«Gracias a esta labor misionera, están
con nosotros. Los dos sacerdotes son fruto de los misioneros, ahora de allí
vienen para acá», declara Isaac Benito, director del Secretariado de Misiones
del Obispado y antes misionero durante muchos años en África. Son el colombiano
Iván Becerra y el camerunés Ulrich Edoa, el primero es el párroco de Navas de
Oro y de varios pueblos más, el segundo, el responsable de la parroquia que
atiende a Pedraza y sus alrededores.
Estudió en un colegio de
Hermanos Maristas, donde nació su vocación «por el anuncio gozoso de los
misioneros», que en su país muestran al Jesús «teórico» y «resaltan en primer
lugar los derechos humanos, el derecho a la vida, la dignidad, la toma de conciencia
moral», y después trabajan por el desarrollo de los pueblos, la educación y el
impulso de proyectos sociales.
El joven sacerdote advirtió pronto en su
Colombia natal «el papel fundamental de la Iglesia en los países en conflicto
como mediadora entre los gobiernos y las fuerzas que recurren a las armas». Y
su estancia ahora en España, resalta, «es fruto de la acción misionera de
muchos españoles y europeos».
Ulrich
tiene nombre alemán, heredado de los religiosos centroeuropeos y holandeses que
trabajan en Camerún y en muchos países de África, donde toda la formación
básica, dice, «fue un regalo de los misioneros»; de la misma manera que «los
políticos y los sacerdotes son fruto de la misión».
Allí se dio cuenta «de la
universalidad de la Iglesia» y decidió formarse y aprender idiomas. Afirma que
aún le cuesta (aunque no se le nota) hablar bien español, y recuerda el día que
llegó a Valleruela de Pedraza y encontró todas las casas cerradas. Gritó:
«¡¿Dónde está la gente?!». Ya es uno más de la comunidad.
Como Iván Becerra,
Ulrich Edoa notó el choque cultural, pero se siente bien acogido. Ahora bien,
acostumbrados a misas de hasta dos horas, cantadas y muy participativas, en
Segovia han descubierto la prisa de los feligreses: sus misas no suelen pasar
de 45 minutos.
Fuente: El Norte de Castilla/Segovia
