiga la religión de esta casa, con el favor de Dios; que, como decía
Santa Clara, grandes muros son los de la pobreza. De éstos, decía ella, y de
humildad quería cercar sus monasterios (4). Y a buen seguro, si se guarda de
verdad, que esté la honestidad y todo lo demás fortalecido mucho mejor que con
muy suntuosos edificios. De esto se guarden; por amor de Dios y por su sangre
se lo pido yo; y si con conciencia puedo decir, que el día que tal hicieren se
torne a caer (5).
9. Muy mal parece, hijas mías, de la
hacienda de los pobrecitos se hagan grandes casas. No lo permita Dios, sino
pobre en todo y chica. Parezcámonos en algo a nuestro Rey, que no tuvo casa,
sino en el portal de Belén adonde nació, y la cruz adonde murió. Casas eran
éstas adonde se podía tener poca recreación. Los que las hacen grandes, ellos
se entenderán; llevan otros intentos santos. Mas trece pobrecitas, cualquier
rincón les basta. Si porque es menester por el mucho encerramiento tuvieren
campo (y) aun ayuda a la oración y devoción) con algunas ermitas para apartarse
a orar, enhorabuena; mas edificios y casa grande ni curioso nada, ¡Dios nos
libre! Siempre os acordad se ha de caer todo el día del juicio; ¿qué sabemos si
será presto?
10. Pues hacer mucho ruido al caerse
casa de trece pobrecillas no es bien, que los pobres verdaderos no han de hacer
ruido; gente sin ruido ha de ser para que los hayan lástima. Y cómo se holgarán
si ven alguno por la limosna que les ha hecho librarse del infierno; que todo
es posible, porque están muy obligadas a rogar por sus almas muy continuamente,
pues os dan de comer; (6) que también quiere el Señor que, aunque viene de su
parte, lo agradezcamos a las personas por cuyo medio nos lo da; y de esto no
haya descuido.
11. No sé lo que había comenzado a
decir, que me he divertido. Creo lo ha querido el Señor, porque nunca pensé
escribir lo que aquí he dicho. Su Majestad nos tenga siempre de su mano para
que no se caiga de ello, amén.
NOTAS
1 Cf. Lc. 21, 33.
2 En la 1ª redacción se lee: ... todos los bienes
del mundo encierra en sí y, creo, muchos de los de todas las virtudes. En esto
no me afirmo, porque no sé el valor que tiene cada una, y lo que no me parece
entiendo bien, no lo dirá; mas tengo para mí que abraza a muchas.
3 Honrado: ser objeto de honores.
4 Lo leyó en una de las vidas de S. Clara. En 1526
se había editado en Toledo la Leyenda mayor de S. Francisco y S. Clara, de S.
Buenaventura (n. 13. BAC p. 144).
5 En la 1ª redacción había escrito con mucha más
fuerza: y si con conciencia puedo [?] decir que el día que tal quisieren se
torne a caer que las mate a todas, yendo con buena conciencia, lo digo y lo
suplicará a Dios.
6 El mismo inciso en cursiva está tomado de la 1ª
redacción. La Santa lo omitió por descuido al pasar la página. Ya fray Luis de
León (p. 10) lo introdujo en el texto. La propia Santa, al corregir el ms. de
Salamanca, enmendó entre líneas: "muy obligadas de encomendarlos a
Dios".
Fuente: Mercaba
