No juzgues temerariamente de los hechos o dichos ajenos, ni te entremetas en lo que no te han encomendado: con esto podrá ser poco o tarde te turbes
Jesucristo:
1. Hijo, no quieras ser
curioso, ni tener cuidados impertinentes. ¿Qué te va a ti de esto o de lo otro?
Sígueme tú. ¿Qué te importa que aquel sea tal o cual; o que este viva o hable
de este o del otro modo? No necesitas tú responder por otros, sino dar razón de
ti mismo. ¿Pues por qué te ocupas en eso? Mira que yo conozco a todos; veo
cuanto pasa debajo del sol, y sé de que manera está cada uno, qué piensa, que
quiere, y a qué fin dirige su intención. Por eso se deben encomendar a Mí todas
las cosas; pero tú consérvate en santa paz, y deja al bullicioso hacer cuanto
quisiere. Sobre él vendrá lo que hiciere, porque no puede engañarme.
2. No tengas cuidado de
la autoridad y gran nombre, ni de la familiaridad de muchos, ni del amor
particular de los hombres. Porque esto causa distracciones y grandes tinieblas
en el corazón. De buena gana te hablaría mi palabra, y te revelaría mis
secretos, si tú esperases con diligencia mi venida, y me abrieses la puerta del
corazón. Está apercibido, y vela en oración, y humíllate en todo.
Capítulo XXV: En qué consiste la paz
firme del corazón, y el verdadero
aprovechamiento.
1. Hijo, yo dije: La
paz os dejo, mi paz os doy; y no la doy como la del mundo. Todos desean la paz;
mas no tienen todos cuidado de las cosas que pertenecen a la verdadera paz. Mi
paz está con los humildes y mansos de corazón. Tu paz la hallarás en la mucha
paciencia. Si me oyeres y siguieres mi voz, podrás gozar de mucha paz. El Alma:
2. ¿Pues qué haré?
Jesucristo:
3. Mira en todas las
cosas lo que haces y lo que dices, y dirige toda tu intención al fin de agradarme
a Mí solo, y no desear ni buscar nada fuera de Mí. Ni juzgues temerariamente de
los hechos o dichos ajenos, ni te entremetas en lo que no te han encomendado:
con esto podrá ser poco o tarde te turbes. Porque el no sentir alguna tribulación,
ni sufrir alguna fatiga en el corazón o en el cuerpo, no es de este siglo, sino
propio del eterno descanso. No juzgues, pues, haber hallado la verdadera paz,
porque no sientas alguna pesadumbre; ni que ya es todo bueno, porque no tengas
ningún adversario; ni que está la perfección en que todo te suceda según tú
quieres. Ni entonces te reputes por grande o digno especialmente de amor,
porque tengas gran devoción y dulzura; porque en estas cosas no se conoce el verdadero
amador de la virtud, ni consiste en ellas el provecho y perfección del hombre.
El Alma:
4. ¿Pues
en qué consiste, Señor?
5. En ofrecerte de todo tu corazón a la divina
voluntad, no buscando tu interés en lo poco, ni en lo mucho, ni en lo temporal,
ni en lo eterno. De manera que con rostro igual, des gracias a Dios en las
cosas prósperas y adversas, pensándolo todo con un mismo peso. Si fueres tan
fuerte y firme en la esperanza que, quitándote la consolación interior, aún
esté dispuesto tu corazón para padecer mayores penas, y no te justificares,
diciendo que no debieras padecer tales ni tantas cosas, sino que me tuvieres
por justo y alabares por santo en todo lo que Yo ordenare, cree entonces que
andas en el recto camino de la paz, y podrás tener esperanza cierta de ver
nuevamente mi rostro con júbilo. Y si llegares al perfecto menosprecio de ti
mismo, sábete que entonces gozaras de abundancia de paz, cuanto cabe en este
destierro.
Capítulo XXVI: De la elevación del
espíritu libre, la cual se alcanza mejor con la oración humilde que con la
lectura.
El Alma:
1.
Señor, obra es de varón perfecto no
entibiar nunca el ánimo en la consideración de las cosas celestiales, y entre
muchos cuidados pasar casi sin cuidado, no a la manera de un estúpido, sino con
la prerrogativa de un alma libre, que no pone desordenado afecto en criatura
alguna.
2. Ruégote piadosísimo
Dios mío, que me apartes de los cuidados de esta vida, para que no me embarace
demasiado en ellos; para que no me deje llevar del deleite ni de las muchas
necesidades del cuerpo; para que no pierda el fruto con los muchos obstáculos y
molestias del alma. No hablo de las cosas que la vanidad mundana desea con
tanto afecto; sino de aquellas miserias que penosamente agravan y detienen el
alma de tu siervo, con la común maldición de los mortales; para que no pueda
alcanzar la libertad del espíritu cuantas veces quisiere.
3. ¡Oh, Dios mío, dulzura
inefable! Conviérteme en amargura todo consuelo carnal, que me aparta del amor
de los eternos, lisonjeándome torpemente con la vista de bienes temporales que
deleitan. No me venza, Dios mío, no me venza la carne y la sangre; no me engañe
el mundo y su breve gloria; no me derribe el demonio y su astucia. Dame
fortaleza para resistir, paciencia para sufrir, constancia para perseverar.
Dame en lugar de todas las consolaciones del mundo la suavísima unción de tu
espíritu; y en lugar del amor carnal infúndeme el amor de tu nombre.
4. Porque muy embarazosas
son para el espíritu fervoroso la comida, la bebida, el vestido, y todas las
demás cosas necesarias para sustentar el cuerpo. Concédeme usar de todo lo
necesario templadamente, y que no me ocupe en ello con sobrado afecto. No es
lícito dejarlo todo, porque se ha de sustentar la naturaleza; pero la ley santa
prohíbe buscar lo superfluo y lo que más deleita; porque de otro modo la carne
se rebelará contra el espíritu. Ruégote, Señor, que me rija y enseñe tu mano en
estas cosas para que en nada me exceda.
Capítulo XXVII: El amor propio nos
desvía mucho del bien eterno
Jesucristo:
1. Hijo, conviene que lo
des todo por el todo; y no ser nada de ti mismo. Sabe que amor propio te daña más
que ninguna cosa del mundo. Según fuere el amor y afición que tienes a las
cosas, estarás más o menos ligado a ellas. Si tu amor fuere puro, sencillo y
bien ordenado, no serás esclavo de ninguna. No codicies lo que no te conviene
tener. No quieras tener cosa que te pueda impedir y quitar la libertad
interior. Es de admirar que no te entregues a Mí de lo íntimo del corazón, con
todo lo que puedes tener o desear.
2. ¿Por qué te consumes
con vana tristeza? ¿Por qué te fatigas con superfluos cuidados? Está a mi
voluntad, y no sentirás daño alguno. Si buscas esto o aquello, y quisieres
estar aquí o allí por tu provecho, y propia voluntad, nunca tendrás quietud, ni
estarás libre de cuidados; porque en todas hay alguna falta, y en cada lugar
habrá quien te ofenda.
3. Y así, no cualquier
cosa alcanzada o multiplicada exteriormente aprovecha; sino más bien la
despreciada y desarraigada del corazón. No entiendas eso solamente de las
posesiones y de las riquezas; sino también de la ambición de la honra, y deseo
de vanas alabanzas, todo lo cual pasa con el mundo. Importa poco el lugar, si
falta el fervor del espíritu; ni durará mucho la paz buscada por de fuera, si
falta el verdadero fundamento de la disposición del corazón; quiero decir, si
no estuvieses en Mí, puedes mudarte, pero no mejorarte. Porque en llegando y
agradando la ocasión, hallarás lo mismo que huías, y más. Oración para pedir la
limpieza de corazón, y la Sabiduría celestial.
El Alma:
4. Confírmame, Señor, en
la gracia del Espíritu Santo. Dame esfuerzo para fortalecerme en mi interior, y
desocupar mi corazón de toda inútil solicitud y congoja, y para que no me
lleven tras sí, tan varios deseos por cualquier cosa vil o preciosa; sino que
las mire todas como pasajeras, y a mí mismo como que he de pasar con ellas.
Porque nada hay permanente debajo del sol, adonde todo es vanidad y aflicción
de espíritu. ¡Oh! ¡Cuán sabio es el que así piensa!
5. Dame, Señor, sabiduría
celestial, para que aprenda a buscarte y hallarte sobre todas las cosas,
gustarte y amarte sobre todas y entender lo demás como es, según el orden de tu
sabiduría. Dame prudencia para desviarme del lisonjero, y sufrir con paciencia
el adversario. Porque esta es muy gran sabiduría, no moverse a todo viento de
palabras, ni tampoco dar oídos a la engañosa sirena, pues así se anda con
seguridad el camino del cielo.
Fuente: Encuentra
