"Lo que huele a Cristiandad hay que suprimirlo"
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| ReL |
Este viernes,
el canal de Cake Minuesa sorprendía a sus casi 200.000
suscriptores de YouTube con un nuevo cortometraje documental. En menos de 20
minutos, “Van a por la cruz” refleja lo que a juicio de Minuesa
es “un plan global”, “el martilleo, el sonido de la destrucción y la
persecución de la fe” que en España se estaría llevando a cabo mediante la
cancelación y eliminación de cruces.
El documental
abunda en varios ejemplos recientes, como puede ser la retirada de la
cruz del Parque Ribalta en Castellón o la de Barrado, en
Cáceres, recogiendo las opiniones de vecinos y peatones residentes en los
lugares donde la “cancelación” de la cruz se ha cebado
especialmente.
El documental
no pasa por alto la delicada situación de la abadía benedictina de la Santa
Cruz del Valle de los Caídos, cuyo polémico proyecto de “resignificación”
acaba de ser aprobado y se encuentra ya en tramitación, a la espera de su
plasmación en 2027.
Ribalta,
"abrir heridas y enfrentar"
El documental
abunda en cómo las retiradas de cruces solo pretenden “reabrir viejas
heridas” y “enfrentar” a los vecinos de localidades como Castellón,
cuya cruz del parque de Ribalta fue arrancada en 2022.
Un “acto
administrativo” del Ayuntamiento gobernado por PSOE y Compromís que llegó a ser
declarado “irregular” por el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo
nº2 de Castellón. Los fieles y vecinos siguen esperando la reposición de la
cruz, víctima de lo que Minuesa llamó “la agenda 2030 de persecución de la
fe”.
¿Tendremos
que ocultarnos de ser cristianos?, llegó a plantear el periodista,
al que dos vecinas respondían: “A lo mejor sí”.
Pese a los
mensajes de Minuesa reiterando que “la cruz tiene 2000 años”, no faltaban
peatones y vecinos que comparaban el símbolo cristiano con la cruz
gamada o esvástica. “Es peor”, decía un vecino al comparar la cruz de
Cristo con el escudo de la Alemania del III Reich.
"Lo que
huele a Cristiandad hay que suprimirlo"
Otro de los
lugares que mejor reflejan esas “heridas abiertas” entre ciudadanos es Barrado,
en Cáceres, cuyo alcalde Jaime Díaz derribó la cruz del pueblo en 2023 tras
perder las elecciones.
“Para mí
tiene un significado que nada tiene que ver con la guerra”, dijo un
vecino. “No me parece bien, desde que me he criado la cruz estaba ahí”, decía
otra.
También en
Barrado tenía lugar la misma comparación.
“La cruz
gamada tenía una simbología y esta también. Aquella era de simbología nazi
y esta, de simbología fascista”, decía un vecino. Una señora le corregía: “Es
la cruz de Nuestro Señor Jesucristo. De simbología nada. Tengo 70 años, la
he conocido siempre. Es absurdo. Se respeta todo, [pero] lo que huele a
cristiandad hay que suprimirlo”. Mientras, otra se lamentaba: “Es una pena, lo
único que hacen así es renacer rencillas. Esa cruz ha estado toda
la vida ahí y no creo que hiciera mal a nadie”.
¿Un Valle
sin benedictinos? "La Iglesia tendría que estar de acuerdo"
Otro de los
bloques del documental alude directamente al Valle de los Caídos, cuya cruz ha
sido foco de atención ante las llamadas a su destrucción por parte de ministros
y diputados.
Si bien el
proyecto ganador del concurso para la llamada “resignificación” del Valle no
tiene entre sus planes abordar la cruz como tal, aún están en duda la
integridad de elementos como los evangelistas de la base de la cruz o
La Piedad de Juan de Ávalos.
Entrevistada
por Minuesa, Castellanos considera que, si bien la cruz no se puede destruir,
es crítico evitar que el recinto como tal sea desacralizado.
Para ello,
dice, “tendría que estar de acuerdo la Iglesia”, a cuyos representantes
advirtió de que “por mucho que pueda decir [el Gobierno] o prometa para no
tirar la cruz, al final les van a mentir. Es evidente es que van a
seguir con su apisonadora ideológica”.
También se ha
especulado mucho en torno a la posible expulsión de la comunidad benedictina
del propio Valle, posibilidad que ya ha sido desmentida al menos en el corto
plazo.
Para lograrlo,
la Iglesia debería dar su consentimiento, se dice en el documental, “y el
resto de católicos -la Iglesia somos todos- no van a estar de acuerdo con
que la Iglesia participe de alguna manera o consienta todo esto. La Iglesia no
puede ayudar o permitir que todo esto se tire. Por mucho que les pueda prometer
este Gobierno, por mucho que les pueda coaccionar, [el Valle] tiene que seguir
siendo terreno sagrado”, agregaba Castellanos.
José María Carrera Hurtado
Fuente: ReligiónenLibertad
