En su primer discurso como presidente de la Conferencia Episcopal, asegura que
España necesita «una regeneración moral»
Monseñor Ricardo Blázquez se presentó este lunes ante la Asamblea Plenaria de los obispos con mensajes muy
claros. Era su primer discurso como presidente
de la Conferencia Episcopal después de que fuera elegido para ese cargo el
pasado mes de marzo.
Durante su mensaje, el prelado abordó cuestiones
fundamentales como la retirada
de la ley del aborto, la situación de la familia ante la reciente clausura
del Sínodo Extraordinario convocado por el Papa Francisco y los escándalos de
corrupción.
A pocos días de la celebración de una multitudinaria manifestación
a favor de la vida, la mujer y la maternidad, convocada por 40 asociaciones
en todo el país, el presidente del Episcopado aseguró que los obispos siguen
«desconcertados» ante la noticia de la marcha atrás del anteproyecto de Ley de
protección de la vida del concebido y los derechos de la mujer embarazada y
«desean que cuanto antes sea cambiada eficazmente la legislación en el sentido
de defender la vida de los niños en camino».
«Continuamos padeciendo el mismo desconcierto y reclamando lo
prometido en el programa electoral», afirmó el también arzobispo de Valladolid,
quien a renglón seguido añadió que «la ciencia enseña que desde la concepción
hay un tercer ser humano distinto de los padres. No es un tumor, sino un
hijo». El prelado tomó prestadas unas palabras del filósofo Julián
Marías, con motivo del centenario de su nacimiento, para advertir que la
aceptación social del aborto «ha sido uno de los hechos más graves de nuestro
tiempo». «Queremos trabajar para que esta aceptación social se convierta en un
rechazo social», aseveró.
Por ello, el presidente de los obispos y en un guiño a la
manifestación del 22-N saludó todas las iniciativas de la sociedad civil, que
«canalicen las convicciones de los ciudadanos que quieren construir de manera
plenamente democrática una sociedad justa y libre en la que la vida humana sea protegida en
todas sus etapas».
«Sin abortos provocados, la sociedad será moralmente mucho más
limpia. Nadie tiene el
derecho a decidir a quién se deja nacer y a quién se le corta el paso»,
aseveró el prelado, que se preguntó por las razones por las que el «Tribunal
Constitucional no ha respondido todavía al recurso que hace cuatro años le fue
presentado contra la segunda ley del aborto».
Regeneración moral, un clamor
Los sucesivos escándalos de corrupción que salpican la vida pública
española también concentró la atención del presidente de la Conferencia
Episcopal, quien recordó que los obispos «no podemos inhibirnos de la situación
de la sociedad de la que formamos parte y a la que queremos servir».
«Es una convicción generalizada y un clamor que resuena en todos los
rincones, el que necesitamos
como pueblo una regeneración moral. La noticia de tantos hechos que nos
abochornan, desmoralizan y entristecen debe llevarnos a detectar las causas y a
cambiar el curso de las cosas. Las leyes son necesarias, pero su vinculación
personal debe ser fortalecida con la conciencia ética», señaló el prelado, al
tiempo que invitó a la sociedad a «no silenciar esa llamada interior a evitar el
mal y hacer el bien; aunque ni la policía, ni la Justicia, ni los medios de
comunicación social nos descubrieran», algo, que según indicó, «es cada día más
improbable».
«Sin conducta moral, sin honradez, sin respeto a los demás, sin
servicio al bien común, sin solidaridad con los necesitados, nuestra sociedad se
degrada. La calidad de una sociedad tiene que ver fundamentalmente con su
calidad moral. Sin valores
morales, se apodera de nosotros el malestar, al contemplar el presente, y
la pesadumbre, al proyectar nuestro futuro», aseveró.
Cada vez menos matrimonios
Las reflexiones del Sínodo extraordinario de obispos sobre la
situación de la familia, fue otra de las cuestiones que monseñor Blázquez abordó
en su primer discurso ante la Asamblea Plenaria de los obispos. El prelado
abulense participó en este encuentro convocado por el Papa y al que estaban
invitados los presidentes de las respectivas conferencias episcopales, además de
los presidentes de los dicasterios y algunos expertos y familias.
Con el objetivo de promover una «mayor participación eclesial»,
monseñor Blázquez invitó a trasladar a las diócesis, las facultades de Teología
y las comisiones de la Conferencia Episcopal las reflexiones realizadas por el
sínodo sobre cuestiones como «la agilización
de los procesos judiciales de declaración de nulidad; la relación entre fe
cristiana y sacramento del matrimonio; la indisolubilidad del sacramento del
matrimonio y el posible acceso a la penitencia y la comunión divorciados
vueltos a casar».
En este sentido, monseñor Blázquez invitó a seguir en todos los
espacios de la Iglesia la actitud solicitada por el Papa en el sínodo de «hablar
con libertad y escuchar con humildad». «¡Que esta sea también nuestra actitud en
la presente Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal!», añadió.
Sobre los aspectos más preocupantes de la situación de la familia,
el presidente de los obispos se refirió al aumento de los divorcios, pero sobre
todo al descenso en el número de matrimonios, un hecho, que según calificó, es
de «enorme trascendencia».
«¿Por qué ha perdido el sacramento del matrimonio la capacidad de
convocatoria que ha tenido hasta ahora?», se preguntó monseñor Blázquez, quien
recordó que «si la fe está mortecina y casi apagada difícilmente sobrevive en
nuestra situación social y cultural; si la identidad cristiana está oscurecida,
lo estará obviamente el sacramento del matrimonio y la familia cristiana».
Ante esta «crisis
cultural profunda de la familia», el presidente de los obispos se
preguntó si el matrimonio está sufriendo «una especie de
des-institucionalización que permite que cada persona lo configure según los
juzgue oportuno». El reverso de esta realidad, apuntó el prelado, son «los
llamados modelos de familias que a veces se reivindica».
Un sustituto de Rouco en el Comité Ejecutivo
En esta Asamblea Plenaria, los prelados españoles también elegirán a
un nuevo miembro del Comité Ejecutivo en sustitución del cardenal Antonio
María Rouco Varela, que era miembro de este organismo en su condición de
arzobispo de Madrid.
Según los estatutos de la Conferencia Episcopal, el Comité Ejecutivo
se compone del presidente, vicepresidente, secretario general y cuatro miembros
más en el caso de que el arzobispo de Madrid ocupe alguno de los cargos
anteriores. Es el caso de monseñor Carlos Osoro, que ya es miembro del Comité
Ejecutivo como vicepresidente de la CEE. Por eso, la Asamblea Plenaria tendrá
que elegir un cuarto miembro.
Entre los candidatos con más posibilidades de formar parte de este
máximo órgano de decisión de la Iglesia se encuentra el cardenal Antonio
Cañizares, arzobispo de Valencia.
Fuente: ABC
