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| Cartel de la Jornada |
Además, en
este mismo día, las Iglesias en España celebramos el Día de la Iglesia Diocesana,
una jornada convocada por la Conferencia Episcopal Española para dar a conocer
nuestras Iglesias de forma más cercana y trasparente. Por estas fechas se dan a
conocer la memoria de actividades y la memoria económica de la Diócesis en un
pequeño cuadernillo.
Pero no
damos a conocer solo datos, pues esta sería una visión limitada de la Diócesis.
Damos a conocer historias. En la campaña de este año son historias de santidad
que han dejado huella entre nosotros.
De esta
forma se unen dos aspectos de la vida de la Iglesia que parecen muy alejados y,
en realidad son muy cercanos: la dedicación de una iglesia de la ciudad de Roma
y la presentación de actividad de nuestra Iglesia en Segovia.
Celebrar la
dedicación de una iglesia es recordar el día en que ese edificio fue
consagrado, es decir, fue dedicado exclusivamente para que en el él se reuniera
la Iglesia. En el caso de la basílica de Letrán, fue dedicada a principios del
siglo IV para que reuniera en ella la Iglesia, es decir, el pueblo cristiano,
los discípulos de Jesús que estaban en Roma, con su obispo. Por eso, en este
día miramos también a la Iglesia diocesana, en nuestro caso, al pueblo
cristiano que camina en Segovia, en la capital y en tantos pueblos y villas.
El lugar
donde principalmente se reúne la Iglesia diocesana es la catedral, por lo que
San Juan de Letrán es la catedral de Roma. Y mirando a nuestra Iglesia
diocesana hoy recordamos también a nuestra Catedral, de la que celebramos el
500 aniversario de la primera piedra. Y no solo. Miramos también a las más de 300
iglesias parroquiales en las que se reúne el pueblo cristiano sembrado por toda
nuestra geografía y la multitud de ermitas, lugares también dedicados al culto
y veneración del Señor, de la Virgen y de los santos.
Dios ha
querido reunir a los hombres. Frente a una concepción individualista de la fe,
en la que la religión significaría la relación personal de cada uno con Dios,
sin más mediación que la propia conciencia, el Señor, desde el principio ha
querido hacerse presente en un lugar para encontrarse con nosotros. No porque
esté físicamente presente en ese lugar, sino porque ha querido que el pueblo
cristiano se reuniese y así pudiera encontrarse con Él. Así, el lugar de
reunión, la asamblea que se reúne allí y lugar encuentro con Dios han quedado
unidos en un edificio con el mismo nombre: Iglesia.
Y este año
celebramos el Día de la Iglesia Diocesana poniendo el foco en las huellas de
santidad. Pero no con una concepción individualista de la santidad. La santidad
es el regalo de Dios a un pueblo que camina unido y que se ayuda para buscar y
seguir al Señor cada día con ánimo renovado. Como decía el papa Francisco en la
carta que escribió sobre la santidad, «la comunidad que preserva los pequeños
detalles del amor, donde los miembros se cuidan unos a otros y constituyen un
espacio abierto y evangelizador, es lugar de la presencia del Resucitado que la
va santificando según el proyecto del Padre». Que maravillosa misión que nos
ayudemos mutuamente a ser santos, es decir, a ser mayor reflejo de Dios, más
luminosos, alegres, pacientes, misericordiosos… Y esto también en los roces y
dificultades cotidianos.
En sus
«cautelas», una de cuyas copias se encuentra en Segovia, decía san Juan de la
Cruz a sus hermanos de vida religiosa que uno entra en la vida fraterna para
que «todos te labren y ejerciten». Y algo semejante encontramos en la relación
de santa Teresita con la hermana enferma a la que cuidaba. ¡Qué regalo que
podamos ver en todos los que nos rodean las manos de Dios que nos forman como a
hijos!
+ Jesús Vidal
