![]() |
Imagen referencial. | Crédito: Karolina Grabowska / Pexels. |
El impacto de la oración en la salud
En un texto del Instituto Europeo de salud y bienestar
social, el doctor cum laude Manuel de la
Peña, Director de la Cátedra del Corazón y Longevidad, se basa en
diferentes estudios para exponer la “poderosa influencia” de la oración en los
pacientes y cómo este diálogo personal con Dios crea las circunstancias
que “sientan las bases apropiadas para la curación”. Además de la oración
personal, la oración de intercesión por los enfermos cobra también un valor
inestimable.
¿Es realmente necesaria la oración de intercesión? ¿Tiene un
impacto real en quienes reciben esas plegarias? ¿Existe una forma correcta de
orar? ¿Cómo se perciben los frutos de la oración?
El P. Vicente Bosch, profesor de Teología Espiritual en la
Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma, reflexiona sobre estas
cuestiones en diálogo con ACI Prensa. Su campo de estudio es la vida espiritual,
entendida como el proceso de encuentro y comunicación entre el ser humano y
Dios, que se inicia con el Bautismo.
La oración, respiración del alma
El P. Bosch cita a Benedicto XVI, quien afirmaba que “cuando la
gente pierde la fe, es porque antes ha dejado de rezar”. Para el sacerdote, “la
oración es la respiración del alma”, una “ventana abierta al cielo que airea el
espíritu”.
Asimismo, señala que “la relación del hombre con Dios es un
diálogo” y que el cristiano que busca la santidad “necesita comunicarse con
Dios”.
“Rezar es conversar con el Señor. Y cuando se conversa con Él,
no sólo se pide, también se agradece, empezando por lo recibido sin haberlo
pedido: la vida, la fe, los talentos y habilidades. Cuando uno comprende que
todo es un don, la oración se torna agradecimiento y conduce a la adoración,
que es reconocer la grandeza de Dios y nuestra pequeñez”.
“Nada cae en saco roto”
El Catecismo de la Iglesia Católica indica tres
expresiones o grados de oración: la vocal, “que es expresión externa de una
oración interior, de modo que no sea simple ruido de palabras”; la meditación,
“en la que entra en acción el pensamiento, la imaginación”, y la oración
contemplativa, “que es comunión de amor con Dios”.
Respecto a la oración de intercesión, aquella “que todo
cristiano puede hacer ejerciendo su sacerdocio común”, el sacerdote del Opus
Dei afirma que, “cuando no pide para sí mismo, sino para los demás, agrada al
Señor”.
“Todo lo que se hace con sentido sobrenatural tiene algún fruto;
nada cae en saco roto. De todas formas, conviene recordar que, cuando pedimos,
hemos de añadir: ‘si te parece bien’, ‘si es para tu gloria’. No se trata de
convencer al Señor para que las cosas sean como deseo, sino como quiera Él. En
la oración vamos a identificar nuestra voluntad con la voluntad divina”, agrega.
En este contexto, señala que “la oración comunitaria manifiesta
más claramente que la Iglesia es comunión de hermanos, que rezan por unas
mismas intenciones”. Sin embargo, aclara que “la oración de un solo cristiano,
no es individual, sino que es “siempre oración de la Iglesia”.
“Un cristiano no es nunca un verso suelto, sino que forma parte
de un poema divino. La oración cristiana, tanto comunitaria como personal, es
oración que Cristo hace suya, a condición de que exprese alguna de las
peticiones del Padrenuestro. Entonces es Cristo que reza al Padre en nosotros.
Es, efectivamente, algo muy fuerte y de lo que no siempre somos conscientes”,
recalca.
A la pregunta de si existe una fórmula para orar bien y cómo
distinguir entre una oración auténtica y una mera repetición de palabras, el P.
Bosch responde:
“El deseo sincero de ser como Jesús, acompañado de una vida
coherente, es premiado por Dios con la ‘unión transformadora’, que es la
contemplación. La oración verdadera es la que se acompaña del rechazo al
pecado”.
Por ello, afirma que la oración da fruto “cuando se vive
conforme al Evangelio y las obras reflejan la fe que se profesa. Entonces la
persona experimenta paz y serenidad interior, fruto de saber que está
cumpliendo la voluntad de Dios”.
Para quienes sienten que Dios no responde a sus oraciones, el
sacerdote les anima a perseverar, a no desanimarse, a examinar si hay un verdadero
rechazo al pecado y a “agudizar el oído con la mortificación”.
La importancia del silencio
Destaca también el papel esencial del silencio en la
oración. “No solo el silencio exterior, sino, sobre todo, el interior. Es
una condición sine qua non para orar, pero la sociedad actual
no lo favorece”, advierte.
“Tenemos dificultad para acallar la memoria que te recuerda en
último episodio de la serie de moda; la imaginación nos lleva a mundos irreales
donde triunfamos; la curiosidad nos hace abrir el último WhatsApp recibido;
vivimos en una continua agresión a los sentidos y volcados a lo exterior
(imágenes, sonidos, sensaciones), etc. Todo esto es griterío que sofoca el
silencio y la interiorización, dificultando seriamente la vida de oración”.
Finalmente, el sacerdote aborda la crisis espiritual: “Todo en
este mundo tiene un inicio y un final, también las crisis. La esperanza nos
lleva a creer en un desenlace feliz, a pesar de las pruebas del presente”.
“Hay que pedir fortaleza para seguir adelante con perseverancia.
Las condiciones de toda oración ya las señaló Jesús: debe ser humilde, confiada
y perseverante”, concluye.
Por Almudena Martínez-Bordiú
Fuente: ACI