Los fieles laicos, pueblo de Dios, deben participar activamente en la Eucaristía, pero hay partes en donde solo corresponde hablar al sacerdote que preside
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| Arturo Verea | Shutterstock |
Cuando
asistimos a la Eucaristía sabemos que no vamos a presenciar un monólogo, sino
que, como parte de la asamblea, cada ministro y todos los fieles desempeñan un
papel fundamental. Por eso es importante conocer bien lo que corresponde decir
al sacerdote que preside la celebración y en qué parte le toca al pueblo
responder.
La
participación de los fieles
Con la reforma
de la liturgia del Concilio Vaticano II, esta participación incrementó porque
ahora el pueblo de Dios entendía en su propia lengua lo que estaba ocurriendo
durante las celebraciones.
Por esta razón,
la Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos emitió
la instrucción Redemptionis Sacramentum Sobre algunas cosas que
se deben observar o evitar acerca de la Santísima Eucaristía. En
el capítulo II se menciona:
...la
participación de los fieles laicos en la celebración de la Eucaristía, y en los
otros ritos de la Iglesia, no puede equivaler a una mera presencia, más o menos
pasiva, sino que se debe valorar como un verdadero ejercicio de la fe y la
dignidad bautismal.
Renovación
litúrgica
Así mismo, el
papa san Juan Pablo II destacó los resultados positivos de la renovación de la
vida litúrgica en la carta apostólica Vicesimus Quintus con
motivo del XXV aniversario de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia :
Por ello
conviene dar gracias a Dios por el paso de su Espíritu en la Iglesia, como ha
sido la renovación litúrgica; por la mesa de la Palabra de Dios, dispuesta con
abundancia para todos; por el inmenso esfuerzo realizado en todo el mundo para
ofrecer al pueblo cristiano las traducciones de la Biblia, del Misal y de los
otros libros litúrgicos; por la mayor participación de los fieles, a través de
las plegarias y los cantos, de los gestos y del silencio en la celebración de
la Eucaristía y de los demás sacramentos (no. 13).
Qué le toca
decir al pueblo
Ahora bien, es
importante distinguir las partes en las que solamente ora el sacerdote y en las
que responde la asamblea.
El Misal romano
lo especifica con rúbricas - letras en rojo que da las indicaciones a seguir -
y aunque no tenemos ese libro, los misales mensuales o anuales copian las
instrucciones generales del Misal.
Por citar
algunos ejemplos, en la primera parte denominada Liturgia de la Palabra, la
asamblea solo responde después de la primera y segunda lectura cuando el lector
dice: Palabra de Dios, y todos responden: Te alabamos Señor.
Durante el
salmo, la respuesta es indicada por el salmista, ya sea recitada o cantada. Y
después de que el diácono o sacerdote va a proclamar el santo Evangelio, dice:
El Señor esté con ustedes. Y todos responden: Y con tu Espíritu. Al finalizar
la lectura el sacerdote dice: Palabra del Señor. Y todos dicen: Gloria a Ti,
Señor Jesús.
Otros momentos
en los que los fieles hablan es en el Credo, en la respuesta a la oración de
los fieles, - o peticiones - . Y en la Liturgia eucarística, cuando se
prepararan los dones del pan y el vino en el ofertorio, en la Plegaria
eucarística, en la aclamación - tuyo es el reino... - en el Padre nuestro,
antes de la comunión y en la bendición final. Por supuesto, los cantos deben
ser entonados por toda la asamblea.
El sacerdote
preside en nombre de todos
En cambio, el
sacerdote que se dirige a Dios en nombre de toda la asamblea - por eso se le
dice "presidente" - habla casi en todo momento porque varias de las
oraciones las pronuncia en secreto.
Mientras tanto,
los fieles no repiten sino que deben escuchar y orar en silencio y unir sus
corazones a lo que el sacerdote está realizando en el altar. Al respecto,
la Redemptionis Sacramentum dice:
La
observancia de las normas que han sido promulgadas por la autoridad de la
Iglesia exige que concuerden la mente y la voz, las acciones externas y la
intención del corazón... Las palabras y los ritos litúrgicos son expresión
fiel, madurada a lo largo de los siglos, de los sentimientos de Cristo y nos
enseñan a tener los mismos sentimientos que él; conformando nuestra mente con
sus palabras, elevamos al Señor nuestro corazón. (RS n. 5).
La próxima vez
que asistas a la santa Misa, pon tu mente y corazón en lo que dices, escuchas y
haces para que la Eucaristía sea más provechosa para tu crecimiento espiritual.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
