DE CONSULTOR FINANCIERO A CURA EN LA ESPAÑA VACIADA: «LA GENTE MAYOR HA TIRADO UN POCO LA TOALLA»

Javier Prieto es el último joven que se ha ordenado como sacerdote en España y este lunes ha presentado la campaña del Día del Seminario, que lleva por lema Sembradores de esperanza.

Foto: José Calderero de Aldecoa. Dominio público
«Yo siempre les digo que no hay nadie tan mayor ni tan cansado que no pueda hacer algo todavía»

Es el último joven que se ha ordenado como sacerdote en España. Se llama Javier Prieto, tiene 38 años y es de Fuentesaúco. La celebración tuvo lugar el pasado 22 de febrero en la catedral de Zamora. Este lunes, sin embargo, ha dejado su tierra castellana para trasladarse a Madrid, concretamente a la sede de la Conferencia Episcopal Española, donde se ha presentado el Día del Seminario.

La jornada está fijada para el 19 de marzo, solemnidad de san José. Sin embargo, desde hace varios años la celebración se traslada mayoritariamente al domingo más próximo: el 16 de marzo. En relación con el Jubileo, el lema propuesto para este año es Sembradores de esperanza.

Se trata, precisamente, de una invitación muy en línea con la experiencia pastoral desarrollada hasta ahora por Prieto. «En la mayor parte de los pueblos, la gente mayor ha tirado un poco la toalla. Echan en falta la época en la que eran más jóvenes y la iglesia estaba llena. Yo siempre les digo que no hay nadie tan mayor ni tan cansado que no pueda hacer algo todavía», explicaba recientemente el sacerdote en entrevista con Alfa y Omega.

No obstante, el presbítero reconocía que «las masificaciones y los grandes números ya no son reales en nuestra Iglesia». Una realidad que él tiene perfectamente asumida: «Me ayudó mucho aceptar la vocación en una Iglesia real, no de papel ni un boceto de lo que tendría que ser, sino lo que somos. Es bueno y nos hace bien».

Durante la conversación, Javier Prieto también desmitificaba la llamada del Señor como un gran acontecimiento en el que uno se cae del caballo y escucha la voz de Dios. «A veces vemos la vocación como fuegos artificiales, pero sobre todo tiene que ver con el Espíritu, con el susurro y con la brisa».

En su caso, dejó un buen trabajo como consultor financiero en Madrid para ordenarse sacerdote. «La vocación no me vino de repente, sino que aprendí a reconocerla. Cuando uno está discerniendo, se da cuenta de que el Señor le ha estado llamando muchas veces y de muchas maneras. No es una luz de pronto, sino que empiezas a darte cuenta de lo que te ha ido diciendo. El Señor me ha ido llamando desde siempre».

De todas formas, «yo de pequeño no me planteaba [el sacerdocio] como una opción». En este sentido, «hace falta que te ayuden a leerlo». A Prieto el acelerón vocación le llegó cuando empezó a situarse en la vida. Entonces, se preguntaba qué es lo que hacía vibrar su corazón. «Es cuando estoy haciendo una iniciativa pastoral o en una cofradía en Zamora. O cuando vamos juntos a buscar cómo hacer para que la gente se acerque más a Dios. Me llena más el corazón que estar sentado con el ordenador. Y llega un momento en que te dices que hay que resolverlo».

En este sentido, aclara que no fue una huida ante el tedio o la intensidad laboral. «No. Por ejemplo, cada vez que en el trabajo había un pico de tensión, en esas etapas suspendía la pregunta vocacional. No quería que fuese una manera de escapar».

José Calderero de Aldecoa

Fuente: Alfa y Omega