TRES SENCILLAS ACCIONES PARA COMBATIR EL MAL CON EL BIEN

El hartazgo por las noticias nefastas despierta la avidez por la Buena Nueva que nos invita a realizar el bien y combatir el mal con estas sencillas acciones

Crédito: Andrey Popov

La información que circula en las redes sociales y medios de comunicación tradicionales nos bombardea con malas noticias. Asesinatos, secuestros, robos, asaltos, exceso de violencia que hace evidente la acción del mal en el mundo entero.

E, instintivamente, la indignación despierta un deseo de venganza que, si no se rechaza categóricamente, podría descontrolar la voluntad hasta de los más pacíficos.

Por eso, san Pablo nos dice cuál es el remedio:

A nadie devolváis mal por mal. Procurad lo bueno ante toda la gente. En la medida de lo posible y en lo que dependa de vosotros, manteneos en paz con todo el mundo (Rom 12, 17 - 18).

Por eso, para contribuir a terminar con el mal a fuerza de bien, te dejamos tres sencillas acciones que puedes hacer en cualquier momento de día y a toda persona, especialmente con aquellos hermanos que te han dañado de alguna manera.

1. Reza una jaculatoria por los que cometen el mal

Cuando lo único que pasa por nuestra mente es que se haga justicia, se requiere de mucho dominio de sí para pedir que quien causa daño se arrepienta y repare su mala acción. Porque hay que orar mucho y es seguro que nos costará al principio porque sentiremos repulsión.

Pero una simple jaculatoria, un Padre Nuestro, un Ave María siempre serán eficaces para tocar el corazón del ser humano y no nos quita nada de tiempo repetirlas. Reza, por ejemplo:

  1. Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
  2. Dulce Corazón de María, sé la salvación del alma mía.
  3. María Auxiliadora de los cristianos, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
  4. Jesús, hágase tu voluntad, ocúpate Tú de todo.

2. Habla con benevolencia del malvado

Las palabras tienen mucho peso. Y si las usamos para desacreditar o poner en evidencia a alguien que nos desagrada estaremos haciendo feliz al demonio, aunque la persona sea culpable. Porque hablar mal es una forma de venganza y contra eso, es el mismo san Pablo quien nos da la pauta a seguir:

No os toméis la venganza por vuestra cuenta, queridos; dejad más bien lugar a la justicia, pues está escrito: Mía es la venganza, yo daré lo merecido, dice el Señor (Rom 12, 19).

Destacar alguna cualidad o pedir que no se desborden los malos comentarios nos convertirá en promotores de paz.

Desconocemos qué mueve a los malvados a herir a otros, pero no echemos más leña al fogón. Pidamos misericordia a los hermanos por el prójimo caído. Dios se encargará de él.

3. Haz todas las buenas obras que puedas

Las buenas acciones hablan mejor que las palabras más elocuentes. A pesar de que podamos sentir desagrado, si la persona que ha obrado mal necesita ayuda, hay que dársela. También san Pablo lo recomienda:

Por el contrario, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber: actuando así amontonarás ascuas sobre su cabeza. No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien (Rom 12, 20).

¿Y por qué hay que comportarnos de esta manera? Porque, además de que es el mandato de Cristo, nosotros saldremos ganando. Cada obra buena nos acerca a Dios y destruye los sentimientos negativos en nuestro corazón - y en el del prójimo, que no sabrá por qué no nos desquitamos de él - .

Que estas obras pequeñas nos ayuden a perfeccionar nuestra caridad cristiana con el prójimo descarriado.

Mónica Muñoz

Fuente: Aleteia