“¿Por qué entonces rezar puede ser algo tan difícil para algunos de nosotros?”
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| Nuestros gestos nos ayudan a entrar en oración. Foto: Ben White / Unsplash. |
Muchos santos
han escrito que la oración es, simplemente, hablar con Dios, y es
célebre la frase de Santa Teresita de Lisieux: "Para mí, la
oración es un impulso, una necesidad del corazón, una simple mirada lanzada
hacia el cielo, un grito de gratitud y de amor tanto en el dolor como en la
alegría".
“Así explicado,
parece algo bastante simple”, afirma Erin Mone: “¿Por qué entonces
rezar puede ser algo tan difícil para algunos de nosotros?”
Un
itinerario en el Señor
Ella sabe algo
de esas dificultades, pero también sabe de oración.
Actualmente
forma parte del equipo de pastoral juvenil de la catedral de María Inmaculada
en la diócesis de Tyler (Texas). Tiene 36 años y nació en California en una familia
católica con ocho hijos. Se crió en Illinois en un ambiente protestante que
cuestionaba continuamente su fe.
Tuvo necesidad
de formarse bien, porque cada vez que sus cordiales adversarios le
planteaban una dificultad, al llegar a casa, donde tenían una buena biblioteca,
la estudiaba para volver al colegio con una respuesta. "Tal vez no tengas
siempre una respuesta", le decía su padre, "pero sabes que la Iglesia
católica sí la tiene, y que esa respuesta siempre es hermosa y siempre
tiene sentido".
"Investigando,
descubrí la belleza de la Iglesia católica. Creo que fue así como Cristo me
sedujo", cuenta ella misma a Catholic East Texas.
Efectivamente, se fue involucrando en la evangelización con la Comunidad
de San Juan, estudió Teología y Catequética en la Universidad
Franciscana de Steubenville y al cabo de un tiempo decidió ingresar en
la congregación como religiosa.
Estuvo ocho
años en ella, con algunos momentos de 'noche oscura' porque los casos
de abuso afectaron mucho a su percepción de la Iglesia. Superó ese periodo,
pero con el paso del tiempo otras circunstancias le hicieron ver que esa vida
no era para ella, y a punto de hacer los votos perpetuos abandonó los
hábitos grises de su comunidad.
Así pues,
aporta a la diócesis de Tyler no solo su formación teológica, sino su experiencia
espiritual, que valora grandemente aunque su vocación no cuajase por ese
camino.
Para rezar y
hacerlo bien
Y esos buenos
fundamentos se aprecian en un reciente artículo donde ofrece tres
sencillas reglas para iniciar una vida de oración cotidiana realista y
seria.
Si la oración
es "vivir en relación con Dios", apunta recordando la definición del
YouCat, exige dar y recibir, como todas las relaciones: "No solo debemos
hablar y compartir nuestro corazón, debemos también ser capaces de escuchar y
recibir el corazón del Señor". Ahora bien, como no tenemos para ello los
oídos y los ojos como en una conversación normal, "debemos aprender
a escuchar con los oídos y los ojos de nuestro corazón, que es donde
habla el Señor".
Propone tres
pasos para lograrlo.
1. Establece
un tiempo diario para la oración
Hacerlo nos
hace proactivos en la decisión de rezar, pasando de una
"idea bonita" a dar "pasos concretos para ponerla en
práctica". Dar la vuelta al mundo no dejará de ser un hermoso propósito
hasta que no saquemos el primer billete, sugiere como analogía.
"Establecer
una hora concreta para la oración nos ayuda también a serle
fieles" cuando el estrés, las preocupaciones o la sobrecarga de tareas
nos alejen de ella: "Si tenemos ya un tiempo fijado para la oración, es
más probable que lo respetemos". Y recuerda una frase de la Madre
Teresa de Calcuta: "El Señor no me llamó a tener éxito. El Señor me
llamó a ser fiel”.
¿Cuánto tiempo
debemos dedicarle? "Recuerda no descuidar tus obligaciones",
advierte Erin, "pero ponte retos: comienza con algo pequeño (2
minutos la primera semana, 5 la segunda, etc.) y arréglatelas para irlo
ampliando hasta llegar al tiempo que te hayas marcado".
2. ¡Empieza!
Es fácil
convencernos a nosotros mismos de que para empezar a rezar tenemos que conocer
todos los métodos y memorizar o tener disponibles decenas de oraciones.
"¡No caigas en esa trampa!", avisa: "Del mismo modo
que no te conviertes en experto en amistad antes de hacer amigos, tampoco
tienes que ser un experto en oración para rezar. Aprenderás a medida que lo
hagas... pero solo si empiezas".
"Uno de
los mejores consejos que recibí cuando empecé a rezar", continúa,
"fue ser consciente de que Dios está presente. Él vive aquí,
te está esperando, está mirándote y amándote. Cuando estás empezando a abrir tu
corazón para compartir tus alegrías y tus penas, recordar que Él está presente
y te escucha cambia tu forma de hablar. Del mismo modo que no siempre hablamos cuando
salimos con los amigos, simplemente 'estar' en presencia del Señor es
una oración".
Para ello es
fundamental el silencio, al que es bueno dedicar al menos unos
segundos antes de empezar a rezar, para "pisar el freno de nuestras
aceleradas vidas cotidianas". Eso te ayudará a "estar presente
para Dios, dado que Él ya está presente para ti".
3. Adopta
una postura de oración
Las actitudes
corporales también ayudan. Erin enumera algunas: de pie para alabar,
de rodillas para adorar o pedir perdón, sentados para escuchar y meditar... O
las manos elevadas para interceder y ofrecer, abiertas para recibir, juntas
para pedir o escuchar...
Es lo que nos
enseña la Iglesia para que nuestro cuerpo nos ayude a entrar en "la
oración más grande, la misa": de pie durante el Evangelio en
señal de respeto, de rodillas durante la consagración para expresar adoración,
sentados durante la homilía para escuchar... "Encontrar una postura
respetuosa y orante te ayudará a entrar en oración y a expresarla",
insiste Erin.
* * *
"Llevar
una vida diaria de oración te cambia la vida... y te da vida",
concluye. Y como propina deja unas palabras de San Juan María Vianney que
recomienda para arrancar en los primeros momentos. Decía así el Santo Cura de
Ars: "¡Oh, mi Dios! Si mi lengua no puede decir cada instante que te amo,
por lo menos quiero que mi corazón lo repita cada vez que respiro".
C. L.
Fuente: ReligiónenLibertad
