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| Mons. Xabier Gómez García | Screenshot YT. Dominio público |
El Obispo de Sant Feliu de Llobregat, monseñor Xabier
Gómez García, obispo dominico, dedica una carta pastoral al sacramento de la reconciliación,
en la que anima a los católicos a redescubrir la confesión y pide a los
sacerdotes de su diócesis que faciliten su acceso en las parroquias. El punto
de partida es una imagen tomada del mundo del espectáculo, la del confesionario
que la cantante Rosalía llevó a un escenario.
Una
intimidad hecha espectáculo
El prelado arranca con un diagnóstico de época.
«Vivimos en una sociedad exhibicionista», escribe, en la que las redes sociales
invitan a mostrar dónde estamos, qué comemos, qué pensamos e incluso cómo nos
sentimos, y en la que muchas expresiones musicales y audiovisuales convierten
lo íntimo en materia de exhibición. «Hasta la creativa Rosalía instaló en el
escenario un confesionario».
Tras esa necesidad compulsiva de expresarse,
advierte, late muchas veces un deseo legítimo de ser vistos, escuchados y
queridos. Pero la atención a la imagen tiene un precio: «Exponemos y explotamos
nuestra imagen, pero descuidamos la arquitectura de nuestro ser profundo, la paz
del alma».
La
culpa como brújula
Ser humanos, recuerda el obispo, obliga a convivir
con la culpa. Apoyándose en la psicología, distingue una culpa sana, que actúa
como brújula interna, el remordimiento que avisa de un error real y que empuja
a pedir perdón, a Dios y a los demás en el caso de los creyentes, a reparar el
daño y a cambiar de conducta.
En ese contexto sitúa su llamada. Los católicos
«podemos y debemos acudir al sacramento del perdón», y añade que «sería un
error pensar que es algo trasnochado».
Un
sacramento de curación
La confesión, explica, convierte la intimidad en un
ámbito sagrado de confidencialidad, respeto y olvido, donde es posible nombrar
errores, inmadureces o pecados sin temor a ser juzgado ni a quedar atrapado por
ellos. «Solo hay algo tan liberador como escuchar decir "yo te
perdono" y es oír decir "yo te querré siempre"».
«Todos necesitamos la misericordia de Dios»,
insiste. Lo define como un sacramento de curación, «tan bello y desarmado como
la humildad que lo hace posible», que regala paz y serenidad de conciencia,
consuelo espiritual y fortaleza para volver a la vida cotidiana. Y marca una
frontera expresa, porque la confesión no se confunde con el acompañamiento
espiritual ni con la terapia psicológica, que pertenecen a otros ámbitos.
El
confesionario, abierto
La carta concluye con un encargo a los sacerdotes.
El obispo les invita a revisar los horarios, los espacios, la ambientación, la
motivación y la acogida, para que el sacramento sea accesible en la vida
ordinaria de las parroquias. «Ofrezcamos una escucha sacramental exquisita,
paciente y compasiva, capaz de hacer de cada confesión una experiencia
liberadora y gratuita», pide, y cierra con un criterio sencillo: «Tratando a
quien llega como quisiéramos ser tratados».
Fuente: InfoCatólica
