Los responsables de la Santa Sede han aplicado una estrategia de “transparencia controlada”. La foto en la capilla del Gemelli se tomó por indicación del Pontífice
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Primera foto del Papa Francisco desde que está ingresado. en el Gemell. Dominio público |
Pero, ¿cómo es posible gestionar las
expectativas de los más de 1.390 millones de católicos que
esperan información detallada sobre la evolución de su guía espiritual? ¿Cómo
responder a los conglomerados mundiales de la
información que se encuentran apostados alrededor del
hospital Agostino Gemelli al acecho de todo tipo de exclusiva?
Y, más difícil todavía, ¿cómo controlar la reacción de toda esa caterva de “influencers” de asuntos vaticanos en X, Instagram o TikTok?
Los tres ángeles de la guarda de la comunicación del Papa
La
gestión de esta crisis ha corrido a cargo de los tres ángeles de la guarda de
la comunicación institucional de este Papa: tres italianos, tres laicos, tres
profesionales.
Hablamos
del hombre entre bastidores de la política comunicativa de este pontificado, Paolo
Ruffini, prefecto del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede;
del director
de la Oficina de Prensa del Vaticano, Matteo Bruni; y del director
editorial de ese Dicasterio, Andrea Tornielli.
Ruffini es el hombre
de la serenidad y la experiencia, gran experto en lenguaje
televisivo, pues ha sido directivo de importantes canales
de televisión en Italia, capaz de comprender el impacto de las imágenes y los
gestos en el imaginario colectivo.
Tornielli, veterano
periodista, historiador y escritor, es el analista, incansable
rastreador de la más mínima nota informativa que pueda trastocar la agenda para
poder reaccionar de manera tempestiva.
Bruni es el hombre que da la cara ante los periodistas, que escucha sus necesidades, encargado de vehicular la información y, en particular, los comunicados en tiempo útil.
Los tres
han adoptado una política de comunicación caracterizada por tres principios: transparencia
controlada, serenidad institucional,
y, obviamente, prudencia.
Los comunicados se
han convertido en el instrumento privilegiado para informar sobre la evolución
de la salud del Papa. Han sido breves y técnicos,
sin entrar en detalles innecesarios para evitar especulaciones. Al inicio de la
hospitalización, cuando la situación del pontífice se consideraba “crítica”,
fueron diarios. Al ir mejorando, la publicación se fue espaciando.
Los
comunicados se caracterizan por el tono tranquilizador:
la comunicación ha buscado transmitir calma, enfatizando la buena atención
médica y la respuesta positiva del Papa a los tratamientos.
Ha sido
también información dosificada: no se han
adelantado detalles sobre la posible duración de la hospitalización o
procedimientos específicos, salvo aquellos imprescindibles para evitar rumores.
La
decisión más interesante ha sido la de responder con el silencio
ante los rumores. Ante especulaciones de algunos medios sobre
la gravedad del estado del Papa, o posibles escenarios ligados a su renuncia,
la estrategia se ha centrado en no desmentir cada noticia, sino en reforzar la
narrativa oficial con datos contrastables.
Cuando
esto fue particularmente necesario, los tres mosqueteros recurrieron a los
máximos responsables de la atención al pontífice: los doctores Sergio
Alfieri, jefe del equipo del Policlínico Gemelli, y Luigi Carbone, subdirector
del Servicio de Salud del Estado de la Ciudad del Vaticano.
El 21 de
febrero ofrecieron una rueda de prensa en la que respondieron al interrogante
que en ese momento obsesionaba a los periodistas: “Si
la pregunta es: ¿está el Papa fuera de peligro? No, todavía no. ¿Pero está su
vida en peligro ahora? La respuesta, una vez más, es no”,
aclaró Alfieri, quien llegó a referir las palabras que dijo el Papa sobre su
propio estado: “Me doy cuenta de que la situación
es grave”.
Sentido
del humor
Un elemento que dio eficacia a la comunicación de los médicos fue el recurso al sentido del humor, transmitido con una dosis adecuada, a pesar de la seriedad de la situación. Por ejemplo, el doctor Alfieri reveló que, en un momento, se acercó al pontífice para poder hablarle en confianza; “entonces, me preguntó: ‘¿Qué pasa, se quiere confesar?’”.
Cobertura de los medios de comunicación
En
general, los medios afines
al Vaticano, en particular muchos católicos, han seguido
la línea oficial marcada por la Oficina de Prensa, publicando los comunicados y
destacando el espíritu positivo con el que el Papa afronta la enfermedad.
Por su
parte, la prensa generalista (Corriere
della Sera, La Repubblica, Le Figaro, The New York Times, El País, etc.) ha
seguido la evolución con un tono analítico, contextualizando la hospitalización
dentro del marco de la edad avanzada del Papa y su historial de salud. Algunos
han planteado interrogantes sobre el futuro del pontificado.
Medios más críticos o sensacionalistas han puesto en
tela de juicio la información del Vaticano, dando pie a conjeturas. Esto ha
sucedido, en particular, en el caso de periodistas críticos con el papa. Por
ejemplo, el presentador estadounidense de televisión de EWTN, Raymond
Arroyo, retuiteó un mensaje, el 24 de febrero, en el que
afirmaba que al Papa le quedaban 72 horas de vida. El presentador citaba el
portal crítico del Papa LifeSiteNews, quien a su
vez citaba la cuenta de X Misa en Latín.
Algún
medio militante favorable al Papa Francisco ha caído en el extremo opuesto,
ofreciendo cada noticia de la evolución favorable del pontífice con un
entusiasmo tan exaltado que parece olvidar la delicadeza de la situación y los
88 años de edad.
El gran
acierto de la comunicación vaticana ha sido no responder a cada uno de los
rumores difundidos en las redes sociales, donde hemos quedado sumergidos por
una avalancha de desinformación. El diario italiano “Open” ha
contabilizado cuatro anuncios de la muerte de
Jorge Bergoglio en redes.
Una
investigación encargada por la agencia de análisis de conversaciones en redes
sociales Arcadia ha estudiado
los contenidos publicados en X y TikTok sobre la enfermedad del Papa entre el 3
y el 10 de marzo. Examinó 3.601 perfiles, tanto auténticos como falsos, que
produjeron un volumen de 4.598 publicaciones y comentarios.
Los perfiles que se comprobaron como falsos
constituyen el 31% y dieron origen a 1.387 publicaciones o
comentarios. Estos perfiles falsos tuvieron un lugar importante en la
amplificaron de noticias incorrectas,
en particular la afirmación falsa de que el papa Francisco había muerto.
Otros
perfiles utilizaron los signos de interrogación, “¿Ha muerto el Papa?” o
“¿Dónde está el Papa?”, para difundir incertidumbre. Esas publicaciones a
menudo imitaban el formato de los sitios de noticias para parecer creíbles.
No han
faltado tampoco fotos realizadas con inteligencia artificial en las que el Papa
aparecía en el lecho del hospital… ¡y con sotana blanca! Lo más incómodo
que podía imaginarse.
Se
entiende así el motivo por el que el Vaticano publicó el 16 de marzo la foto en
la que el Papa se encuentra sentado en la capilla del Gemelli. El enfoque del
fotógrafo es de perfil de tres cuartos.
Con esta
imagen, el equipo de comunicación del Vaticano lanzaba dos mensajes. Por una
parte, confirmaba que el Papa avanza en su recuperación, aunque evitaba
desvelar plenamente el rostro, como un gesto de respeto con el paciente
convaleciente, que todavía padecía en ese momento dificultades respiratorias.
Por otro
lado, la mirada del pontífice está puesta en el crucifijo: una manera elocuente
de mostrar el sentido de su vida y el sentido de su ministerio como obispo de
Roma. Así lo testimonia también el alba y la estola cuaresmal. Religión Confidencial ha podido saber que esa
foto se sacó por sugerencia del mismo Papa. Una manera de
explicar al mundo, sin palabras, el sentido último de todo creyente.
Jesús
Colina
Fuente: ReligiónConfidencial