“La familia cristiana, la familia, el matrimonio, nunca fue tan
atacado como ahora. Atacado directamente o atacado de hecho”, dijo el Papa
Francisco en la audiencia que sostuvo el fin de semana con el movimiento
católico Schoenstatt que ha cumplido 100 años de fundación. Así lo indicó el Santo Padre ante una
pregunta de los miembros de Schoenstatt sobre la mejor manera de acompañar a
los matrimonios y las familias, considerando además que el Sínodo de la Familia
acaba de concluir el pasado 19 de octubre en el Vaticano.
“Dentro
del problema que ustedes tocan para hacer las preguntas, hay una cosa muy
triste, muy dolorosa. Pienso que la familia cristiana, la familia, el
matrimonio, nunca fue tan atacado como ahora. Atacado directamente o atacado de
hecho. Puede ser que me equivoque. Los historiadores de la Iglesia sabrán decirnos, pero que la familia está golpeada,
que a la familia se la golpea, y a la familia se la bastardea como bueno, si es
una manera más de asociación, pero se puede llamar familia a todo, no.
Además, cuánta familia herida, cuánto matrimonio deshecho, cuánto
relativismo en la concepción del sacramento del matrimonio. En su momento ya
sea desde el punto de vista sociológico, que ve, desde el punto de vista de los
valores humanos, como desde el punto de vista del sacramento católico, del
sacramento cristiano, de una crisis de la familia. Crisis porque le pegan de todos
lados y queda muy herida.
Entonces claro, no queda otra
que hacer algo. Entonces tu pregunta, ¿qué podemos hacer?: Sí podemos hacer
buenos discursos, declaraciones de principios, a veces hay que hacerlo, ¿no
cierto?. Las ideas claras. Miren esto
que ustedes están proponiendo no es matrimonio. Es una asociación. Pero no es
matrimonio. O sea a veces hay que decir cosas muy claras. Y eso hay que
decirlo. Pero la pastoral de ayuda solamente en este caso tiene que ser cuerpo
a cuerpo. O sea acompañar. Y esto significa perder el tiempo. El gran maestro
de perder el tiempo es Jesús, ¿no? Ha perdido el tiempo acompañando, para hacer
madurar las conciencias, para curar heridas, para enseñar.
Acompañar ese hacer camino
juntos.

En Buenos Aires me acuerdo
que unos curas me dieron la idea de hacer el matrimonio a cualquier hora.
Porque normalmente se hace un jueves, un viernes, el matrimonio civil, y el
sábado el matrimonio sacramental. Y claro no podían hacer frente a los dos
actos porque siempre hay algún festejo en el primero. Entonces estos curas muy
pastores para ayudar a esto: “a la hora que quieran”. Terminaba la ceremonia
civil, pasaban por la parroquia, matrimonio eclesiástico, o sea es un ejemplo
de facilitar, facilitar la preparación. No se puede preparar novios al
matrimonio con dos encuentros, con dos conferencias. Eso es un pecado de
omisión de nosotros, los pastores y los laicos que realmente están interesados
en salvar a la familia.
La preparación al matrimonio
tiene que venir de muy lejos. Acompañar novios. Acompañar, pero siempre cuerpo
a cuerpo y preparar. Saber qué es lo que van a hacer. Muchos no saben lo que
hacen y se casan sin saber qué significa. Las condiciones. Qué prometen. Sí,
sí, todo está bien pero no han tomado conciencia de que es para siempre. Y
esto, ponele encima esta cultura de lo provisorio que estamos viviendo, no sólo
en la familia, sino también entre los curas, no.
Me decía un obispo que se le
presentó un muchacho excelente, y que quería ser cura pero no más por diez años
y después volver… Es la cultura del provisorio. Es a tiempo. El “para siempre”
es como que se olvida. Hay que recuperar muchas cosas en la familia herida de
hoy día. Muchas cosas. Pero no escandalizarse de nada de lo que sucede en la
familia. Los dramas familiares, destrucciones de familias, los chicos, no.
En el Sínodo un obispo se
hizo esta pregunta: ¿somos conscientes nosotros los pastores de lo que sufre un
chico cuando los papás se separan? Son las primeras víctimas. Entonces cómo
acompañar a los chicos. Cómo ayudar a los padres que se separan a que no usen
de rehenes a los chicos.
Cuántas psicologías
pseudopatológicas de gente que destruye con la lengua a los demás vienen de
haber sido educados del papá hablando mal de la mamá y de la mamá hablando mal
del papá. Son cosas que hay que acercarse a cada familia, acompañar, o sea que
tengan conciencia de lo que hacen y hay situaciones variadas hoy día. ¿No?
No se casan, se quedan en su
casa. Tienen su novio o su novia pero no se casan. Una mamá me decía ¿Padre qué
puedo hacer para que mi hijo que tiene 32 años se case? Bueno primero que tenga
novia, señora. Sí, sí, tiene novia pero no se casa. Y bueno señora si tiene
novia y no se casa, no le planche más las camisas, a ver si así se anima ¿no?
Es decir, cuántos hay que no
se casan. Conviven totalmente o como yo he visto en mi misma familia,
convivencias part-time. De lunes a jueves con mi novia y de viernes a domingo
con mi familia. O sea, son nuevas formas totalmente destructivas, limitadoras
de la grandeza del amor del matrimonio. ¿No?
Bueno y como eso vemos tanto,
convivencias, separaciones, divorcios, por eso la clave que puede ayudar es
“cuerpo a cuerpo” acompañando, no haciendo proselitismo, porque eso no resulta.
Acompañarlos. Paciencia, paciencia. Y una palabra hoy, una actitud mañana, no
sé. Les sugiero eso”.
Fuente: ACI